Enrico Fermi nació en Roma, Italia, el 29 de septiembre de 1901. Su padre, Alberto Fermi, había trabajado en varias compañías ferrocarrileras italianas y fue ascendido a inspector jefe del Ministerio de Comunicaciones en 1898, año en que se casó con Ida de Gattis. Él tenía 41 años y ella 27.

Ida era una persona admirable. Hija de un oficial del ejército, fue maestra y trabajó en escuelas primarias durante toda su vida. Sumamente inteligente, fue la mayor influencia para sus hijos María, Giulio y Enrico, el menor. Se dice que construyó su propia olla de presión e inspiró al futuro científico para construir, años después, el primer reactor nuclear.

Enrico fue criado por una enfermera durante sus primeros dos años de vida. Luego se incorporó a la vida familiar, recibiendo una educación estricta pero sin ninguna religión; esto molestaba a sus abuelos paternos, devotos católicos.

A los cinco años entró a una escuela laica. Mostró grandes talentos, especialmente en matemáticas. Cuando terminó la primaria a los diez años, se preguntaba cómo una ecuación podía representar un círculo.

Pasó cinco años en una escuela de educación media y dos en el liceo, preparándose para entrar a la universidad. Fue un estudiante destacado, considerado el más capaz de su clase.

Disfrutaba de la ciencia y pasaba gran parte de su tiempo construyendo motores y juguetes mecánicos con sus hermanos María y Giulio.

En enero de 1915, cuando Enrico tenía 14 años, la tragedia golpeó a la familia Fermi. Su hermano Giulio, un año mayor, murió durante una operación menor para un absceso en la garganta.

Esto tuvo un profundo efecto en el joven Fermi; siendo introvertido, se volvió insociable. Para distraerse, aumentó su dedicación a los estudios. Diario pasaba delante del hospital donde falleciera Giulio, hasta hacerse insensible a la pena.

Poco después se hizo amigo de su tocayo, Enrico Persico, compañero de clases que luego se convirtió en profesor de Física Teórica. Los adolescentes realizaban largas caminatas, cruzando la ciudad de Roma mientras discutían todo tipo de temas.

Durante esos paseos, Fermi mostraba una precisión de ideas, seguridad en sí mismo y originalidad que sorprendían a su amigo. En matemáticas y física tenía conocimientos que iban mucho más allá de los que enseñaban en la escuela.

Conocía esos temas de tal manera, que podía usarlos con extrema facilidad y familiaridad. Para él, desde esa temprana edad, conocer teoremas o leyes significaba saber cómo usarlos.

La admisión a la Escuela Normal Superior de Pisa era mediante un concurso. Fermi presentó su examen en 1918, a los 17 años. Escribió un ensayo sobre el tema propuesto, Características del sonido.

Derivó el sistema de ecuaciones parcialmente diferenciales para una barra vibratoria y usó el análisis Fourier para resolverlas. El ensayo estaba escrito al nivel de una tesis doctoral.

Cuando uno de los examinadores lo leyó, sorprendido, citó a Fermi. Le dijo que no solo era el ganador del concurso y sería admitido, sino que sin duda se convertiría en un científico famoso.

En Pisa fue asesorado por el director del Laboratorio de Física, Luigi Puccianti. El profesor veía que era poco lo que podía enseñar al joven y con frecuencia le pedía que le explicara algo.

A los 20 años, Fermi publicó sus primeros trabajos, Sobre la dinámica de un sistema rígido de cargas electrónicas en procesos de movimiento y Sobre los fenómenos que ocurren cerca de una línea de universo, aportando un resultado de la naturaleza euclidiana del espacio en la geometría de la relatividad general.

Su tesis doctoral, Un teorema de cálculo de la probabilidad y algunas de sus aplicaciones, fue examinada el 7 de julio de 1922. Los once sinodales, con sus togas negras, estaban sentados solemnemente detrás de una larga mesa.

Fermi empezó a hablar con calma y seguridad. Unos sinodales reprimieron bostezos, otros levantaron las cejas sorprendidos y algunos más se relajaron, sin intentar seguir sus explicaciones. La erudición del joven estaba más allá de su comprensión.

Recibió su grado doctoral Magna cum laude, pero ninguno de sus sinodales le estrechó la mano o lo felicitó y el tradicional honor de que su tesis fuera publicada por la universidad no le fue concedido. Fue publicada póstumamente en 1962, en sus Trabajos selectos.

