La gran mayoría de las funciones de los seres vivos como la actividad cotidiana, el sueño, la alimentación, están moduladas por un reloj biológico que genera lo que se llama ritmo circadiano, que a su vez es regulado por señales ambientales externas como la luz del día y la oscuridad de la noche. Todo este mecanismo es controlado por genes específicos que al activarse, envían señales a una zona del cerebro conocida como el núcleo supraquiasmático en el hipotálamo, que se encuentra en la base del cráneo, algo similar al panel de control que procesa la diversidad de señales.

En un experimento, cuando unos ratones fueron sometidos a una dieta alta en grasa, su ciclo circardiano perdió el ritmo. A las dos semanas de consumir esa dieta, se despertaban durante la noche y en el día comían en exceso; en consecuencia aumentaron de peso.

A su vez, otros investigadores encontraron que aquellas personas que alteraban su ciclo circardiano porque trabajaban turnos nocturnos, tenían una mayor tendencia a ser obesos.

Los investigadores suponen que un excesos de grasa en la dieta rompe el ritmo de la activación de los genes que están involucrados en el apetito y el metabolismo. Su hipótesis es que se forma un circulo vicioso cuando la dieta alta en grasa trastorna el ciclo circardiano y la alteración del mismo afecta al apetito y el metabolismo.

 

Redacción: Jonathan Navarro Tonix

 

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