El compositor alemán Robert Alexander Schumann nació el 8 de junio de 1810 en Zwickau, Sajonia. Fue el hijo menor de August Schumann y Johanna Christiane Schnabel.

Su padre era autor, traductor, editor y librero Pese a ser un hombre exitoso y respetado, sufría severos ataques de ansiedad nerviosa. Su madre, quien le dio sus primeras lecciones musicales, vivía en un exagerado estado de dramatismo y era propensa a súbitas pasiones violentas y sentimentalismos.

El pequeño Robert pasaba horas en la librería paterna, leyendo las historias románticas de Byron y Sir Walter Scott, deseando ser poeta.

Estudió con el organista de la Iglesia de Santa María, Johann Gottfried Kuntzsch. Su papá le compró un magnífico piano y a los siete años empezó a componer pequeñas piezas musicales.

Dos años después asistió a un concierto del pianista y compositor Ignaz Moscheles, una experiencia inolvidable que llevó al niño a considerar la posibilidad de convertirse en pianista profesional.

A los diez años, Robert Schumann ofreció su primer concierto público e ingresó al Gymnasium o escuela secundaria de Zwickau. La educación que recibió fue enriquecida con su voracidad por la lectura. Leyó a los clásicos modernos, como Schiller, Goethe y Johann Paul Friedrich Richter, quien escribía novelas bajo el seudónimo “Jean Paul” y se convirtió en su autor favorito.

Estudió francés, italiano, inglés y latín, además de perfeccionar su idioma natal, alemán. Musicalmente, se familiarizó con Haydn, Mozart, Beethoven y Weber.

A los 12 años compuso su primera obra musical, el Salmo 150. Su padre intentó contratar a Carl Maria von Weber como maestro de composición para el talentoso joven, pero ambos murieron en 1826, cuando Robert tenía 16 años.

El mismo mes en que su padre murió, el joven vivió otra tragedia: el suicidio de su hermana Emilie. Los antecedentes familiares de inestabilidad mental propiciaron que Schumann fuera perseguido desde entonces por el temor de volverse loco.

Su madre se preocupó por su futuro; pese a notar su vocación creativa, decidió que debería estudiar una carrera más práctica, Leyes.

En medio del movimiento romántico alemán, la decisión materna le parecía poco atractiva a Schumann, quien viajó a Bavaria. Visitó en Bayreuth a la viuda de su ídolo Jean Paul Richter; ella le dio un retrato del escritor, que fue para él un verdadero tesoro.

A los 17 años entró a la Universidad de Leipzig, con poco interés en los estudios. Se dice que no asistió a una sola clase. Leer y tocar el piano ocupaban gran parte de su tiempo y el resto lo pasaba conociendo chicas, bebiendo champaña y fumando puros.

La muerte de Schubert en noviembre de 1828 lo hizo llorar toda la noche. Decidió asistir a las clases de piano del notable maestro Friedrich Wieck, desatendiendo por completo sus estudios. Su mamá le permitió dedicarse un año a la música, después de lo cual debería retomar su carrera universitaria.

A los 18 años, compartía sus lecciones de piano con la hija de nueve años de su maestro, Clara Josephine Wieck, quien parecía ser una niña prodigio. Al joven le parecía talentosa pero fea.

Después de un año, Schumann convenció a su madre para que le permitiera mudarse a la Universidad de Heidelberg, donde retomó sus estudios con desgano, sin dejar el piano. En el verano de 1829 viajó a Suiza e Italia, donde lo hechizó la ópera.

Al año siguiente, la experiencia de escuchar al gran virtuoso del violín Nicolo Paganini en Frankfurt fue decisiva en su determinación de seguir la carrera de pianista.

Regresó a Leipzig y le suplicó a su mamá que le pidiera a Wieck una evaluación objetiva sobre su potencial musical. El maestro tenía dudas sobre la disciplina y aplicación de su estudiante, pero sabía que podría llegar a ser un gran intérprete y músico e intercedió para que consintiera los deseos de su hijo.

A los 20 años, Robert Schumann se instaló en la casa de Friedrich Wieck para iniciar su carrera como pianista y compositor. Publicó su primera composición, una serie de variaciones llamada ABEGG, las iniciales en alemán de notas musicales recurrentes en sus piezas.

Clara Wieck tenía 11 años y ya era una artista consumada, lista para iniciar una gira de conciertos. Robert le contaba historias de fantasmas, jugaba con ella y la llevaba a pasear por el campo; eran felices juntos.