Enrico Fermi regresó a Roma y trabajó con los matemáticos Castelnuovo, Levi-Civita y Enriques. En 1922 obtuvo una beca del gobierno italiano para estudiar con Max Born en Göttingen, Alemania.

Después de pasar el verano de 1924 escalando las montañas Dolomitas, obtuvo una beca Rockefeller para trabajar con Paul Ehrenfest en Leiden, Holanda.

Volvió a Italia, donde pasó dos años como conferencista eventual de Matemáticas, Física y Mecánica en la Universidad de Florencia. Deseaba seguir una carrera académica, por lo que publicó una gran cantidad de trabajos.

Pese al apoyo de Levi-Civita y Volterra, perdió ante Giovanni Giorgi el concurso por la cátedra de Física Matemática en la Universidad de Cagliari en Cerdeña, lo que lo desilusionó mucho.

Poco después se anunció otro concurso, para la cátedra de Física Teórica en la Universidad de Roma. Pese a su juventud, Fermi fue elegido por el comité evaluador, que reconoció la calidad excepcional de su trabajo científico. A los 25 años empezó a construir el Instituto de Física de dicha universidad.

Dos años después, en 1928, Enrico Fermi se casó con la escritora y activista política Laura Capon. La pareja tuvo una hija, Nella, y un hijo, Giulio.

En 1929, Fermi fue elegido para la Accademia Nazionale dei Lincei, literalmente la Academia Nacional de los Linces, la más antigua e ilustre de las academias de Italia y Europa. Su nombre hace alusión a los linces, cuya proverbial vista aguda se aplica a los estudiosos en sus investigaciones.

En realidad fue designado por Mussolini, sin elección alguna. Recibía el honor por sus méritos académicos y no significaba que el científico apoyara al fascismo. Más bien, como Fermi era apolítico, el Duce pensó que no sería un oponente.

Estar en la Academia proporcionó a Fermi un salario adicional bastante sustancioso. Al año siguiente viajó a Estados Unidos, donde visitó la Universidad de Michigan en Ann Arbor.

Tuvo interesantes discusiones con George Uhlenbeck, quien había llegado de Holanda; su amigo Ehrenfest se les unió durante el verano. Fermi dio varias conferencias sobre la Teoría Cuántica.

En 1934, llevó publicó Radioactividad producida por el bombardeo de neutrones y Sobre la absorción y difusión de neutrones lentos. Su trabajo lo llevó al descubrimiento de la fisión nuclear y los experimentalistas la usaron para crear nuevos elementos.

Enrico Fermi recibió el Premio Nobel de Física en 1938, “por sus demostraciones de la existencia de nuevos elementos radioactivos producidos por irradiación de neutrones, así como por su descubrimiento relacionado de las reacciones nucleares creadas por neutrones lentos”.

En el verano de 1938, Mussolini siguió a Hitler en su campaña contra los judíos. Fermi no lo era, pero su esposa Laura sí, por lo que la situación de la familia se volvió incómoda y peligrosa.

El científico decidió escribir a universidades de Estados Unidos, buscando un puesto académico. Lo hizo en secreto, para que las autoridades no pudieran conocer sus intenciones; envió las cartas por correo desde diferentes pueblos, evitando despertar sospechas.

Recibió cinco ofertas y aceptó la de la Universidad de Columbia. La ceremonia de entrega del Premio Nobel en diciembre fue una maravillosa oportunidad para que la familia Fermi pudiera salir sin problemas de Italia, viajar a Estocolmo y luego dirigirse en barco a los Estados Unidos.

Llegaron a Nueva York el 2 de enero de 1939. Antes de recibir la visa estadounidense, el Dr. Fermi tuvo que aprobar una prueba de aritmética básica, una anécdota divertida.

El trabajo de Fermi y su equipo en la Universidad de Columbia mostró posibles aplicaciones para sus investigaciones. El profesor de Física George Pegram escribió al almirante Hooper del Departamento Naval sobre sus experimentos con uranio, elemento que podría usarse como un poderoso explosivo.

El proyecto del uranio fue aprobado, por coincidencia, la víspera del ataque a Pearl Harbor, en diciembre de 1941. Fue llevado a cabo por la Universidad de Chicago con varios grupos, incluyendo el de Fermi en Columbia, juntando a todos en Chicago.

