Según consta en el papiro Ebers, que fue escrito por los egipcios hace 3500 años, los médicos aplicaban miel de abeja sobre las heridas para evitar que se infectaran. Esta propiedad se ha empleado en diversas culturas, sin embargo, por parecer remedio folklórico, algunos médicos se resisten a prescribirlo. No obstante, se ha comprobado que dicho néctar impide el desarrollo del estafilococo dorado, bacteria responsable de las más severas infecciones hospitalarias, ya que es resistente a todos los antibióticos.

Cuando se reproduce este microorganismo esférico, en su zona ecuatorial se forma un tabique que dividirá a las bacterias en dos. En esta formación interviene una proteína llamada FtsZ. Investigadores pudieron observar mediante un microscopio electrónico que la aplicación de miel sobre el estafilococo dorado inhibe la formación de esta proteína y por lo tanto su reproducción.

En el estudio emplearon la miel que producen unas abejas de Nueva Zelanda y cuando se aplicaron los azúcares aislados de dicho producto, no se observo ninguna acción antibacteriana, por lo que debe ser otro factor presente en él, aún desconocido, el que inhibe la reproducción del estafilococo.

 

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