La poliomielitis es una enfermedad causada por el virus de la polio, que afecta al sistema nervioso central, provocando parálisis aguda de una o varias extremidades y puede tener como consecuencia discapacidad física permanente o incluso la muerte.

Durante la primera mitad del siglo XX, las epidemias de la enfermedad, también conocida como parálisis infantil, mataron o dejaron discapacitados a miles de niños.

El virus fue especialmente agresivo en las décadas de los 40 y 50. En Estados Unidos la polio fue devastadora y mucha gente huía a las montañas, al desierto o a Europa, con la esperanza de encontrar un santuario contra el contagio.

Hallar una cura parecía imposible. La microbiología es un campo científico sumamente cerrado y competido. Los descubrimientos coinciden rutinariamente y aun los más pequeños avances pueden provocar desde envidias hasta demandas.

La conquista de la polio estuvo a cargo de dos médicos, Jonas Edward Salk y Albert Bruce Sabin. Cada uno presentó una solución y ambos mostraron abiertamente su rivalidad. El primero en lograrlo, Salk, se convirtió en el héroe.

Los héroes científicos tienden a tener carreras tranquilas, pero la de Salk destacó por la asombrosa velocidad con la que dejó atrás a los demás investigadores y los honores que no recibió por hacerlo.

¿Por qué se le negó un Premio Nobel al hombre que salvó a los niños y fue rechazado por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos? ¿Qué molestaba tanto a sus colegas científicos?

Jonas Edward Salk nació el 28 de octubre de 1914 en la ciudad de Nueva York. Fue el hijo mayor de unos humildes inmigrantes polaco-judíos. Su papá trabajaba en la industria del vestido.

Desde niño fue buen estudiante y disfrutaba la lectura. Sus padres no tenían ninguna educación formal, pero lo motivaron a estudiar y esforzarse para triunfar.

Pensaba ser abogado, pero después de trabajar en un laboratorio médico para costearse sus estudios, decidió ingresar a la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York. Fue el primero de su familia en cursar estudios universitarios.

Tras completar brillantemente su carrera y obtener una plaza como interno en el prestigioso Hospital Monte Sinaí, se casó con la psicóloga Donna Lindsey.

En 1942, Jonas Salk consiguió una beca en la Universidad de Michigan para estudiar Epidemiología con el Dr. Thomas Francis, distinguido virólogo. Lo patrocinaba el Ejército de los Estados Unidos, que necesitaba una vacuna contra la influenza para sus soldados.

Al terminar el conflicto, fue profesor en la Universidad de Pittsburgh, donde montó su propio laboratorio para la gran cruzada que todos los inmunólogos del mundo tenía en la mira: la lucha contra la polio.

Publicó algunas investigaciones básicas sobre el virus que llamaron la atención de Basil O’Connor, director de la Fundación para la Parálisis Infantil, quien decidió apoyarlo.

Esto provocó un profundo resentimiento. Docenas de investigadores habían trabajado más que Salk en el campo de la polio y hubieran dado lo que fuera por contar con tal financiamiento.

¿Quién era ese advenedizo que había aparecido de la nada con fondos ilimitados, además del libre uso de todo el abrumador trabajo que ellos habían realizado antes?

La pieza clave de la investigación, disponible para todos, había sido completada años antes por John Franklin Enders de la Universidad de Harvard. Su equipo descubrió cómo cultivar el virus de la polio, proporcionándoles a todos los cazadores de la vacuna suficiente cantidad para trabajar con él.

La meta estaba cerca; llegar primero sería cuestión de velocidad y suerte. Albert Sabin se quejaba, diciendo que Salk era “un químico de cocina”, sin ninguna idea original en su vida.

Los dos investigadores provenían de escuelas diferentes. Sabin, como Louis Pasteur, creía que la manera de conseguir inmunidad era creando una infección leve con un virus vivo pero atenuado y preparó cuidadosamente su vacuna.

Salk sabía que el sistema inmunológico podía activarse sin la infección, con virus muertos o desactivados. Su método, más rápido y sencillo, se adaptaba mejor para un programa de emergencia que el de Sabin.

Después de aplicarse la vacuna a sí mismo, su esposa Donna y a sus hijos Peter, Darrell y Jonathan de 11, 8 y 5 años para probarla, Jonas Salk estaba listo para el mayor experimento médico realizado hasta entonces en los Estados Unidos.

En 1954, su antiguo mentor Thomas Francis dirigió la vacunación masiva de más de un millón de niños de seis a nueve años, conocidos como los Pioneros de la polio.

La prueba fue exitosa y ninguno de los vacunados contrajo poliomielitis. Al año siguiente, el resto del mundo tuvo acceso a la vacuna. Salk nunca la patentó; no quería enriquecerse, sino que fuera gratuita para todas las personas.

Sin embargo, el mundo científico tiene un protocolo para dar a conocer sus descubrimientos: Hay que publicarlos en una revista médica, con los créditos correspondientes. Salk anunció la noticia en la prensa y la radio, sin dar crédito a nadie.

Entre la hermandad de investigadores, fue imperdonable que no hubiera mencionado a Enders y Francis. Este error lo perseguiría siempre. Tampoco le perdonaban salir en las portadas de revistas y mucho menos que, a instancias del presidente Eisenhower, diera a la nación en un mensaje televisado para explicar su descubrimiento.

En 1954, John Franklin Enders compartió el Premio Nobel en Fisiología o Medicina con Thomas Huckle Weller y Frederick Chapman Robbins, “por su descubrimiento de la habilidad del virus de poliomielitis para crecer en cultivos de varios tipos de tejido”, el único otorgado a la investigación de la polio.

Aunque los especialistas aceptan que quien merecía los honores era Enders, es poco probable que él o el belicoso Sabin hubieran sido la mitad de pacientes que fue Salk, propagando incansable la prevención de la poliomielitis en todo el mundo.

Quienes recibieron su inyección contra la polio nunca han puesto en duda el elevado lugar que ocupa Jonas Edward Salk en la historia. El éxito de su vacuna lo convirtió en un héroe internacional. Para 1959, ya la utilizaban 90 países.

Años después, la vacuna inyectable de Salk fue sustituida por la desarrollada en 1957 por Sabin, que es oral y más económica. La de Salk se recomienda en algunos casos; por ejemplo, para personas con problemas de inmunodeficiencia.

Todo lo que Salk hizo después fue tomado como ostentación, como cuando en 1963 abrió el Instituto Salk para Estudios Biológicos en La Jolla, California, uno de los centros de investigación más importantes del mundo.

Cuatro años más tarde se divorció de su primera esposa y se casó con la pintora francesa Françoise Gilot, examante del pintor español Pablo Picasso.

La Organización Mundial de la Salud empezó su campaña para erradicar la polio en 1988. Ya desapareció en casi todo el mundo, excepto Nigeria, Pakistán y Afganistán; por eso, los niños de los demás países siguen en riesgo de contraer la enfermedad.

En 1995, el Dr. Salk inició la búsqueda de una vacuna para el SIDA, recibiendo amplia publicidad y nuevos fondos. Esto despertó de nuevo la envidia de sus colegas, que no soportaron ver al octogenario médico llamando otra vez la atención.

Murió poco después por una falla cardiaca masiva, el 23 de junio de 1995. El Dr. Jonas Edward Salk decía: “La esperanza está en los sueños, la imaginación y el coraje de aquellos que se atreven a convertir los sueños en realidad”.

 

Investigación y guión: Conti González Báez

Compartir

Comentarios