La mañana del primero de febrero del 2003 cientos de personas esperaban en el Centro Espacial Kennedy de Florida, el regreso a la Tierra del transbordador Columbia. Muchas de estas personas eran familiares de los siete astronautas que habían estado en el espacio por 16 días con fines científicos.

Poco antes de la hora prevista para la llegada del transbordador, en la sala de control de la NASA comenzaron a recibir información de los sensores de temperatura de la nave que indicaba que el ala izquierda se calentaba en exceso. Posteriormente se perdió el contacto con el Columbia.

La nave se había desintegrado al reingresar en la atmósfera , ocasionando la muerte de todos sus tripulantes.

Meses después los investigadores pudieron determinar que el culpable de la tragedia era conocido por todos y respondía al nombre de BX-250. Ésta era la denominación comercial de una espuma de poliuretano que la NASA usaba como aislante del tanque externo del transbordador espacial. El cual golpeó el ala izquierda abriendo un agujero que sería fatal para la nave.

A raíz del accidente, la estructura organizativa de la agencia estadounidense y sus procedimientos técnicos fueron reformados profundamente, a la vista de la cadena de errores que contribuyeron a la tragedia.

Redacción: Jonathan Navarro Tonix

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