Hoy, 24 de septiembre del 2018, se cumple el 139 aniversario del descubrimiento en 1879 de la cueva de Altamira. Las pinturas compuestas principalmente por, bisontes, caballos, ciervos, manos y misteriosos signos son consideradas la obra cumbre del periodo Paleolítico.

La obra descubierta por María Sanz de Sautuola y Escalante, niña de 8 años, hija de Marcelino Sanz de Sautuola, rico propietario local, perteneciente a una familia de alta sociedad y aficionado a la paleontología, representó un cambio en las ideologías de los expertos y científicos del siglo XIX, que, de primera instancia, consideraban a las pinturas como inverosímiles.

Sin embargo, a finales del siglo XIX, principalmente en Francia, se descubrieron pinturas rupestres asociadas a los hallazgos realizados en niveles arqueológicos paleolíticos de Altamira. Émile Cartailhac, que había sido uno de los opositores más grandes a la autenticidad de Altamira, reconsideró su postura, tras el descubrimiento de grabados y pinturas a partir de 1895 en las cuevas francesas de La Mouthe, Combarelles y Font-de-Gaume. Cartailhac, escribió en la revista L’Antropologie, el artículo titulado, La grotte d’Altamira. Mea culpa d’un sceptique, donde especificó reconocimiento universal del carácter paleolítico de las pinturas de Altamira.

En los últimos años, la gruta se cerró al publico en el 2002 por criterios de conservación. No obstante, en el 2015 el Patronato del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira acordó un estricto régimen de acceso controlado y limitado de cinco personas a la semana y un tiempo límite de 37 minutos por recorrido.

 

Redacción: Jonathan Navarro Tonix

 

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