Astrónomo, escritor, periodista, funcionario público, diputado federal, presidente del Congreso de la Unión y miembro del Servicio Exterior Mexicano, Luis Enrique Erro nació el 7 de enero de 1897 en la Villa de Chalco, cercana a la Ciudad de México.

Su padre era originario de Pamplona, Navarra, y su madre de Barcelona, Cataluña. En sus primeros años de vida se identificó con los inmigrantes españoles, pero siempre profesó un amor intenso hacia su patria.

Como su papá administraba varias haciendas, Luis Enrique cambió de residencia constantemente durante su primera infancia. Su interés por la astronomía surgió cuando tenía 7 años de edad.

Como premio a su buen comportamiento escolar, su mamá lo subió a la azotea de su casa en Morelia; bajo el influjo del entusiasmo materno, contempló extasiado la bóveda celeste, que determinó en su vida un camino que nunca abandonó.

En esa ciudad estudió la primaria; asistió al Colegio Jesuita del Sagrado Corazón de Jesús. Luego cursó la secundaria en el Colegio de Mascarones de la Ciudad de México, también jesuita. Esta educación le proporcionó una estricta disciplina en el estudio y contribuyó a su formación científica.

También fue determinante el haber vivido, durante su niñez y primera juventud, los momentos más álgidos de la Revolución Mexicana; esto marcó su espíritu, inclinado a favor de los derechos de los más desvalidos.

Siguió sus estudios en la Escuela Nacional Preparatoria. Después se inscribió en las facultades de Ingeniería Civil y Jurisprudencia, además de la Escuela de Altos Estudios, actual Facultad de Filosofía y Letras. Tomó cursos de Metodología y Técnica de la Historia, compartiendo clases con el filósofo Alfonso Reyes.

Cursaba las tres carreras simultáneamente, además de ser profesor de Dibujo y Pintura Decorativa en la escuela La Corregidora de Querétaro, una de las técnico-industriales famosas de la época, iniciando una temprana relación con este tipo de educación.

Como estudiante, Erro participó en los movimientos de su época, llegó a ser campeón estudiantil de lucha libre y fue fundador y director de las revistas Gladios y San-Ev-Ank.

A los 21 años, el gobierno de Venustiano Carranza lo envió comisionado a España para promover el movimiento revolucionario. El joven aprovechó para estudiar Literatura Castellana, Griego Clásico y Ciencias Sociales. Su padre deseaba que siguiera la carrera de abogado, pero no le gustaba.

Más tarde, cuando Adolfo de la Huerta era ministro de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, trabajó en esta dependencia y en 1923 viajó a Cuba para recuperar un dinero robado.

Ahí lo sorprendió el movimiento huertista y su derrota. Se encontró en una situación precaria, que solucionó dando una serie de conferencias en el Centro Asturiano sobre cómo aumentar las ventas comerciales.

Fue tal su éxito, que lo invitaron a trabajar en una de las casas comerciales más importantes de La Habana, La Casa Grande. Erro poseía gran facilidad para los números y una visión comercial heredada de su padre, por lo que tomó un curso de Contabilidad por correspondencia.

A los 28 años se casó en Cuba con Margarita Salazar Mallén. Poco después y gracias a la gestión del ministro de Educación Manuel Puig Casauranc, quien fue a La Habana en su viaje de bodas, Erro pudo regresar a México.

Volvió a ser funcionario público y además se dedicó a actividades comerciales, como la de panadero, que le proporcionaron una situación económica más cómoda.

A los 34 años, como jefe de Estadística Económica en la Dirección Nacional de Estadística, publicó un interesante Estudio sobre números índices. Ahí conoció a Adolfo Ruiz Cortínez, que ocupaba otra jefatura, con quien estableció una buena amistad.

Al año siguiente, 1932, Luis Enrique Erro fue nombrado jefe del Departamento de Enseñanza Técnica, Industrial y Comercial. Modificó los planes de estudios e impulsó la enseñanza técnica del país, quedando establecidas la Escuela Superior de Ingenieros Mecánicos y Electricistas, de honrosa tradición, y la Escuela Superior de Construcción.

Su espíritu tenaz e inquieto lo llevó a participar de manera destacada en la gran Reforma Educativa que, por aquella época, se dio nuestro país.

