Bernardo Alberto Houssay nació en Buenos Aires, Argentina, el 10 de abril de 1887. Fue uno de los ocho hijos de Alberto Houssay y Clara Laffont. Sus padres habían emigrado desde Francia. Por ello, su lengua materna no fue la española, sino la francesa.

Su padre, abogado y Doctor en Filosofía, tenía una vasta cultura y una memoria tal, que podía leer una página entera y repetirla luego con asombrosa exactitud.

Bernardo demostró haber heredado la gran inteligencia paterna. Desde pequeño se aficionó a la lectura y casi no dedicaba tiempo a los juegos infantiles.

Estudió los primeros dos grados de la primaria con docentes privados. Ingresó al Colegio Británico con la idea de cursar el tercer grado, pero quince días después de haber iniciado las clases, por tener una preparación muy superior a la de sus compañeros, fue promovido a cuarto grado y un mes después a quinto.

Terminó la primaria a los nueve años y el bachillerato a los trece. Cuando tuvo elegir una profesión, su padre sugirió el comercio, pues los reveses de la fortuna lo habían dejado sin recursos para solventarle una carrera universitaria.

El joven respondió que trabajaría para hacerlo por sí mismo y, en marzo de 1901, aún no cumplidos los 14 años, ingresó a la Escuela de Farmacia de la Facultad de Ciencias Médicas.

Con la recomendación de su padre, el Hospital Francés de Buenos Aires lo empleó como aprendiz de farmacia, dándole casa, comida y 10 pesos de sueldo. Con un préstamo de su madrina francesa pagó los derechos universitarios. Pese a su juventud, Houssay tenía las mejores calificaciones.

En 1904 se recibió de Farmacéutico e inició la carrera de Medicina, graduándose con diploma de honor a los 23 años. Con su tesis, una investigación sobre la hipnosis, ganó un premio de la universidad.

Siendo estudiante practicó varios deportes, entre ellos el rugby. A los 19 años actuó en la línea de backs del equipo de la Asociación Atlética de la Facultad de Medicina. Además, tuvo un paso histórico por el rugby argentino.

Houssay fue practicante interno de Medicina en el Hospital Nacional de Clínicas y durante tres años fue ayudante de la cátedra de Fisiología en la Facultad de Medicina.

A los 23 años, asumió en forma interina la cátedra de Fisiología en la Facultad de Agronomía y Veterinaria, de la que luego se hizo cargo definitivamente, ganando por concurso a otros 32 candidatos.

Rechazado en un comienzo por los alumnos, quienes desconfiaban del profesor que apenas los superaba en edad, los ganó con su didáctica basada en la práctica experimental y la observación.

Al mismo tiempo, fue Jefe de Investigaciones del Instituto Bacteriológico del Departamento Nacional de Higiene. Para dirigir el flamante instituto fue contratado el eminente científico austríaco Rudolf Kraus, quien comprobó la capacidad de Houssay.

Al frente de la Sección Sueros, Houssay organizó la producción de sueros antiofídicos, editó de su bolsillo un folleto sobre serpientes venenosas, ideó y dispuso el envío de recipientes al interior del país para que, al devolverlos con serpientes, se entregaran a cambio ampolletas de suero antiofídico, gestionó el flete gratuito por ferrocarril de estos envíos y la difusión en la prensa del proyecto.

Además, investigó otros problemas nacionales: plantas venenosas y bocio endémico. Creó el departamento de Fisiología Patológica, donde pudo estudió venenos de víboras, arañas y otros animales.

A los 30 años, sintió que la investigación en el Instituto Bacteriológico, la docencia en las facultades de Agronomía, Veterinaria y Medicina, así como el ejercicio de la clínica en el Hospital Alvear y privadamente, eran incompatibles.

Renunció entonces al ejercicio de la profesión de médico. Le entusiasmaba la clínica, pero quiso concentrarse en la Fisiología, porque creyó que así sería más útil a su país y cumpliría mejor su vocación en el campo de las ciencias naturales.

Dos años después, fue nombrado profesor titular de Fisiología de la Facultad de Medicina. A partir de ese momento se dedicó a su real vocación: la investigación experimental y la docencia.

A propuesta suya, se creó el Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, siendo nombrado Director. El científico Rudolf Kraus lo calificó como “acontecimiento memorable en la evolución de la medicina teórica argentina”.

Pasaba todos sus días en el instituto realizando experimentos, dirigiendo a sus discípulos y dictando clases. No sabía de días feriados y su remuneración era inferior a muchas ofertas del exterior, pero deseaba quedarse en su país.

Creó una brillante Escuela de Fisiología, de la que egresaron numerosos investigadores argentinos y extranjeros. El instituto se convirtió en un centro de excelencia mundial en el área de la investigación científica.

