Ada Lovelace, conocida como “la encantadora de números”, escribió en 1843 un ensayo científico que anticipaba el desarrollo del software informático, la inteligencia artificial y la creación de música con computadora.

Augusta Ada Byron nació el 10 de diciembre de 1815 en Londres, Inglaterra. Fue hija del ilustre poeta romántico Lord George Gordon Byron y la matemática Anne Isabella Milbanke, a quien el escritor había apodado “la princesa de los paralelogramos”.

Cinco semanas después de su nacimiento y tras un matrimonio de apenas un año, su madre decidió separarse de Lord Byron. Consiguió que él accediera a darle la custodia de la niña, algo difícil en esa época.

Ada nunca volvió a ver a su padre, quien poco después abandonó Inglaterra para siempre, en medio de graves escándalos. Se marchó hacia Suiza, luego Italia y más tarde Grecia.

Sin embargo, Lord Byron le escribía con frecuencia y el nombre de su hija aparece en algunas de sus obras poéticas. El escritor murió en Grecia, cuando ella tenía ocho años.

La infancia de Ada estuvo profundamente marcada por la influencia de su madre, una mujer muy culta pero, según las malas lenguas, hipocondríaca, neurótica y posesiva.

En esa época, la mayoría de las mujeres recibían una educación en el hogar, inferior a la de los hombres. Lady Byron se esforzó para darle a su hija una educación superior.

No deseaba que Ada fuera como su excéntrico padre, por lo que diversos tutores privados se encargaron de enseñarle matemáticas, ciencias y música, como disciplinas para prevenir peligrosas tendencias poéticas.

Lady Byron consideraba que las matemáticas eran buenas para entrenar la mente; la música era parte importante de las habilidades sociales que debía tener la joven, quien también aprendió dibujo e idiomas, principalmente francés.

Pese a su estricta educación, las matemáticas dieron alas a la vida de Ada, quien a los 13 años diseñó una máquina voladora. Rodeada de libros y juguetes mecánicos, pasó largos períodos en cama, debido a varias enfermedades de diagnóstico dudoso.

En esa época, la medicina concebía la salud como el equilibrio de los humores que circulan por el cuerpo; la terapia con sanguijuelas para extraer sangre era la preferida por los médicos.

A los 14 años, sus piernas quedaron paralizadas, al parecer como consecuencia del sarampión. Con gran fuerza de voluntad, logró superar la enfermedad, fortalecer sus piernas y convertirse en una excelente amazona.

Aparte de la equitación, amaba la gimnasia y el baile. Sin embargo, los problemas de salud continuaron durante toda su vida, entre ellos el asma.

Ada era pequeña, frágil y de cabello oscuro. A los 17 años, fue presentada en la corte y comenzó a ir al teatro y a fiestas, como otras jovencitas.

En la sociedad elitista de Londres a la que pertenecía su familia, muchos caballeros gastaban su tiempo y fortuna estudiando botánica, geología o astronomía.

A principios del siglo XIX, no existían científicos profesionales, sólo aficionados. Uno de esos caballeros era Charles Babbage, Profesor de Matemáticas en Cambridge e inventor de una elaborada calculadora mecánica.

Ada lo conoció en una fiesta y asistió con su madre a una demostración de su Máquina Diferencial. Fue de las pocas personas que entendieron cómo funcionaba, lo que podía hacer y la belleza de la invención.

Así inició una gran amistad entre el viudo de 43 años y la joven de 17, quienes durante años intercambiaron cientos de cartas sobre matemáticas, lógica y ciencias.

Además de discutir sobre la Máquina Diferencial, Ada estudió con interés el nuevo proyecto de Babbage, la Máquina Analítica.

La Máquina Diferencial era poco más que una sumadora, aunque más rápida que una persona con lápiz y papel. La Máquina Analítica sería capaz de realizar cualquier cálculo, utilizando tarjetas perforadas para leer datos e instrucciones en la resolución de problemas matemáticos.

La idea de usar tarjetas perforadas se adoptó a partir del telar diseñado por Joseph Marie Jacquard, que podía programarse para entretejer configuraciones muy complejas.