Asistió a la Segunda Convención Nacional del Partido Nacional Revolucionario en Querétaro, donde se delineó el Plan Sexenal. Durante la acalorada discusión, Erro comenzó a hablar entre los gritos de los asistentes, hasta que el público se quedó silencioso, transformado por su brillante exposición.

En 1934 fue electo diputado federal. Inteligente, preparado, inquieto y sin el deseo de acumular dinero, fue nombrado presidente de la Comisión de Educación Pública, encargada de proponer la reforma del Artículo 3º. Constitucional, un asunto espinoso.

Trabajó con entusiasmo en la formulación de la publicación del PNR La educación socialista y fue designado presidente del congreso en septiembre de 1936, cuando contestó el informe presidencial.

Como orador tenía un estilo llano, conciso y con excelente manejo de la ironía, la que practicó con gran tino e inteligencia, provocando siempre la polémica. Sus intervenciones eran recibidas con grandes ovaciones.

La proposición de reforma reflejaba el espíritu socialista de Erro, así como sus dos pasiones vitales: la educación de la juventud mexicana y la astronomía.

En el texto propuesto para el Artículo 3º. hablaba de “crear en la juventud un concepto racional y exacto del universo”; más adelante, preveía el establecimiento de observatorios.

En 1935 formó parte del Consejo Nacional de Educación Superior y de la Investigación Científica, junto con Miguel Othón de Mendizábal, Juan O’Gorman, Enrique Arreguín e Isaac Ochoterena.

Al año siguiente fue creado el Instituto Politécnico Nacional, que se convertiría en una institución de gran prestigio. Erro dejó un camino ampliamente cultivado y los frutos no se hicieron esperar, por lo que se cuenta con gran orgullo entre los precursores de su creación.

Al terminar su gestión como diputado federal, Luis Enrique Erro ingresó al Servicio Exterior Mexicano. En París colaboró con la Embajada de México y escribió un libro titulado En Francia.

En ese país, a los 40 años, le practicaron una intervención quirúrgica en el oído derecho, debido a una dolencia que padecería por el resto de sus días, ya que no tuvo éxito la operación.

Como compensación por su buen desempeño durante su gestión en París, el general Lázaro Cárdenas, quien lo tenía en gran estima, le proporcionó el dinero necesario para que lo volvieran a operar.

Como Erro no confiaba en los resultados de una nueva intervención, con ese dinero compró un telescopio Zeiss a un astrónomo francés, cumpliendo el sueño de su infancia.

A partir de 1938, su actividad se encaminó hacia su verdadera pasión, la astronomía. Como secretario de la Embajada de México en Washington, se puso en contacto con León Campbell, coordinador del proyecto Estrellas Variables, tomando algunos cursos en el Observatorio de la Universidad de Harvard.

Campbell lo presentó con el Dr. Harlow Shapley, famoso observador de galaxias, quien lo comisionó para que estudiara algunas estrellas variables, de las cuales descubrió 20.

Erro publicó los resultados de su investigación en el Boletín del Observatorio de Harvard, así como de otra sobre estrellas ráfaga. Ya nunca dejó el estudio de los astros.

En 1940 regresó a México y participó en la campaña política del candidato presidencial Manuel Ávila Camacho, quien tras el triunfo electoral le ofreció un puesto en su gabinete.

Erro declinó tal honor y le pidió la fundación de un nuevo observatorio astronómico, para que en México se realizara investigación de mayor alcance científico.

El crecimiento de la capital, el aumento de la luminosidad y la trepidación del suelo debido al tránsito dificultaban las investigaciones del Observatorio Astronómico Nacional.

Se buscó el sitio más apropiado y se sugirió inicialmente Taxco, Guerrero, pero el presidente pidió que se estableciera en su estado natal, Puebla.

Por sus favorables condiciones atmosféricas, se escogió el bello poblado de Tonantzintla, cerca de la capital poblana. Gracias al empeño de Erro y sus contactos con la comunidad astronómica de Harvard, el proyecto se completó exitosamente.

Aunque el instrumental del observatorio era escaso, se contaba con un gran telescopio tipo Schmidt, instalado bajo una insólita cúpula dodecagonal. Tonantzintla fue una de las pocas instituciones en poseer uno de los mejores instrumentos de esa época.