El maestro Wieck, dedicado a la carrera de concertista de su hija, desatendía las lecciones de Schumann; este comenzó a tomar clases de armonía y contrapunto con Heinrich Dorn, director de la Ópera de Leipzig.

En 1832 publicó su Opus 2 Les Papillons para piano y dejó la casa de Wieck. Comenzó intensivos estudios técnicos e incluso inventó un sistema de entrenamiento que incluía un dispositivo mecánico para fortalecer sus manos. Sin embargo, su sueño de convertirse en un virtuoso se vio truncado cuando comenzó a sufrir debilidad en los dedos índice y medio de la mano derecha.

Aunque el músico atribuyó esta lesión al estudio desmesurado y al uso del dispositivo mecánico, recientes investigaciones apuntan a que la causa fuera envenenamiento por mercurio, un efecto secundario del medicamento que tomaba para tratarse la sífilis que padecía y que en aquella época no podía curarse.

A los 22 años, Schumann se vio forzado a enfocarse en la composición. Aunque le escribió a su madre que lo aceptaba con resignación, estaba desanimado. Al año siguiente, tras la muerte de su hermano Julius y su cuñada Rosalie, tuvo una crisis nerviosa e intentó suicidarse.

La compañía de sus amigos músicos en Leipzig lo ayudó a superar ese difícil momento. Schumann siempre se había sentido atraído por la literatura y en las reuniones en cafés surgió la idea de fundar la Nueva Revista de Música. Como crítico y musicólogo, estableció pautas de composición y arremetió contra la hipocresía, el academismo y el virtuosismo carente de base.

Aunque sus críticas mordaces le crearon enemistades, escribió interesantes artículos apoyando a músicos contemporáneos como Chopin, Berlioz y Mendelssohn. Mientras tanto, su composición progresaba.

A los 24 años, se enamoró de Ernestine von Fricken, alumna de Wieck, cuya casa seguía frecuentando. Conoció a sus admirados Chopin y Mendelssohn, quien se casó con una hermana suya; pronto, Schumann perdió interés en su relación con Ernestine.

Clara Wieck ya tenía 16 años, se había convertido en una famosa pianista y tenía muchos admiradores, incluyendo al gran Franz Liszt. Robert Schumann, de 25 años, con frecuencia le pedía consejo. La joven se sintió atraída por él, quien también vio con otros ojos a Clara; poco después, se confesaron su amor.

La mamá de Schumann se sintió feliz con la noticia, pero el maestro Wieck enfureció. Veía el romance como un obstáculo para la espléndida carrera de Clara, en la que tanto había invertido.

Veía un gran futuro para su alumno, pero no le parecía buen prospecto como yerno. Aunque sus composiciones mejoraban, no era conocido ni tenía dinero, era inconstante, estaba enfermo y bebía.

Amenazó al joven con darle un tiro si volvía a acercarse a su hija y rompió toda relación con él. Clara fue puesta bajo estricta vigilancia, su correo era abierto y no tenía permitido salir de la casa sola.

La muchacha, aún bajo la tutela del padre, se vio forzada a abandonar a Schumann, quien al año siguiente sufrió la muerte de su madre, quedando sumido en la depresión y la bebida.

Clara continuó con sus giras de conciertos y Robert volvió a escribir música. Fue una etapa muy productiva, con trabajos para piano como la Fantasía Kreisleriana, nombre tomado de Kreisler, un personaje de Hoffman, la Fantasía en Do Mayor y el Carnaval de Viena, con los que estableció su reputación como gran compositor.

Los enamorados se comprometieron en secreto, Friedrich Wieck los descubrió y comenzó una feroz lucha por su amor, que duró cuatro años.

La lucha de Robert Alexander Schumann y Clara Josephine Wieck por su amor culminó en 1839, cuando la joven aceptó recurrir a la justicia para obtener el permiso de casarse sin el consentimiento de su padre.

Durante el largo juicio murió otro hermano de Schumann, Eduard, y se presentaron los primeros problemas mentales del músico, que no compuso nada, sumido en la angustia y la depresión.

Finalmente, la justicia admitió la demanda de Robert y Clara; obtuvieron permiso para contraer matrimonio el 12 de septiembre de 1840, un día antes de que ella cumpliera 21 años. Él tenía 30.

Robert le regaló a Clara un diario, recomendándole que escribieran todos los días e intercambiaran sus diarios semanalmente para reflexionar sobre la música que escucharan o tocaran, sus proyectos de trabajo y notas personales.

