En la mayoría de las ciudades los factores que acentúan el estrés de las personas es el uso de transporte público, especialmente el “metro” en las llamadas “horas pico”.

Investigadores en Estocolmo, Suecia, estudiaron la composición del aire en las estaciones subterráneas y las compararon con el aire de las calles. En ambas muestras se encontraron pequeñísimas partículas suspendidas, que medía 10 micrómetros de diámetro. El aire del metro resultó tener cinco a diez veces más partículas que el de la superficie.

Los investigadores tomaron parte de estas partículas y las pusieron en contacto en cultivos que contenían células de tejido pulmonar. Los resultados obtenidos mostraron que las partículas recogidas del aire subterráneo del metro, dañaron el ADN de las células de tejido pulmonar ocho veces más que las partículas recogidas del aire de la calle, las cuales también infligieron un daño celular cuatro veces mayor.

Los encargados de la investigación mencionaron que las células se lesionaron por la acción de unas sustancias denominadas “Radicales Libres”, las cuales son agresivas ya que destruyen las moléculas que se encuentran a su alrededor.

Los investigadores creen que las partículas del aire del metro provienen de la fricción de las ruedas del convoy con los rieles de acero, toda vez que en el aire del subterráneo se encontró diez veces más hierro que en el de la intemperie.

Los científicos mostraron su preocupación por las personas que pasan horas prolongadas en el metro, y llamaron la atención de los gobiernos por mejorar la tecnología de este transporte.

 

Redacción: Jonathan Navarro Tonix

 

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