En contra de la voluntad de sus padres, Martín Lutero se hizo monje agustino en 1505 y comenzó a estudiar teología en la Universidad de Wittenberg, en donde se doctoró en 1512. Al ser profesor, comenzó a criticar la situación en la que se encontraba la iglesia católica. Lutero protestaba por la frivolidad en la que vivían gran parte del clero, especialmente las altas jerarquías, esto, después de su visita a Roma.

Censuró también que las bulas eclesiásticas (documentos que teóricamente concedían indulgencias a los creyentes por los pecados cometidos) fueran objeto de un tráfico puramente mercantil.

Las protestas de Lutero fueron subiendo de tono hasta que, a raíz de una campaña de venta de bulas eclesiásticas para reparar la basílica de San Pedro, decidió hacer pública su protesta redactando sus célebres noventa y cinco tesis, que clavó a la puerta de la iglesia de Todos los Santos de Wittenberg en 1517 y que pronto serían impresas bajo el título Cuestionamiento al poder y eficacia de las indulgencias.

Las acertadas críticas que Martín Lutero dirigió a la disipación moral de la Iglesia romana, le valieron una rápida excomunión en 1520, pero también lo convirtieron en la cabeza visible de la Reforma, movimiento religioso que rechazaba la autoridad del Papado y aspiraba a un retorno a la espiritualidad primitiva.

Lutero completó el ciclo de su ruptura con Roma al desarrollar sus ideas en tres grandes escritos reformistas: Llamamiento a la nobleza cristiana de la nación alemana, La cautividad babilónica de la Iglesia y Sobre la libertad cristiana. Finalmente, el papa León X le condenó y excomulgó como hereje en una bula que Lutero quemó públicamente. El nuevo emperador, Carlos V, le declaró proscrito tras escuchar sus razones en la Dieta de Worms en 1521.

Lutero murió el 18 de febrero de 1546 tras sufrir dolores muy agudos en el pecho. Su legado principal fue la Reforma Protestante y haber logrado despojar poder a las autoridades que lo obtenían tergiversando los escritos religiosas.

La extensión del luteranismo dio lugar a las “guerras de religión” que enfrentaron a católicos y protestantes en Europa a lo largo de los siglos XVI y XVII, si bien las diferencias religiosas fueron poco más que el pretexto para canalizar luchas de poder en las que se mezclaban intereses políticos, económicos y estratégicos.

Te dejamos algunas de las frases donde Martín Lutero mostraban su postura con la iglesia católica:

1.- “Dios no necesita tus buenas obras pero tu vecino sí”

2.- “He desistido a la idea de que hay calidad alguna en mi corazón. Yo simplemente me aferro a Cristo y digo: Él es mi Justicia”.

3.- “La oración no es para cambiar los planes de Dios. Es para confiar y descansar en Su soberana voluntad”.

4.- “Usted no es solamente responsable de lo que dice, sino también de lo que no dice”.

5.- “Doy gracias a Dios por mis opositores, pues ellos me han inclinado a buscar más ardientemente a Cristo en las Escrituras”.

6.- “Debo al papa tanta obediencia como la que le debo al anticristo”.

7.- “La razón humana es como subir un hombre borracho a un caballo; lo subes por un lado, y se cae por el otro”.

8.- “El dueño de un prostíbulo no peca menos que un predicador que no entrega el verdadero evangelio. El prostíbulo es tan ruin como la iglesia del falso predicador”.

 

Redacción: Jonathan Navarro Tonix

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