Benito Pablo Juárez García nació el 21 de marzo de 1806 en San Pablo Guelatao, Oaxaca, un pueblo que apenas contaba con veinte familias, en el que no había escuela ni se hablaba español.

Sus padres, Marcelino Juárez y Brígida García, eran campesinos zapotecas dedicados a la pequeña agricultura. Cuando Benito tenía tres años, su padre murió de un infarto. Poco después falleció su madre, al dar a luz a su hermana María Longinos.

Benito y sus hermanas mayores María Josefa y Rosa quedaron al cuidado de sus abuelos paternos, Pedro Juárez y Justa López; la recién nacida se fue con su tía materna Cecilia García.

Al morir sus abuelos, Benito se mudó con su tío Bernardino Juárez, dedicado al pastoreo. El niño lo ayudaba a pastorear un pequeño rebaño de ovejas y en las duras labores del campo.

Aunque el tío le enseñó algo de español y las primeras letras, se emborrachaba y lo trataba mal. Benito no tenía amigos de su edad y vivió una infancia solitaria. En esos largos días empezó a pensar en la necesidad de procurarse una educación.

Un día, unos arrieros le robaron una oveja. Temiendo una paliza de su tío, decidió huir a la ciudad de Oaxaca para buscar a su hermana María Josefa.

Con solo doce años, Benito cruzó a pie la sierra y llegó esa misma noche a la casa de la familia Maza, donde María Josefa trabajaba como cocinera.

El joven huérfano, callado y serio pero ávido de saber, le agradó al comerciante Antonio Maza, quien lo empleó en el cuidado de la grana y le asignó dos reales diarios, más enseñanza.

Más tarde, lo recomendó como ayudante del encuadernador Antonio Salanueva, un fraile de la Orden Terciaria Franciscana. Aunque muy devoto, era liberal.

Este bondadoso hermano fue como un verdadero padre. Compartió con el joven el pan de cada día; a cambio de su trabajo en el taller y la casa, le enseñó a hablar español, leer, escribir y rezar; luego, aritmética, gramática, latín y francés.

Benito leía mucho y pudo ingresar como alumno externo al Seminario de la Santa Cruz, único plantel secundario que existía en Oaxaca en 1821, año en que México declaró su Independencia.

Aunque Salanueva pretendía que Juárez siguiera la carrera eclesiástica, este no sentía vocación para el sacerdocio. Al terminar el bachillerato, se inscribió en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca para estudiar Jurisprudencia.

Aún siendo estudiante, fue profesor del instituto. Con otros ingresos eventuales, agradeció todas sus atenciones a Antonio Salanueva, ingresó a la logia masónica y comenzó su vida política.

Tras la Constitución de 1824 se establecieron los partidos Conservador y Liberal. A este último pertenecía Juárez, quien empezó a destacar en Oaxaca. A los 25 años fue electo regidor del ayuntamiento de la capital; a los 27, diputado local. Se tituló como abogado y comenzó a defender a las comunidades indígenas.

Al caer el presidente Valentín Gómez Farías, el gobierno de Oaxaca también cayó y los liberales fueron perseguidos. Acusado de conspiración, Juárez fue arrestado. Tras su liberación, regresó a prisión por defender a los campesinos pobres de Miahuatlán, despojados de sus tierras.

Inquieto y revoltoso pese a su apariencia seria, no le faltaron aventuras amorosas. Por esa época nacieron sus hijos naturales Tereso y Susana. Esta era inválida y luego se convirtió en drogadicta, un motivo de preocupación permanente para su padre.

A los 35 años, él fue nombrado juez de lo civil y dos años después se casó con Margarita Maza Parada, la menor de los cuatro hijos de su primer patrón, el genovés Antonio Maza. Él y su esposa, la mexicana Petra Parada, habían acogido al niño indígena y siempre lo consideraron un amigo de la casa.

Juárez tenía 20 años cuando cargó en brazos a la recién nacida, que después se convirtió en el amor de su vida. Con refinada educación y altos principios morales, Margarita admiraba a Benito y también se enamoró.

Se casaron cuando ella tenía 17 años y él 37. El matrimonio no fue fácil, por los prejuicios de la alta sociedad a la que ella pertenecía. Pero las diferencias de origen, edad y posición social no los limitaron como pareja.