Las partes del telescopio fueron transportadas en camión desde Cambridge, Massachussets, hasta la frontera con México por dos jóvenes astrónomos, estudiantes graduados de Harvard: uno mexicano y otro estadounidense, ambos menores de 25 años de edad, en una demostración de confianza hacia la juventud.

En una colina con vestigios de la historia prehispánica de México, los edificios recién construidos brillaban bajo el sol invernal. Se aguardaba la llegada del presidente Ávila Camacho y su comitiva.

En la escalinata principal, frente a los dos volcanes, estaban las autoridades de Tonantzintla, la ciudad y el estado de Puebla, miembros del gabinete, diputados, senadores, intelectuales, maestros y científicos mexicanos, así como destacados astrónomos estadounidenses. Los europeos se encontraban aislados a causa de la II Guerra Mundial.

El Observatorio Astrofísico de Tonantzintla se inauguró el 17 de febrero de 1942, acto que marcó el principio de una nueva época en la ciencia mexicana.

El Dr. George Dimitroff, de Harvard, viajó a México para supervisar el montaje del telescopio y demostró su funcionamiento ante los asistentes a la ceremonia de inauguración.

El observatorio inició sus actividades con un evento de alta calidad académica: el Primer Congreso Interamericano de Astrofísica, en el que se contó con la asistencia de científicos mexicanos y una treintena de los astrofísicos más distinguidos de la época.

Los temas tratados fueron la estructura y constitución de la Vía Láctea, nuestra galaxia, así como su relación con otros sistemas galácticos. La reunión fue una de las más importantes en la historia de la ciencia, debido a los numerosos descubrimientos reportados.

Las festividades incluyeron recepciones, banquetes y paseos. Los participantes expresaron su satisfacción porque la astronomía ya contaba con un observatorio en una latitud geográfica de +19º, desde donde podía estudiarse casi la totalidad de la Vía Láctea.

Cuando fue inaugurado el Observatorio Astrofísico de Tonantzintla, en México no había un solo astrónomo formado y, debido al nacionalismo de la época, Luis Enrique Erro se negó a que vinieran astrónomos europeos que huían de la guerra.

Pasada la emoción y euforia inaugural, la realidad era que se trataba de una institución surgida de la nada, con elementos humanos que se enfrentaban con un tema nuevo y poco conocido. El ambiente de investigación no se podía crear por decreto.

Un grupo de jóvenes entrenados por la Universidad Nacional de México en Física Teórica estaba ilusionado ante la perspectiva de hacer astrofísica y se procuró darles instrucción.

Erro les daba charlas sobre astronomía durante las largas noches de observación en el telescopio, compartiéndoles su entusiasmo. Hubo un seminario en mecánica cuántica, otro sobre dinámica de sistemas estelares y un cursillo sobre fotometría astronómica.

Por otro lado, el telescopio Schmidt no tenía una óptica tan buena como se esperaba, pero se trató de llevar adelante algunos programas sobre estadística estelar, un legado de Harvard.

El tiempo mostró lo obsoleto de tal investigación. Sin embargo, con el instrumental disponible podían hacerse contribuciones valiosas sobre cúmulos estelares en la galaxia.

Durante los primeros años, ningún trabajo fue publicado dentro de la línea que trazaban los astrónomos de Harvard. El anhelo de los científicos mexicanos era encontrar un camino propio.

Un año después de la inauguración del observatorio, Erro organizó un Congreso de Física en Puebla, al que asistió un elenco de científicos extranjeros, con el objetivo de llamar la atención sobre el nuevo observatorio e impulsar la ciencia en México.

Estas actividades no bastaron para satisfacer las aspiraciones de los jóvenes; la teoría y la práctica se mantenían separadas, puesto que la cámara Schmidt no proporcionaba datos astrofísicos cuantitativos.

Las tensiones entre el personal y la dirección aumentaban. Varios elementos valiosos se alejaron para integrarse al Instituto de Física o al de Matemáticas, recién creados por la UNAM. Erro logró crear el observatorio, pero fracasó en su trato con los científicos.

