A medida de que el ser humano ha ido aprendiendo sobre la anatomía y la fisiología de su cuerpo, ha tratado de asignarle una función a cada órgano. Sin embargo, la utilidad del apéndice se desconocía pues por un tiempo se creyó que se trataba de un órgano vestigial, sin embargo, los primates, nuestros ancestros en el proceso evolutivo, carecen de él.

Este órgano es una pequeña bolsa que mide entre 5 y 10 cm de largo y tiene un diámetro menor a 1 cm. Está colocada estratégicamente en la parte terminal del intestino grueso, pero el contenido de éste normalmente no penetra en él.

Investigaciones recientes han mostrado que se trata de un refugio para bacterias que son benéficas.

Cuando dichos microorganismos se encuentran en una cantidad suficientemente grande, se agrupan entre sí secreteando una sustancia que forma un conglomerado bacteriano muy resistente conocido como biopelícula que se distribuye a lo largo del intestino grueso.

El apéndice se encuentra asociado con el tejido linfático, por lo que se cree que la biopelícula fabricada por estas bacterias tiene una función inmunológica, aunque se desconoce su mecanismo exacto.

La gran concentración de estas bacterias en el apéndice es necesaria para repoblar el intestino con y combatir las infecciones intestinales.

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