Margarita se unía a un hombre forjado en la adversidad. Era uno de los mejores abogados de Oaxaca, pero también de los más criticados y perseguido por sus ideas. Siempre respetó la firmeza de sus principios y nunca interfirió en su vida pública.

Tuvieron 12 hijos: Manuela, Felícitas, Soledad, Benito, Guadalupe, Amada, las gemelas María de Jesús y Josefa, José María, Jerónima, Francisca y Antonio.

Continuando su carrera política, Juárez fue secretario de gobierno, fiscal del Tribunal Superior, diputado federal y gobernador interino de Oaxaca.

Después fue electo gobernador y trabajó con gran entusiasmo. A las nueve de la mañana se presentaba en su despacho, por lo que se comentaba que tenía costumbres de albañil.

Realizó obras públicas como la construcción de carreteras, el levantamiento de una carta geográfica, la reconstrucción del Palacio de Gobierno y la reorganización de la Guardia Nacional. Saneó las finanzas estatales y defendió la educación obligatoria. Fundó 50 escuelas y fomentó la educación de la mujer.

Durante la epidemia de cólera en 1850, formó un equipo médico y activó la vacunación, pero su hogar también sufrió la tragedia: su hija Guadalupe de dos años murió por esa enfermedad.

Benito y Margarita la enterraron en el cementerio extramuros de la ciudad, ejemplo para que la gente dejara de sepultar a sus muertos en las iglesias, como era la costumbre. Abatida por el dolor, la pareja debía ser modelo del cumplimiento de la ley.

La familia que tanto amaron y el deseo de formar una patria fueron su coraza para soportar murmuraciones, persecuciones, peligros, exilios y penosas separaciones.

Al terminar su gestión como gobernador en 1852, Benito Juárez fue rector del Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca. También retomó su profesión de abogado.

Cuando Santa Anna regresó al poder, fue enviado a los calabozos de San Juan de Ulúa en Veracruz, donde pocos pudieron resistir la mortal humedad. Se le permitía salir a caminar, pero no recibir dinero de su familia.

Por gracia del dictador pudo partir al exilio. En el barco inglés Avon viajó a La Habana, Cuba, y luego a Nueva Orleáns, Estados Unidos, acompañado por su cuñado José María Maza.

Alquilaron una humilde buhardilla y consiguieron un catre prestado. El gobierno había confiscado sus propiedades y, a los 48 años, Juárez estaba en una situación apremiante.

Para subsistir, trabajaba en una imprenta y su cuñado como torcedor de puros. Por las noches, Maza iba a las cantinas a vender los puros y Juárez tomaba clases de Inglés y Derecho.

Debían regresar antes de las ocho, cuando un cañonazo anunciaba que los negros debían estar en casa, a menos que tuvieran permiso de sus amos. Juárez, con su piel morena, podía tener problemas.

Margarita no se refugió con sus padres, como lo habría hecho cualquier señora de su época. Tomó las riendas del hogar y se puso a trabajar para alimentar a sus hijos. Confeccionaba prendas tejidas y abrió una tiendita para venderlas.

En 1855, tras un año desterrado, Juárez se embarcó en el vapor chileno Flor de Santiago y llegó a Acapulco. Al caer Santa Anna, asumió la Presidencia de la República el general Juan Álvarez.

Juárez fue nombrado ministro de Justicia, Negocios Eclesiásticos e Instrucción Pública. Expidió la ley sobre Administración de Justicia y Orgánica de los Tribunales de la Nación, del Distrito y Territorios, llamada Ley Juárez, que abolió los fueros eclesiásticos y militares.

La iglesia católica continuaba con muchas funciones que había ejercido durante el Virreinato. Tenía injerencia en el sistema judicial, controlaba gran parte del patrimonio inmobiliario del país y administraba hospicios, hospitales y centros de asistencia social.

Al renunciar Álvarez, su sucesor Ignacio Comonfort nombró a Juárez gobernador interino de Oaxaca. Convocó a elecciones y fue reelecto gobernador. Entonces murió su hija Amada, de dos años.

Fue electo presidente de la Suprema Corte de Justicia. Los conservadores, viendo afectados sus intereses con la Constitución de 1857, la desconocieron y el presidente Comonfort los apoyó.