En 1920 Bernardo Houssay contrajo matrimonio con la química María Angélica Catán, a quien conoció en el Instituto Bacteriológico, donde ella hacía su tesis doctoral sobre ponzoñas de serpientes y él, como jefe de esa sección, se las proveía.

Ella dejó su carrera para convertirse en la más fiel colaboradora científica de su esposo y madre de los tres hijos que tuvieron: Alberto, Héctor y Raúl.

Bernardo Houssay conoció momentos de estrechez económica, pero reconoció el sacrificio su esposa, pues hallaba grandes recompensas en su trabajo.

Los trabajos más trascendentes del Dr. Bernardo Alberto Houssay se desarrollaron en el campo de la endocrinología, rama de la medicina que se dedica al estudio de las glándulas endocrinas que producen hormonas para diversas funciones en el organismo.

Se dedicó al estudio de la hipófisis, impulsado por el interés en el tratamiento de un paciente que presentaba un tumor en ella. Sus trabajos contribuyeron al conocimiento de las causas de una enfermedad conocida desde muy antiguo, la diabetes.

Ya se sabía que su origen era la dificultad del cuerpo para metabolizar o procesar hidratos de carbono, y que esto provocaba un exceso de glucosa o azúcar en la sangre.

En 1889, se descubrió que la causa radicaba en el páncreas y en 1921 se identificó la insulina, hormona liberada por el páncreas que impide el exceso de azúcar en la sangre. Al funcionar mal el páncreas, se produce insuficiente insulina y aparece la diabetes.

Houssay se dedicó a investigar qué papel tenía la hipófisis en la diabetes. Descubrió que perros diabéticos mejoraban cuando se les extirpaba la hipófisis y que su diabetes se agravaba cuando se les inyectaba una hormona producida por esta glándula.

Con sus estudios, el grupo de Houssay logró comprender el rol de la hipófisis en los procesos metabólicos de los carbohidratos y la diabetes, lo que sirvió de base para el trabajo de otros investigadores acerca del papel de diferentes glándulas.

En 1934, a los 47 años, creó la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias. Dos años después, fue electo académico de la Academia Pontificia de Ciencias, junto a otros prestigiados científicos como Niels Bohr, Guglielmo Marconi y Max Planck.

La Universidad de Harvard, conmemorando su tercer centenario, le otorgó el Doctorado Honoris Causa y fue designado miembro honorario de la Société d’Endocrinologie de Francia. Pero ninguno de estos honores lo libró de la envidia y, al recibirlos, solía decir: “Ahora aumentará el número de mis enemigos”.

En 1940, veinte años después de su fundación, el Instituto de Fisiología de la Universidad de Buenos Aires era un reconocido centro de investigación y formación de excelencia.

El 4 de junio de 1943 las fuerzas armadas argentinas derrocaron a un gobierno impopular, que intentaba instrumentar un fraude electoral para su candidato.

Ante las tensiones que provocaban en las fuerzas armadas los alineamientos ideológicos con unas u otras de las potencias que combatían en la II Guerra Mundial, la intelectualidad universitaria apoyaba a los aliados y deseaba un gobierno civil.

En octubre de 1943, un grupo de destacados ciudadanos reclamó la adhesión de la opinión pública a los principios de una democracia efectiva en Argentina.

El gobierno militar cesó a muchos docentes universitarios que firmaron la convocatoria; entre ellos, Houssay y sus discípulos. La reacción causó profundo desconcierto en la sociedad.

Cuando el Dr. Houssay dictó su última clase magistral, el anfiteatro de la vieja Escuela de Medicina estaba repleto de estudiantes, profesores y amigos que lo apoyaban. Había también grupos adictos al gobierno militar y policías sin uniforme.

Pálido y nervioso, dictó su clase como lo hacía habitualmente. No pudo, sin embargo, dejar de hacer una clara alusión política, cuando dijo: “Cuando la cabeza anda mal, todo anda mal”, lo que fue recibido con una salva de aplausos.

No había perdido la entereza. Decidió quedarse en Argentina a proseguir su trabajo, pese a haber recibido gran cantidad de invitaciones del extranjero.

En marzo de 1944, reanudó las investigaciones en el Instituto de Biología y Medicina Experimental, una residencia reacondicionada y equipada en el barrio de Palermo.

Trabajaba en un pequeño laboratorio, pero los recursos eran escasos en aparatos, drogas, animales y bibliografía. Houssay había donado su biblioteca al Instituto de Fisiología y su discípulo que quedó a cargo de la cátedra le ponía dificultades para usarla.

En esta emergencia lo sostuvieron colegas estadounidenses, con un fondo para la compra de revistas y libros, además de donar aparatos y drogas.

Al año siguiente, publicó Fisiología humana, en colaboración con otros autores. Redactó capítulos importantes como La fisiología de la sangre y La fisiología de las glándulas de secreción interna.

El texto no tardó en conocerse como La fisiología de Houssay, que contribuyó a la formación de muchas generaciones de médicos. Esta obra se tradujo a varios idiomas.

