La joven Olga Hepnárova vive en la Checoslovaquia comunista a principios de la década de los setenta. Hija de una familia perteneciente a la aristocracia socialista, Olga tiene un marcado carácter antisocial, que la aleja de todos tanto en su propio hogar como en la unión de transportistas en la cual labora, asistiendo en los talleres mecánicos o manejando transportes públicos. Su incapacidad para encontrar a una pareja estable con la cual expresar su naturaleza homosexual (considerada ilegal por el régimen), su fracaso al querer independizarse y el odio que percibe por doquier hacia su persona la llevaron a arrollar a 20 personas el 10 de julio de 1973, matando a 8 de ellas. Su posterior juicio sorprenderá a la sociedad checa de su tiempo por la total falta de arrepentimiento que expresa la joven asesina en masa, quien considera su crimen como una venganza en nombre de todos aquellos que como ella han sido despreciados por todos.

Yo, Olga. Historia de una asesina (2016) es la ópera prima de dos cineastas egresados de la FAMU, la célebre escuela de cine de Praga de donde egresaron, antes de la invasión rusa a Checoslovaquia en 1968, realizadores como Vera Chytilová, Jiri Menzel y Milos Forman, entre otros. Uno de ellos, Petr Kazda, obtuvo la especialidad en Guión cinematográfico. El otro, Tomás Weinreb, cursó en dicha escuela un posgrado en Cine Documental y dirigió varios cortometrajes. De sus talentos combinados surge una implacable ópera prima que reflexiona de forma implacable acerca de cómo un sistema social profundamente represor y la intolerancia de quienes viven bajo su sombra se fusionan fatalmente para crear monstruos.

Es un acierto del filme esquivar a cada momento cualquier asomo de melodrama o buscar forzadamente la simpatía del espectador hacia la protagonista. Encarnada por la actriz polaca Michalina Olszanska, Olga Hepnárova es recreada como un manojo de nervios encarnados en el cuerpo desgarbado de una joven descuidada en su físico, rechazando a cada momento su femineidad para adoptar masculinas poses. Su vida es una montaña rusa emocional, que la puede llevar de intentar quitarse la vida sin conseguirlo a conquistar a una compañera de trabajo a la cual termina hartando por su inestabilidad emocional. Tan crispante como seductora, la protagonista pone en jaque al espectador después de cometer su horrendo crimen, pues junto con ella hemos caminado en su largo proceso de hartazgo que la lleva a convertirse en un ángel vengador bajo razones que para ella son totalmente válidas. Queda en el espectador si acepta o rechaza sus argumentos. Porque el filme puede resumirse también como una visión impresionista del mundo, en el cual las emociones a flor de piel de Olga se transmiten dolorosamente hacia quien presencia su historia.

Los realizadores suplen el melodrama o la identificación del espectador con la protagonista ejerciendo una puesta en escena de notable sobriedad, en la cual el primer plano es esencial para capturar las complejas emociones de Olga. Mientras que la fotografía de Adam Sikora derrocha un blanco y negro sin contrastes que recrea la grisura del comunismo checo, en el cual la verdadera esencia de los individuos se ejerce a escondidas, en los bares subterráneos o en los asientos traseros de los autos entre las sombras de un callejón. Un ambiente represor que poco a poco va minando la paciencia de nuestra protagonista, cuya fuerza en la mirada parece querer incendiarlo todo a su paso. Algo que no ocurre de inmediato, sino que se va fraguando lentamente, insulto tras insulto, vejación tras vejación, rechazo tras rechazo.

 

Víctima de ese mundo monocromático, en el cual no hay música ni luminosidad alguna. Retorcida heroína que lucha sola contra el mundo, Olga es una solitaria que nunca sonríe a quien los cineastas casi siempre retratan jugando con la profundidad del foco, aislándola visualmente de su entorno, en una maniobra utilizada magistralmente también en Taxi Driver (1976) de Martin Scorsese, una moderna tragedia urbana que tiene muchos puntos en común con la de Olga Hepnárova. Sin embargo, la masacre orquestada por el taxista transformado en ángel vengador que en el fondo busca destruirse tiene como víctimas a escorias del bajo mundo neoyorquino y termina siendo, retorcidamente, un héroe americano. Mientras que el crimen de Olga se nutre de inocentes, al no castigar a aquellos que la lastimaron sino atentar en contra de una sociedad de la cual ella ya no alcanza a distinguir un rostro definido.

José Antonio Valdés Peña

 

YO, OLGA. HISTORIA DE UNA ASESINA (Já, Olga Hepnarová, República Checa-Polonia-Francia-Eslovaquia, 2016). Dirección: Petr Kazda y Tomáš Weinreb. Guión: Petr Kazda y Tomáš Weinreb, basados en un texto de Roman Cílek. Fotografía en blanco y negro: Adam Sikora. Edición: Vojtech Fric. Con: Michalina Olszanska (Olga Hepnarová), Martin Pechlát (Miroslav), Klára Melísková (Madre), Marika Soposká (Jitka), Martin Finger (Dr. Hronec), Marta Mazurek (Alena). Compañías productoras: Black Balance, Barrandov Studios, Media Brigade, ALEF Film & Media Group, Arizona Film Productions. Producción: Vojtech Fric, Petr Kazda y Tomáš Weinreb. Distribución: La Ola. Duración: 109 minutos.

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