Aunque la Máquina Analítica era similar a las primeras computadoras electrónicas de mediados del siglo XX, carecía de la capacidad de almacenamiento de estas; sólo podían guardarse hasta 1,000 números. Además, su velocidad era de unos cuantos cálculos por minuto.

A los 18 años, Ada Byron conoció a una amiga de Babbage, Mary Somerville, una notable matemática que había traducido al inglés los trabajos de Laplace y cuyos textos eran usados en Cambridge.

Somerville ayudó a la joven a continuar sus estudios matemáticos, recomendándole libros, planteándole problemas y llevándola a demostraciones científicas. Fue una buena amiga, con la que Ada disfrutaba conversar y salir a conciertos.

A los 19 años, Ada Byron se casó con William King, 10 años mayor. Tuvieron tres hijos: Byron, Annabella y Ralph Gordon. En 1938, King heredó un título nobiliario y la pareja se convirtió en el Conde y la Condesa de Lovelace. A partir de entonces, ella fue conocida como Ada Lovelace.

Su madre, Lady Byron, se encargó de dirigir a la familia y administrar su fortuna. Alternaban su residencia entre una gran finca en Surrey y una casa en Londres.

William, de carácter débil, no se opuso al dominio de su suegra. Aunque Ada lo superaba en inteligencia, él la apoyó para que siguiera sus estudios particulares con Augustus De Morgan, Profesor de Matemáticas de la Universidad de Londres.

También continuó su correspondencia con Charles Babbage, quien sufría para obtener fondos que le permitieran desarrollar su Máquina Analítica.

En 1841, Charles Babbage dio una conferencia sobre su Máquina Analítica en Turín, Italia. El ingeniero militar Federico Luigi Menabrea, quien después fue primer ministro italiano, publicó un artículo en francés, describiendo la invención.

Babbage le pidió a Lovelace que lo tradujera al inglés, para una revista científica británica. Luego, el inventor le sugirió a su amiga agregar algunas notas, ya que estaba familiarizada con el tema.

Pese a estar a cargo de sus tres hijos, de 4, 6 y 7 años, Lovelace se puso a escribir fervientemente. En nueve meses completó la traducción y sus notas, que resultaron ser tres veces más extensas que el artículo de Menabrea.

Sus comentarios mostraban cómo podía funcionar y ser programada la Máquina Analítica, dando una serie de instrucciones detalladas sobre cómo usar las tarjetas perforadas para calcular los números de Bernoulli, una secuencia de números racionales con numerosas aplicaciones matemáticas.

El algoritmo descrito por Lovelace es considerado el primer programa informático del mundo. Incluía conceptos hoy familiares en lenguajes de programación, como un conjunto de instrucciones que permiten que otras se repitan en un bucle o subrutina.

Afirmó que la Máquina Analítica era capaz de entretejer diseños algebraicos, de la misma manera en que el telar de Jacquard entretejía flores y hojas.

Predijo su capacidad para ir más allá de simples cálculos numéricos. Podría ser utilizada para componer música y producir gráficas; tendría tanto usos prácticos como científicos, lo que hacen las computadoras modernas. Considerada la primera programadora informática de la historia, se consideraba una analista, concepto moderno para esa época.

Sin embargo, temiendo que su trabajo fuera rechazado por ser mujer, decidió ocultar su identidad. Firmó la obra, publicada en 1843, únicamente con sus iniciales, A.A.L. En una sociedad tan cerrada, el secreto se descubrió pronto y muchos amigos le expresaron su respeto y admiración.

Ada Lovelace era una buena madre, que a veces amaba a sus niños y otras los detestaba; estaba encariñada con su esposo, pese a que su matrimonio había sido arreglado.

Le gustaban los perros y disfrutaba la compañía de otras mentes científicas, pero también patinar en hielo durante el invierno, ir al teatro, la ópera, las carreras de caballos y fiestas.

Su salud era mala; sufría de fuertes dolores y los médicos le recetaron láudano, morfina y opio, sustancias a las que se hizo adicta. Además, bebía cerveza o brandy para aliviar el dolor y comía muy poco, lo cual empeoró su estado físico y anímico.