En ese momento Houssay dirigía, nuevamente, el Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas, al que había retornado luego de ser declarada ilegal su cesantía.

En 1945, militó en la Junta de Coordinación Democrática, oponiéndose infructuosamente a Juan Domingo Perón. En febrero de 1946, éste ganó las elecciones nacionales.

En septiembre, el delegado interventor de la Facultad de Medicina dispuso la jubilación de Houssay, quien tenía 59 años. El científico retornó al Instituto de Biología y Medicina Experimental.

Mientras las dificultades con el gobierno de Perón lo mantuvieron al margen de la Universidad de Buenos Aires, desechó varios ofrecimientos para continuar su carrera en el exterior y, con apoyo privado, especialmente de la Fundación Sauberan, pudo continuar la labor de investigación, junto con sus colaboradores.

Más de mil trabajos sobre endocrinología, nutrición, farmacología, patología experimental, glándulas suprarrenales, páncreas, hipertensión, diabetes y otras áreas de la fisiología son fruto de aquel equipo de trabajo.

Houssay recibió numerosos reconocimientos, como la Medalla Banting de la Asociación de Diabetes de Estados Unidos y el doctorado honoris causa de la Universidad de Oxford.

En 1947, la Academia Sueca le otorgó a Bernardo Alberto Houssay el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por su descubrimiento del papel de la hormona liberada por la hipófisis en el metabolismo de los azúcares. El galardón fue compartido con los esposos Carl Ferdinand Cori y Gerty Theresa Radnitz, por sus descubrimientos acerca del metabolismo de la glucosa.

En su discurso, Houssay expresó su gratitud porque Suecia honraba generosamente en su persona a los que en la lejana América Latina estaban consagrados con fiel y abnegada devoción a la investigación científica.

La noticia fue recibida con cuidadoso silencio por el gobierno argentino. Pero el desdén nunca afectó su voluntad. Decía: “El trabajo es la diversión más barata” y también; “Con Perón, sin Perón y a pesar de Perón hay que trabajar siempre”.

Además del premio Nobel, Houssay recibió premios y reconocimientos en todo el mundo, siendo condecorado por los gobiernos de varios países.

Obtuvo grados honorarios de 25 universidades, entre ellas de la UNAM. Fue profesor honorario de 15 universidades y miembro de 38 academias, 16 sociedades de biología, 11 de endocrinología, 7 de fisiología y 5 de cardiología.

Al caer el peronismo en 1955, volvió a hacerse cargo del Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas, que encontró en un estado de inactividad, desorganización y corrupción imposibles de imaginar. Tenía una tarea gigantesca que cumplir, pero la emprendió con el máximo de sus fuerzas.

En abril de 1958, al retirarse de la docencia universitaria a los 71 años, Houssay cedió esas tareas a sus discípulos Braun Menéndez y Foglia. Ese mismo año, inició la creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, dando un importante impulso a la investigación de su patria.

En la apertura de los cursos de la Universidad de Buenos Aires, en abril de 1961, un consejero estudiantil propuso como modelo de egresado al médico Ernesto Guevara, el Che, por unir la ciencia del médico a la acción social.

Houssay respondió que había que eliminar la intromisión política en la universidad y fue tildado de reaccionario cuando, en realidad, manifestaba su amarga experiencia política y el firme vínculo con las tradiciones de libertad, democracia y vida universitaria.

En 1966, fue depuesto el presidente civil constitucional y asumió el poder un militar. Las universidades fueron intervenidas y la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales fue agraviada por la brutal intrusión de la policía.

La comunidad universitaria exigió a Houssay que enfrentara esa política. No lo hizo y continuó ejerciendo la presidencia del CONICET. Probablemente, temió por la suerte de este hijo de la vejez en otras manos que no fueran las suyas.

Pero, como funcionario, expresó su reprobación por esos sucesos, intentando reubicar a los científicos que habían renunciado y preservarlos de otras agresiones. El gobierno militar, por su parte, procuró limitar la preeminencia institucional de Houssay.

Los años de vejez no quebraron su voluntad de trabajo, tarea que consideraba inacabada. Se había quedado solo, pues su esposa, la Dra. María Angélica Catán, murió en 1962 y sus discípulos Oscar Orías y Braun Menéndez, fallecieron prematuramente. En 1970 recibió, con alegría, la noticia de que otro discípulo, Luis Federico Leloir, ganó el Premio Nobel de Química.

Houssay murió el 21 de septiembre de 1971, a los 84 años. Publicó más de 500 trabajos en revistas nacionales y extranjeras. También escribió biografías de grandes nombres de la fisiología y la biología.

En 1972, la Organización de Estados Americanos instituyó el Premio Bernardo Houssay para galardonar a los más importantes investigadores del continente americano.

 

Investigación y guión: Conti González Báez

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