Afortunadamente, al finalizar la II Guerra Mundial, Luis Rivera Terrazas volvió tras haber radicado un año en Yerkes y Guillermo Haro regresó de su estancia en Harvard.

Haro, un filósofo interesado en la astronomía, con gran fuerza de voluntad, aprovechó el vacío que había en Harvard por el conflicto bélico, pasando las noches observando y los días estudiando.

Impresionó con su capacidad a sus profesores y, en ausencia de los astrónomos dedicados a trabajos bélicos, se le encargó la dirección de la estación de observación de Harvard.

De regreso a México comenzaron sus diferencias con Erro, quien lo despidió de Tonantzintla. Haro tuvo tratos con la Universidad de Harvard para ir a trabajar a un observatorio que se estaba construyendo en Sudáfrica.

Entusiasmado, se dispuso a construir el nuevo observatorio africano, pero no recibió el esperado apoyo de Harvard. Erro lo invitó a hacer las paces y trabajar en Tonantzintla, donde realizó importantes descubrimientos.

En 1945 fue refinado el tallado del espejo de la cámara Schmidt en los talleres de Perkin-Elmer y se le colocó un nuevo prisma objetivo, con lo que se diversificó la investigación del telescopio, permitiendo estudiar el espectro de objetos celestes, estrellas y nebulosas.

Pronto aumentó el rendimiento astrofísico del observatorio. Sus investigaciones aparecieron publicadas en revistas científicas, se daban pláticas en la Sociedad Astronómica de México y había una intensa actividad académica.

A partir de 1950 se dieron a conocer los descubrimientos de estrellas de alta luminosidad y gigantes en el ecuador galáctico, nebulosas planetarias, estrellas azules, supernovas en otras galaxias y novas en la región de Sagitario.

Erro cosechaba finalmente el fruto tan deseado de la institución que fundó y guió durante los primeros años, difíciles e inciertos. Tonantzintla había encontrado su camino.

En esos años, fue columnista del periódico Excélsior, donde publicó artículos astronómicos. También escribió Axioma. El pensamiento matemático contemporáneo, Tratado sobre astronomía y Las ideas básicas de la astronomía moderna.

Aunque dejó el ámbito público a partir de 1940, Erro siempre fungió como consejero de la Presidencia de la República, desde Lázaro Cárdenas hasta Adolfo Ruiz Cortínez.

Permaneció como director del Observatorio Astrofísico de Tonantzintla hasta 1950, cuando decidió retirarse para dar paso a los jóvenes, considerando que su tarea estaba cumplida.

A los 53 años regresó a la Ciudad de México y continuó con su labor literaria. En una muestra de su versatilidad y amplia cultura, publicó un tratado sobre El lenguaje de las abejas.

Al año siguiente fue internado en el Hospital de Cardiología por un grave problema cardíaco, situación que aprovechó para escribir su novela Los pies descalzos, brillante exposición costumbrista sobre la actividad revolucionaria de Emiliano Zapata.

Lamentablemente su corazón no resistió y murió el 18 de enero de 1955, cuando acababa de cumplir 58 años. Sus restos fueron incinerados y llevados a Tonantzintla; su director, Guillermo Haro, los colocó en un pilote que señala la posición geográfica del observatorio.

Luis Enrique Erro escribió en colaboración con su amigo Arturo Rosenblueth el ensayo Acerca de cibernética, dos guiones cinematográficos inéditos: La marcha hacia el mar y Por aquí pasó Cortés, así como un ensayo sobre los libros del padre Garibay: La llave del náhuatl y El náhuatl.

En homenaje póstumo, la Unión Astronómica Internacional inmortalizó su nombre en uno de los cráteres de la Luna. El Instituto Politécnico Nacional nombró en su honor a la Escuela Técnica Comercial, hoy CECYT Luis Enrique Erro y al planetario de la Unidad Profesional de Zacatenco, cuya función primordial es la enseñanza de la astronomía a la juventud mexicana.

Luis Enrique Erro fue un hombre que vivió enamorado de su trabajo y supo servir a los demás, sin esperar que otros le sirvieran. Su obra permanece entre nosotros y sirve de base, estímulo y ejemplo en lo que fueron las dos grandes pasiones de su vida: la astronomía y la educación de la juventud mexicana.

Investigación y guión: Conti González Báez

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