Como Juárez no estaba de acuerdo, fue encarcelado. Estos hechos desataron la Guerra de Reforma entre los liberales, a favor de la Constitución, y los conservadores, que la desconocían.

Comonfort fue traicionado y tuvo que liberar a Juárez. Luego renunció a la presidencia y huyó del país. De acuerdo con la Constitución, el presidente de la Suprema Corte de Justicia debía asumir el puesto como sustituto.

Por lo tanto, en 1858, Benito Juárez García asumió la Presidencia de la República. Como los conservadores se habían adueñado de la capital, tuvo que mudar el gobierno a Guanajuato y luego a Jalisco, donde estuvo a punto de ser fusilado.

Lo salvaron la Guardia Nacional de Jalisco y Guillermo Prieto, con su famosa frase: ”Los valientes no asesinan”. Finalmente, Juárez logró establecer el gobierno federal en Veracruz.

Recién llegado, pidió agua caliente a una sirvienta. Esta, tomándolo por otro criado, le respondió ásperamente que la buscara por sí mismo. Al saber que era el presidente, la empleada casi se desmaya, pero Juárez festejó lo ocurrido con sonoras carcajadas.

Margarita lo alcanzó poco después. Realizó el peligroso viaje a través de las montañas con ocho hijos y algunos criados, esquivando los caminos dominados por soldados enemigos, sin más protección que la de su hermano José María.

En julio de 1859, Juárez expidió las Leyes de Reforma. Establecían la separación del Estado y la Iglesia, la nacionalización de los bienes eclesiásticos y la creación del Registro Civil.

Mientras tanto, los conservadores nombraron presidente a Miguel Miramón, quien intentó atacar Veracruz. Fracasó, derrotado por el general Jesús González Ortega. Un jinete cabalgó, utilizando varios caballos durante 25 horas, para llegar a toda prisa a Veracruz y anunciar el fin de la Guerra de Reforma.

Juárez, gran aficionado a la música, estaba en el teatro presenciando una representación de Los puritanos de Bellini. Como la compañía europea no se sabía el Himno Nacional Mexicano, para festejar la noticia decidió interpretar el francés, La Marsellesa.

Tras el triunfo de los liberales, Benito Juárez entró a la Ciudad de México con su gabinete el 11 de enero de 1861. Convocó a elecciones y resultó electo presidente de México.

La crítica situación del erario lo obligó a decretar la suspensión de pagos de la deuda externa. Los conservadores mexicanos radicados en Europa intrigaron para que Gran Bretaña, España y Francia reclamaran sus débitos a México y enviaran una flota, cuyas tropas desembarcaron en Veracruz.

Tras conversaciones con los jefes militares, españoles y británicos se retiraron. Francia no aceptó las negociaciones y ordenó que sus tropas se quedaran. Inició la Intervención Francesa.

El ejército francés avanzó sobre Puebla, donde el 5 de mayo de 1862 triunfaron las fuerzas mexicanas al mando del general Ignacio Zaragoza. Pero los franceses trajeron refuerzos y Juárez tuvo que trasladar el gobierno a San Luis Potosí.

El emperador Napoleón III de Francia envió a México al archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo y su esposa, Carlota Amalia. Recibidos por los conservadores, se instalaron en el Castillo de Chapultepec como “Emperadores de México”.

El presidente Abraham Lincoln de Estados Unidos reconoció al ministro nombrado por el presidente Juárez como único representante legítimo del gobierno mexicano y le ofreció su apoyo.

El errante gobierno se instaló en Saltillo, Coahuila, donde Juárez enfermó. Presentó los primeros síntomas de angina de pecho y reumatismo crónico.

Su hijo Antonio nació en esa ciudad, donde Margarita permaneció después del parto. En Chihuahua, Juárez recibió la noticia de que el recién nacido había muerto. Luego, estableció su cuartel general en la limítrofe población que hoy es Ciudad Juárez.

Durante más de un año, no había cobrado su sueldo como presidente. Vendió su casa de Oaxaca y pidió prestados 1,000 pesos al militar Jesús Carranza, abuelo de Venustiano. Juárez le pagó en cuanto pudo y lo ascendió a coronel del Ejército Liberal.

