Fátima es una mujer musulmana que vive en la ciudad de Lyon, en compañía de sus hijas Nesrine y Souad, ambas jóvenes estudiantes. Emigrante en Francia desde años atrás e incapaz de hablar de forma fluida en francés, sus días pasan entre varios empleos, como empleada doméstica en casas ricas o como obrera en un laboratorio. Cuando Nesrine está a punto de entrar a la universidad y Souad repudia cada vez más su forma de vida, Fátima sufre un gran trastorno que la impulsará a abandonar su condición de obrera para superarse y retomar su educación.

Fátima (2016) cierra una trilogía del cineasta Philippe Faucon (nacido en Marruecos en 1958) conformada por retratos de mujeres enfrentadas a difíciles destinos. Su ópera prima, Sabine (1993), recreaba de forma implacable los últimos meses de vida de una joven devastada por el VIH, a manera de un diario personal. Años después le siguió Samia (2000), cinta en la cual una adolescente de origen argelino se debate entre el tradicionalismo de su familia musulmana y la apertura con la cual los jóvenes franceses disfrutan de su momento en el puerto de Marsella. Fátima concluye esta trilogía, dejando en claro la imposibilidad de un sincretismo cultural y social entre Medio Oriente y Occidente, poniendo en manos de las protagonistas una decisión vital que puede transformar sus vidas para siempre. Centrándose en los personajes de Fátima y sus dos hijas, mediante una puesta en escena minimalista y sin florituras melodramáticas de ningún tipo, Faucon orquesta un extraordinario fresco acerca del papel que las mujeres árabes tienen y podrían tener en la sociedad francesa contemporánea.

Lo materno cuestionado. De las tres mujeres protagonistas en el filme, Souad encarna la problemática propia de miles de jóvenes de origen árabe nacidos en Francia, que se enfrentan a una compleja biculturalidad entre lo musulmán y lo occidental. Souad desprecia no tanto la forma en la cual Fátima se gana la vida, sino que no haya otro camino para sobrevivir. Estudiante no particularmente interesada en la escuela, de rudas maneras, dueña de una sensualidad natural que atrae a los hombres en las calles y que sabe usar en su conveniencia, Souad no permite que nadie pase por encima de ella, caminando en el filo de la navaja adolescente en el cual se exige un lugar en el mundo y se procura la experimentación en todos los sentidos. De ahí su repudio hacia una madre en la cual no quiere verse reflejada. Fátima trata de comunicarse con Souad para saber lo que siente, pero hasta donde la cinta concluye, sus esfuerzos son inútiles.

La vida que puede ser otra cosa. Es sobre Nesrine que recae en un primer momento el peso de ser alguien en la familia. Terminado el bachillerato, se prepara de forma obsesiva para pasar el examen que le permita acceder a la carrera de Medicina. Pero el proceso no es fácil. Nesrine renuncia a todas sus pulsiones como joven para entregarse a los estudios y comenzar al mismo tiempo una vida independiente, fuera del nido materno, dañando su salud bajo tanta tensión. La joven padece de una culpa terrible por querer ser ella misma, por sentir que rompe con un destino manifiesto al querer superarse. Sufre por los chismes y los reclamos chantajistas en los que la envuelven las otras mujeres del barrio musulmán en el cual habitan su madre y su hermana, igual emigrantes y encerradas en un lugar donde reproducen los mismos usos y costumbres que reprimen la libertad de las mujeres en sus países árabes de origen. Mientras no se escape de estos entornos, una transformación es imposible.

Philippe Faucon desnuda al entorno de Fátima de cualquier protección institucional. No hay ningún encontronazo con la policía o una asistencia social visible. El mundo de la protagonista parece ser un barrio árabe de Medio Oriente y no un suburbio de la ciudad en la cual los hermanos Lumiére desarrollaron el Cinematógrafo. La posibilidad de cambio radica en ella misma y sobre todo en un radical cambio de actitud que lo transforme todo. No solamente para que sus hijas dejen de sentirse como extranjeras en la tierra en que nacieron; también para que Fátima reencuentre su dignidad y diga adiós para siempre al abuso de quienes se aprovechan de los que no tienen voz en países ajenos. Es en la educación como nuestra heroína comienza a abrirse al mundo. Mientras aprende con dificultad el francés, Fátima va conociéndose a sí misma a través de desgarradores escritos en los cuales hace las paces con ella misma, tan consciente de su origen como de su destino posible.

La épica de Fátima es la de lo íntimo, del triunfo personal que puede cambiar al mundo. De la soledad de quien quiere ser una mejor versión de sí mismo en el momento de ver como se abre un nuevo sendero. Aunque este momento ocurra frente a un callado muro con los nombres de aquellos que han sido aceptados para continuar con su formación académica. Para que la vida pueda ser distinta.

José Antonio Valdés Peña

 

FÁTIMA (Fatima, Francia, 2015). Dirección: Philippe Faucon. Guión: Philippe Faucon, basado en el libro de poemas Rezar a la luna de Fatima Elayoubi. Fotografía en color: Laurent Fenart. Música: Robert Marcel Lepage. Edición: Sophie Mandonnet. Con: Soria Zeroual (Fátima), Zita Hanrot (Nesrine), Kenza Noah Aïche  (Souad), Chawki Amari (el padre), Dalila Bencherif (Leila), Edith Saulnier (Severine), Corinne Duchesne (propietario del apartamento). Compañías productoras: Tanit Films, CNC, Pyramide Productions, Arte France Cinéma. Producción: Philippe Faucon, Serge Noël. Rémi Burah, Nadim Cheikhrouha, Yasmina Nini-Faucon. Distribución: Nueva Era Films. Duración: 79 minutos.

 

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