Considerado uno de los más destacados sabios mexicanos de todos los tiempos y el más brillante de los biólogos contemporáneos, la labor de Alfonso Luis Herrera se puso de manifiesto en diversos campos. En todos dejó huella imperecedera.

Alfonso Luis Herrera López nació en la Ciudad de México el 3 de julio de 1868. Hijo de un eminente naturista del mismo nombre, a los 16 años participó con el grupo de científicos que publicaron la tercera versión de la Farmacopea mexicana, revisando y actualizando los trabajos realizados entre 1846 y 1874. Se tituló de Médico Farmacéutico y se especializó en biología.

Fue profesor en varios centros educativos de nuestro país, como el Colegio Militar, la Escuela Nacional Preparatoria y la Escuela Normal Superior.

Las ciencias naturales fueron su campo profesional, donde destacan sus estudios en torno al protoplasma. Le corresponde el mérito de haber creado la plasmogenia, que se encarga de indagar la vida en el planeta, cuyo objeto de estudio es la generación artificial de células vivas mediante procedimientos físico-químicos.

De sus investigaciones se derivaron notables aportaciones sobre el origen de la vida. Por medio de la mezcla de dos sustancias químicas, sulfocianato de amonio y formaldehído, pudo crear formas similares a los tejidos vegetales, animales y bacterianos, parecidas a las que dieron origen a la vida en el planeta.

Su trabajo fue reconocido en varios países; principalmente, por el investigador ruso Alejandro Oparin, considerado como la autoridad más grande sobre ese tema.

A Herrera se le considera un gran precursor de la enseñanza de las ciencias naturales por sus trabajos pioneros como La exposición de cactáceas mexicanas y Aclimatación de plantas útiles para el desarrollo del hombre y sus actividades.

Participó activamente en la Comisión de Paleontología Agrícola y contribuyó en la formación del Museo de Plagas Mexicanas de la Agricultura.

Ocupó distintos puestos en el Museo Nacional y el Instituto Nacional de Medicina hasta 1900, cuando fue nombrado director de Parasitología en el Departamento de Agricultura.

La biología era una ciencia entonces reciente, que se constituyó como tal durante la segunda mitad del siglo XIX, con paradigmas como la teoría celular de Schleiden y Schwann, la teoría de la regulación de las funciones corporales u homeostasis de Bernard, la teoría de la evolución por selección natural de Darwin y la teoría de la herencia de Mendel.

En México, la introducción de los paradigmas fundamentales de la biología ocurrió con retraso respecto a Europa. Farmacéutico de formación académica, pero con mentalidad de biólogo, Herrera escribió en 1897 el primer texto mexicano claramente darwinista: Recopilación de las leyes de la biología general, editado en francés.

Seguidor de Charles Darwin, expuso sus propios conceptos evolucionistas, explicando las leyes de la variación y adaptación. En 1902 estableció la primera cátedra de biología en nuestro país; se impartió, en sustitución de Historia Natural, en la Escuela Normal Superior.

Ante la carencia de un texto adecuado para su enseñanza, escribió Nociones de biología, publicado en 1904, que fue el primer libro mexicano de esta disciplina.

Aunque la materia comenzó a estar presente gracias al impulso de Herrera, considerado la primera figura de la biología mexicana, su enseñanza en la Escuela Normal Superior se suspendió en 1906 y la formación de biólogos fue retomada muchos años después.

En 1915, Herrera fue el director del Museo Nacional de Historia Natural en la Ciudad de México. Por iniciativa suya se fusionó este centro con el Instituto Médico Nacional y el Museo de Tacubaya, para integrar la Dirección de Estudios Biológicos, que se convirtió en el centro más importante de investigación biológica del país.

Hombre sumamente preocupado por las especies en extinción, Alfonso Luis Herrera López logró convencer al presidente Álvaro Obregón de establecer una moratoria de diez años a la cacería del borrego cimarrón y el berrendo en 1922.

Ese mismo año, como director de Estudios Biológicos, Herrera fundó el Jardín Botánico del Bosque de Chapultepec e hizo construir un invernadero de grandes dimensiones. La colección botánica exhibía árboles, cactáceas y orquídeas.

Trató de reunir en su institución a los mejores elementos humanos disponibles; entre otros, reclutó a Conzatti, Reiche y Martínez, destacados científicos de la época, aunque no logró retener a todos por mucho tiempo.

Al año siguiente, para dar un seguimiento al aporte del emperador Moctezuma II, quien creó una casa de fieras donde se preservaban especies, Herrera decidió crear un parque zoológico.

Quería enseñar las especies nativas a los mexicanos, además de otras especies provenientes del resto del mundo. La colección incluiría mamíferos, aves y reptiles, además de un acuario.

