Para la historia de la civilización antigua las hazañas de Alejandro Magno supusieron un torbellino de tales proporciones que aún hoy se puede hablar sin de un antes y un después de su paso por el mundo. Su biografía es en verdad una auténtica epopeya.

Alejandro nació en Pela, capital de la antigua comarca macedónica de Pelagonia, en octubre del 356 a.C. Ese año proporcionó numerosas felicidades a la ambiciosa comunidad Macedonia: uno de sus más reputados generales, Parmenión, venció a los ilirios; uno de sus jinetes resultó vencedor en los Juegos celebrados en Olimpia; y Filipo tuvo a su hijo Alejandro, que en su imponente trayectoria guerrera jamás conocería la derrota.

La leyenda de Alejandro aún sigue vigente en nuestros días, es por ello que en los siguientes párrafos te mostramos algunos datos interesantes de su vida.

1.- La leyenda narra que, el mismo día en que nació Alejandro, un extravagante pirómano incendiase una de las Siete Maravillas del Mundo, el templo de Artemisa en Éfeso, aprovechando la ausencia de la diosa, que había acudido a tutelar el nacimiento del príncipe. Cuando fue detenido, confesó que lo había hecho para que su nombre pasara a la historia.

2.- Predestinado por dioses y oráculos a gobernar a la vez dos imperios, la confirmación de ese destino excepcional parece hoy más atribuible a su propia y peculiar realidad. Nieto e hijo de reyes en una época en que la aristocracia estaba integrada por guerreros y conquistadores, fue preparado para ello desde que vio la luz.

3.- En el momento de nacer, su padre, Filipo II, general del ejército y flamante rey de Macedonia, a cuyo trono había accedido meses antes, se encontraba lejos de Pela, en la península Calcídica, celebrando con sus soldados la rendición de la colonia griega de Potidea. Al recibir la noticia, lleno de júbilo, envió en seguida a Atenas una carta dirigida a Aristóteles, en la que le participaba el hecho y agradecía a los dioses que su hijo hubiera nacido en su época (la del filósofo), y le transmitía la esperanza de que un día llegase a ser discípulo suyo.

4.- La reina Olimpias de Macedonia, su madre, era la hija de Neoptolomeo, rey de Molosia, y, como su padre, decidida y violenta. Vigiló de cerca la educación de sus hijos (pronto nacería Cleopatra, hermana de Alejandro) e imbuyó en ellos su propia ambición.

5.- Alejandro fue discípulo de Aristóteles de los trece a los diecisiete años. Estudió gramática, geometría, filosofía y, en especial, ética y política, aunque en este sentido el futuro rey no seguiría las concepciones de su preceptor. Con los años, confesaría que Aristóteles le enseñó a «vivir dignamente»; siempre sintió por el pensador ateniense una sincera gratitud.

6.- Aristóteles le enseñó a además amar los poemas de Homero, en particular la Ilíada, que con el tiempo se convertiría en una verdadera obsesión del Alejandro adulto.

7.- Quinto Curcio cuenta que después del triunfo en Queronea, en donde el príncipe había dado muestras, pese a su juventud, de ser no sólo un heroico combatiente sino también un hábil estratega, su padre lo abrazó y con lágrimas en los ojos le dijo: “¡Hijo mío, búscate otro reino que sea digno de ti. Macedonia es demasiado pequeña!”.

8.- Cuando llegaron a Corinto, Alejandro sintió deseos de conocer al gran filósofo Diógenes. Sentado bajo un cobertizo, calentándose al sol, Diógenes miró al rey con total indiferencia. Según Plutarco, cuando el monarca le dijo: “Soy Alejandro, el rey”, Diógenes le contestó: “Y yo soy Diógenes, el Cínico”. “¿Puedo hacer algo por ti?”, le preguntó Alejandro, y el filósofo respondió: “Sí, puedes hacerme la merced de marcharte, porque con tu sombra me estás quitando el sol”. Más tarde el rey diría a sus amigos: “Si no fuese Alejandro, quisiera ser Diógenes”.

9.- El primer desacuerdo sobre la muerte de Alejandro el Grande es en torno a la fecha en que se produjo: unos autores –la mayoría– dan el 13 de junio y otros el 10. En cualquier caso, fue en el palacio de Nabucodonosor II, en Babilonia, cuando al rey macedonio le faltaba poco más de un mes para cumplir 33 años. Se sabe que el 2 de junio había participado en un banquete organizado por su amigo Medio de Larisa y que, tras beber copiosamente, lo metieron en cama por encontrarse gravemente enfermo. Ya no se recuperó.

10.- Estando Alejandro en su lecho de muerte, sus generales le preguntaron a quién quería legar su Imperio. Se debate mucho lo que respondió: Krat’eroi (“Al más fuerte”) o Krater’oi (“A Crátero”).  La mayoría de historiadores cree que, de elegir a uno de sus generales como sucesor, obviamente habría sido a Crátero, comandante de la parte más grande del ejército.

 

Redacción: Jonathan Navarro Tonix

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