Esto no le gustó al científico, porque estaba muy contento en la Universidad de Columbia y el trabajo sería más administrativo que científico. Además, como Estados Unidos estaba en guerra con Italia, los italianos fueron clasificados como “extranjeros enemigos”, con severas restricciones para viajar dentro del país.

Las dificultades fueron sorteadas y Fermi fue a Chicago. El 2 de diciembre de 1942, su equipo logró la primera liberación controlada de energía nuclear, que marcó el inicio de una nueva era.

Enrico Fermi se convirtió en ciudadano estadounidense en 1944 y comenzó a colaborar en el proyecto Los Álamos para construir una bomba. Entre otras actividades, dio cursos a los científicos que formaban parte del proyecto.

Durante la primera prueba de la bomba nuclear, estaba a 15 km de distancia. Cuando estalló, fue tirando unos trocitos de papel al suelo, que caían en el aire tranquilo; segundos después llegó la onda de choque y los arrastró varios centímetros.

Calculó la energía de la explosión a partir del desplazamiento de los papelitos; su resultado coincidió con la medición oficial, cuyo cálculo llevó varios días.

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, el Dr. Fermi decidió regresar a la vida universitaria. En 1945 aceptó la oferta de dar una cátedra de Física en la Universidad de Chicago.

Fue un maestro inspirador, por su atención a los detalles y la cuidadosa preparación de sus clases. Su sencillez y modestia, junto con su disposición para realizar cualquier trabajo, creativo o rutinario, lo hicieron popular entre todo tipo de personas, desde otros laureados Nobel hasta los trabajadores más humildes.

Muchos se sorprendían cuando el famoso científico ayudaba a mover una mesa o cargar lo que fuera necesario. Sus pasatiempos eran las caminatas, el montañismo y los deportes invernales.

Durante los siguientes años se dedicó a investigar el origen de los rayos cósmicos. También intentó comprender las interacciones de los núcleos.

En 1946 fue nombrado director del Instituto de Estudios Nucleares de la Universidad de Chicago. Curiosamente, al brillante científico le costaba entender la cuenta de gastos a su cargo.

Para mantenerse actualizado, cada año visitaba Los Álamos. También visitó la Universidad de Washington, la de California en Berkeley y el Laboratorio Nacional Brookhaven.

En 1949 asistió a una conferencia sobre Física de Alta Energía en Como, Italia. Fue su primer viaje a Europa desde que la dejara diez años antes. Fue orador en la Accademia Nazionale dei Lincei, con su amigo Castelnuovo presidiendo la sesión.

En 1954 regresó y dio una serie de conferencias en la Villa Monastero de Varenna, en el Lago Como. Luego fue a una escuela de verano cerca de Chamonix, Francia.

Trató de seguir su habitual estilo de vida energético, con caminatas en las montañas y otras actividades deportivas, pero sufría de problemas de salud que los médicos no pudieron precisar.

De regreso en Chicago, sus doctores le diagnosticaron cáncer de estómago y decidieron operarlo. Tras la intervención quirúrgica, se fue a casa.

Él conocía el riesgo de trabajar expuesto a la radioactividad, pero consideraba que valía la pena debido a la importancia de los resultados, dejando a un lado su propia seguridad.

Comentó a sus amigos que, si vivía lo suficiente, escribiría su curso sobre Física Nuclear, como un último servicio a la ciencia. Solo pudo escribir una página.

Diez días antes de morir, le dijo a su amigo Eugene Wigner que esperaba que su agonía no durara demasiado. Estaba en paz consigo mismo. Conservó hasta el final un gran coraje, fuerza de voluntad y claridad de pensamiento.

Enrico Fermi murió el 28 de noviembre de 1954, a los 53 años. Fue enterrado en el Cementerio Oak Woods de Chicago. Es considerado uno de los científicos más importantes del siglo XX.

El elemento 100 de la Tabla Periódica fue nombrado Fermio en su honor. También llevan su nombre laboratorios, plantas nucleares, institutos, escuelas, premios, calles y el nuevo Telescopio Espacial de Rayos Gamma Fermi de la NASA.

Investigación y guion: Conti González Báez

Compartir

Comentarios