El 6 de julio de 1923 se colocó la primera piedra del Zoológico de Chapultepec. Después de varias visitas a los Estados Unidos, Herrera obtuvo los primeros animales: tres cachorros de león y dos bisontes americanos.

Los animales nativos llegaron de estados mexicanos como Sonora, Veracruz y Campeche; otras especies se intercambiaron con países como India, Francia, Perú y Brasil. El zoológico abrió sus puertas en 1924 y la primera colección constaba de 243 ejemplares.

Durante los primeros años, cuando el presupuesto era escaso, Herrera llegó a pagar de su bolsillo la alimentación de los animales. En 1929, el zoológico fue incluido dentro de las instituciones subsidiadas por el gobierno de la Ciudad de México.

El científico hizo importantes aportes al Museo de Historia Natural del Chopo, donde recreó seres microscópicos en vidrio; sus modelos fueron copiados por el Museo de Nantes, Francia.

Sus grandes méritos fueron reconocidos por instituciones científicas internacionales. Ganó las Palmas Académicas de Francia y fue el único miembro mexicano de la Real Academia de los Lincei de Roma, que reconoce a los investigadores científicos más distinguidos del mundo.

Más adelante, fundó la Sociedad Mexicana de Plasmogenia; tuvo repercusiones internacionales y propició la creación de la Sociedad Española de Plasmogenia, que lo nombró presidente honorario.

El también fundador de la Sociedad de Estudios Biológicos fue un investigador incansable, que defendió la fauna mexicana, trabajó a favor de la ecología e hizo importantes aportes científicos.

Escribió libros sobre botánica, zoología, biología, plasmogenia y geología, cuando esos textos aún no existían en nuestro país. Entre sus obras destacan: La vida en las altas mesetas, Estudios sobre algunos puntos de física-química, La biología en México durante un siglo y El hibridismo del hombre y el mono.

Al ser dado de baja como director de Estudios Biológicos, ya pensionado, Herrera acondicionó en su casa un laboratorio para continuar con sus estudios e investigaciones.

Editó un boletín semanal en español y francés, que luego publicó en cuatro tomos, con artículos acerca de cómo combatir plagas de plantas y ganado, entre otros temas de actualidad, el cual fue difundido en varios países de América Latina, Europa y Asia.

Don Alfonso murió en su laboratorio en 1942, a los 74 años, dejando huella de su visión en textos pioneros que sirvieron para la transformación de las ciencias naturales, en México y el mundo.

La medalla Alfonso Luis Herrera López es un reconocimiento que la Escuela de Biología de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla otorga a distinguidos académicos, con un alto compromiso con el desarrollo científico en el área de la biología a nivel nacional.

Desde 1945, al Zoológico de Chapultepec se le dio el nombre de su fundador y creador. El Museo de Zoología de la Facultad de Ciencias de la UNAM, fundado en 1978, también fue nombrado Alfonso Luis Herrera, en honor del ilustre biólogo mexicano.

Los zoológicos han dejado de ser solo centros recreativos y se han convertido en un recurso moderno para proteger la biodiversidad de nuestro planeta; de hecho, son la única posibilidad de supervivencia para algunas especies, así como importantes bancos genéticos.

Sus objetivos son fomentar actividades de educación e investigación para propiciar que los animales se mantengan sanos y se reproduzcan, lograr su conservación y brindar a los visitantes esparcimiento, junto con una cultura de protección a la fauna y la flora silvestres.

El Zoológico de Chapultepec cobró notoriedad internacional a finales del siglo XX debido a su exitoso programa de reproducción, específicamente de pandas.

En 1975, la República Popular China regaló al zoológico a Pe Pe y Ying Ying, pareja que tuvo a Tohui, una hembra que nació en 1981. Fue la primera panda en nacer en cautiverio fuera de China y mantenerse con vida. La canción Pequeño panda, interpretada por Yuri, alcanzó gran popularidad en la década de los 80.

Entre 1992 y 1994, el Zoológico de Chapultepec Alfonso Luis Herrera fue totalmente remodelado, con todos los avances científicos y tecnológicos de los zoológicos modernos, así como la inclusión y desarrollo de programas didácticos.

Las 17 hectáreas que ocupa en la Primera Sección del Bosque de Chapultepec fueron divididas en áreas, con condiciones climáticas y vegetales especiales para distintos grupos de animales: desierto, pastizales, franja costera, tundra, bosque templado y bosque tropical, además de un aviario, un serpentario y un mariposario.

Aloja a casi 2 000 animales de 250 especies, la mitad nativas de México. Recibe a más de cinco millones y medio de visitantes anualmente, abre de martes a domingo y la entrada es gratuita.

Investigación y guión: Conti González Báez

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