Aunque consiguió alejarse del alcohol y las drogas, se obsesionó con las apuestas. Con el pretexto de recaudar fondos para desarrollar la Máquina Analítica, Lovelace y Babbage intentaron crear una fórmula matemática para ganar en las carreras de caballos. Ella perdió su fortuna familiar y joyas; él lo poco que le quedaba.

Las malas lenguas decían que había tenido romances con el corredor de apuestas John Crosse, el escritor Charles Dickens y otros, incluido su mejor amigo Charles Babbage. Nada ha sido comprobado, excepto que tenía muchas amistades del sexo masculino, algo mal visto en la sociedad victoriana.

Debido a los escándalos, su esposo William empezó a vigilar su correspondencia y descubrió 100 cartas de sus amigos, las cuales ella destruyó de inmediato.

Era muy dada a escribir cartas. Son tesoros que se conservan de la primera programadora de la historia; muchas han sido publicadas recientemente.

Además de Dickens, Lovelace pudo conocer a otros intelectuales contemporáneos, como Sir David Brewster, físico inventor del caleidoscopio; Charles Wheatstone, físico e inventor conocido por su trabajo en electricidad; y Michael Faraday, químico y físico inventor del motor eléctrico y el generador.

La joven condesa trataba de cumplir con sus deberes sociales y domésticos, mientras se esforzaba por tener una profesión útil y encontrar el estímulo intelectual de sus pares.

Para empeorar la situación, se peleó con su mamá, al descubrir que durante años le había mentido sobre su padre, Lord Byron. Deseando evitar que siguiera los pasos paternos, había estado manipulando a su hija y ésta finalmente lo resintió.

Tras las deudas, los escándalos y los conflictos familiares, Lovelace sufrió varias crisis nerviosas, mientras su salud empeoraba. Tenía cáncer uterino, enfermedad contra la que los médicos no podían hacer nada, excepto prescribirle más drogas para aliviar el insoportable dolor.

Charles Dickens la visitó en su lecho de muerte, siendo uno de los últimos amigos en verla. Aparte de su esposo, hijos y médicos, sólo quiso ver a John Crosse y Charles Babbage.

Lady Augusta Ada Lovelace murió el 27 de noviembre de 1852, a los 36 años, la misma edad que tenía su padre Lord Byron cuando falleció. Sus restos fueron enterrados junto a él, en la Iglesia de Santa María Magdalena en Nottingham, Inglaterra.

Charles Babbage nunca pudo terminar su Máquina Analítica, con la que la era de la información podría haber comenzado un siglo antes.

Tras la prematura muerte de su colaboradora y amiga, el inventor se volvió más excéntrico, irascible y pesimista. Murió en 1871, a los 80 años, convencido de que su Máquina Analítica sería construida 500 años después. Pero su versión electrónica y mejorada, la computadora, solo tardó 100 años en llegar.

En 1953, más de un siglo después de la muerte de Ada Lovelace, sus notas sobre la invención de Babbage fueron rescatadas del olvido y publicadas de nuevo. Son reconocidas como una descripción de su software.

La matemática y analista del siglo XIX es reverenciada por muchos y ha recibido apelativos grandiosos como “la primera programadora del mundo”, “la madre de la computación”, “inventora del primer lenguaje de computadora” y “genio matemático”.

El Departamento de Defensa de Estados Unidos nombró ADA a un lenguaje de computación, en honor de Ada Lovelace. Similar al Pascal, es utilizado en actividades militares y áreas de seguridad críticas, como sistemas de control de vuelos, plantas de energía nuclear y equipos médicos.

Desde 1998, la Sociedad Informática Británica ha entregado una medalla con su nombre y en 2008 inició una competencia anual para mujeres estudiantes de ciencias de la computación.

Las contribuciones de Lovelace a la ciencia han resurgido recientemente; varias biografías, ensayos y películas dan testimonio de la fascinación de “la encantadora de números”.

Investigación y guión: Conti González Báez

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