Anualmente se lleva a cabo en el municipio de Santiago de Anaya, en el estado de Hidalgo, una célebre feria gastronómica con las delicias de la región que incluyen guisados varios preparados en base a la fauna y flora de la región, entre los cuales se encuentran platillos de zorro, conejo, ardilla, rata de campo, insectos varios y hasta ciertos reptiles que habitan en los áridos terrenos del Valle del Mezquital. La familia Ramírez Cruz, oriundos del lugar y participantes en la feria antes mencionada, fue elegida por dos jóvenes cineastas egresados de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), Salomón Morales y Rogelio Calderón, como protagonistas de su ópera prima documental, Si corre o vuela… a la cazuela (2017), producida con apoyo del FOPROCINE.

En la línea del documental mexicano contemporáneo, la cinta no tiene una narración que describa los eventos que ocurren en la pantalla. Su estructura narrativa avanza a través de breves episodios titulados con los nombres del platillo que los Ramírez Cruz van a comer, sea la chinche de árbol, el cacomixtle, los chinicuiles, los escamoles, el conejo, los reptiles y hasta el pulque. Acuciosamente, los realizadores siguen a los protagonistas vaciando sus trampas, escalando a los árboles para encontrar sus presas o persiguiéndolas por el llano, pasando después a la preparación de las mismas, en distintas clases de adobos y otras alquimias fantásticas. Las imágenes en pantalla consiguen una notable transición de la sorpresa que deparan los ingredientes de cada platillo a lo sencillo de su preparación y su degustación humilde por parte de los protagonistas. En efecto, Si corre o vuela… a la cazuela es un filme que estimula el paladar en serio.

Pero las intenciones de los realizadores no aterrizan en un documental turístico que busque solamente descubrir ese “México desconocido” al que ambicionan incursionar los públicos extranjeros. Si corre o vuela… a la cazuela es también un doloroso retrato de una nación que respira a través de profundos abismos sociales. La familia Ramírez Cruz, pertenecientes a la comunidad Hñahñu, no consumen estos alimentos por un afán gourmet, como lo harían otros comensales aficionados a lo exótico y poco común. Tampoco cazan a sus presas por deporte o ganas de turismo extremo como otros. La cuestión es sencilla: si no cazan no comen y consumen lo que la tierra les provee porque no tienen otra opción.

La filmación del documental se prolongó durante cuatro años, en los cuales algunos miembros de la familia fallecieron y otros más llegaron al mundo; lo cierto es que en ese mismo periodo los Ramirez Cruz nunca tuvieron luz eléctrica, escarbaron todo el tiempo en busca de agua potable y cubrieron esta misma carencia de líquido vital para sus animales alimentándolos en base a nopales. Lo que consumen lo comercian en las ferias gastronómicas locales y en otros estados, recibiendo una paga irrisoria que no equivale en lo absoluto al tiempo invertido en la caza y preparación de estos. Lo suyo es una tradición de muchas lunas atrás. Sus costumbres y su alimentación les dan identidad, preservan la historia de los suyos. Su tiempo es otro, pues a diferencia de un consumidor que exige lo que desea en la mesa de inmediato, ellos deben esperar las distintas temporadas del año para conseguir sus alimentos. En éste mundo, en el cual se habla el idioma natal antes que el español, los tiempos los dicta la Naturaleza y no las leyes de la oferta y la demanda.

Los protagonistas de Si corre o vuela… a la cazuela se parecen mucho a los nómadas del siglo XXI cuya realidad se retrata en Cuates de Australia (2012), el espléndido documental de Everardo González. Si bien los Ramírez Cruz no deben cargar con toda su vida a cuestas siguiendo las rutas del agua, lo que une a ambos filmes es el retrato de la supervivencia en un México actual en el cual, como puede verse, la modernidad y la justicia social no han alcanzado a todos. También los une la insistencia de permanecer en un ambiente hostil sin el cual sus vidas no se entenderían igual; ahí, en la dureza desértica del Valle del Mezquital que también retratara Paul Leduc en otro clásico documental mexicano, Etnocidio: Notas sobre el Mezquital (1976), la familia protagonista maneja el arte de la supervivencia y la persistencia de su memoria.

Entre las delicias que retrata y la forma de vida que presenta y sobre la cual construye su esencia, Si corre o vuela… a la cazuela es sobre todo una reflexión sobre una realidad mexicana tan dolorosa como sorprendente, de la cual el documental mexicano actual sigue nutriéndose para aportar grandes momentos a la filmografía nacional, casi siempre ajena a la realidad social que la rodea.

José Antonio Valdés Peña

 

SI CORRE O VUELA… A LA CAZUELA (México, 2017). Dirección, fotografía en color y guión: Salomón Morales y Rogelio Calderón / Edición: Carlos R. Montes de Oca / Compañías productoras: Inéditas Films, IMCINE, FOPROCINE / Producción: Mariana Lizárraga Rodríguez / Duración: 72 minutos.

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