Margarita ayudó a recaudar fondos para la lucha. Con sus hijas y otras mujeres organizó funciones de teatro, cuyos ingresos eran destinados a los soldados heridos y familiares de los muertos.

Acosado por las tropas francesas, Juárez envió a su familia a Estados Unidos, al cuidado de Matías Romero y su yerno Pedro Santacilia, esposo de Manuela.

En Nueva York, Margarita realizó diversas labores para sacar adelante a su familia, además de representar dignamente a su esposo ante la sociedad estadounidense, que le brindó gran apoyo.

Cuando visitó Washington, varios periodistas la entrevistaron. Al día siguiente todos los periódicos comentaban su elegante porte, discreto atavío, republicana sencillez y simpatía.

Ejemplo de virtud, constancia y entereza, Margarita sufrió otra tragedia, la muerte de su hijo Pepe, de ocho años. El dolor fue insoportable. Sus fuerzas flaquearon, su salud decayó y envejeció notablemente, pese a tener solo 40 años. Únicamente el deseo de reunirse con su esposo le dio fortaleza para continuar.

Aunque había concluido el período constitucional de la presidencia de Juárez, el Congreso de la Unión decretó ampliarlo hasta que hubiera condiciones para celebrar elecciones.

En Zacatecas, Miramón intentó detener y fusilar a Juárez; otra vez escapó de ser asesinado. Maximiliano, Miramón y Tomás Mejía planearon otro ataque en Querétaro, pero las fuerzas liberales de Mariano Escobedo y Ramón Corona lograron apresarlos.

En una corte marcial, los tres acusados fueron sentenciados y fusilados en el Cerro de las Campanas. La capital fue sitiada por las fuerzas liberales al mando de Porfirio Díaz y los imperialistas se rindieron.

Con las tropas francesas repatriadas, Benito Juárez llegó a la Ciudad de México el 15 de julio de 1867. Dio un emotivo discurso, destacando su célebre frase: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Margarita regresó a bordo del barco que el presidente Andrew Johnson puso a su disposición. En Veracruz, el pueblo la recibió con cariño y respeto. Un mes después, los esposos se reunieron.

De inmediato se celebraron elecciones y Juárez fue reelecto para un segundo período, de 1868 a 1872. Se dedicó a arreglar la situación económica y organizar una reforma educativa.

Había soportado mucha presión. Aunque comía frugalmente y solo bebía vino en las comidas, era un entusiasta del tabaco y disfrutaba un buen cigarro. En octubre de 1870, un ataque cardiaco hizo temer por su vida.

Víctima de una dolencia desconocida, Margarita Maza Pereda murió el 2 de enero de 1871, a los 44 años de edad. Al paso del cortejo, simpatizadores y adversarios se formaron, en una respetuosa manifestación de duelo.

El presidente pasó un mes sin trabajar. Paseaba solo en Palacio Nacional, como un fantasma. Vendió todas sus propiedades, excepto una casa en Oaxaca donde pensaba retirarse a descansar.

En las siguientes elecciones presidenciales compitieron Porfirio Díaz, Sebastián Lerdo de Tejada y Benito Juárez. Ninguno obtuvo mayoría y el Congreso decidió que éste siguiera como presidente.

Hubo descontento y protestas. Lerdo de Tejada fundó su propio partido y Porfirio Díaz inició una rebelión, cuya propuesta principal era impedir la reelección de los presidentes.

Tras reprimir este levantamiento, Juárez recibió a 20 huérfanos protegidos suyos y de pronto se llevó la mano al corazón; dijo que no era nada y siguió trabajando.

Esa noche, los dolores continuaron y el Dr. Ignacio Alvarado acudió a Palacio Nacional. Juárez estaba en cama; comenzó a hablar de su infancia con el médico.

A las once y media de la noche del 18 de julio de 1872, murió de un ataque al corazón, rodeado por sus familiares. Tenía 66 años. A las cinco de la mañana, un cañón anunció que el señor presidente de la República, Lic. Benito Pablo Juárez García, había muerto.

Fue sepultado en el Panteón de San Fernando con un permiso especial, porque un año antes sido clausurado. Sus restos descansan en el mausoleo familiar, con su esposa y cuatro hijos.

 

Investigación y guion: Conti González Báez

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