La influencia de ella en la vida y música de Schumann fue decisiva. Durante el primer año de matrimonio, compuso cerca de 150 obras musicales. Como inventor de melodías no tenía rival; fue el primer gran maestro del género lied después de Schubert.

El amor le inspiró muchas obras famosas, principalmente piezas para piano que Clara pudiera tocar. Ella quería que también utilizara su talento componiendo para la orquesta; el músico empezó a trabajar en esbozos sinfónicos y oberturas, siempre con el piano como protagonista.

Su Primera Sinfonía en Re Menor lleva el subtítulo de Primavera, alusivo a la felicidad que gozaba con su esposa; fue estrenada bajo la conducción de Felix Mendelssohn en marzo de 1941.

Ese mismo año, Robert y Clara tuvieron a su primera hija, Marie. Pese a las dificultades iniciales, fue uno de los matrimonios más estables dentro de la música. Estudiaban juntos y ofrecían conciertos; ella tocaba y él componía.

Al año siguiente, Schumann se dedicó a componer música de cámara. Tras estudiar los trabajos de Haydn y Mozart, compuso tres cuartetos para cuerdas, un quinteto para Piano, un cuarteto para piano y las Fantasías para Clarinete y Piano.

Poco después tuvo un agotamiento nervioso, cuyos efectos duraron varios meses. Durante esos ataques, cada vez más frecuentes, temía quitarse la vida o sufrir un colapso mental.

Más tranquilo, en 1943 tuvo éxito en un nuevo género, el oratorio; su nombre comenzó a ser reconocido internacionalmente. Trabajó como profesor de piano, composición y lectura a primera vista del recién fundado Conservatorio de Leipzig, puesto que consiguió gracias a la recomendación de su cuñado Mendelssohn. Conoció a Berlioz y continuó promoviendo la causa de la música.

Debido a la inestabilidad física y mental de su esposo, Clara tomó muchas responsabilidades familiares, las cuales le impedían practicar, tocar y componer.

A menudo, la proximidad de sus dos pianos hacía imposible los esposos trabajaran simultáneamente en casa, ya que se distraían uno al otro. Inevitablemente, Clara dejaba su música a un lado por Robert.

Cuando Mendelssohn se retiró de la dirección de la Orquesta Gewandhaus de Leipzig, Schumann se sintió profundamente herido de que no le ofrecieran el puesto. Estaba desilusionado y, para alejar la depresión, buscó una cura en el contrapunto, dedicándose a estudiar las fugas de Bach.

Tras el nacimiento de su hija Elise, Clara decidió ayudar a las finanzas familiares con una gira de conciertos en Rusia. Infeliz e inquieto, Robert la acompañó. El resultado fue una crisis nerviosa más severa, que lo alejó por completo del periodismo.

En 1944 la familia se mudó a Dresde. Schumann trabajó dirigiendo la Liedetafen, mientras se recuperaba del cansancio mental producido por la composición de la música para la obra Fausto.

La ciudad era muy conservadora y no aceptaba los cambios musicales. Clara sentía que nadie en Dresde sentía verdadero amor por la música, que la capital de Sajonia era un desierto musical, y que ella y su esposo no podían ser felices allí. Sin embargo, él tenía un trabajo que ayudaba a mantener a la familia tras el nacimiento de su tercera hija, Julie, y su primer hijo, Emil.

A Schumann le gustaban los niños y compuso Escenas de Niños; además, creó el Álbum para la Juventud, un conjunto de piezas relativamente simples para que los niños jugaran y aprendieran.

A partir de 1846 volvieron los momentos duros en la vida del compositor, ya que su problema nervioso se complicó con alucinaciones sonoras.

Al año siguiente, murieron su gran amigo y benefactor Felix Mendelssohn y su hijito Emil, de apenas 16 meses. Schumann se sumió en una profunda depresión.

Un año después nació otro hijo de la pareja, Ludwig, lo que animó al músico a terminar su ópera Genoveva, que se estrenó en Leipzig. Pese a periodos de inestabilidad y depresión, su productividad aumentó.

En 1849, el movimiento revolucionario llegó a Dresde y el músico Wagner fue enviado prisión. Cuando parecía que Schumann podía ser arrastrado también al conflicto, decidió refugiarse en el campo.

Clara lo llevó junto con su hija mayor Marie al relativamente seguro castillo de un amigo en la cercana población de Maxen. Luego regresó, cruzando las líneas de batalla con otras dos mujeres, para recoger a sus otros tres hijos. Hizo todo esto con un embarazo de siete meses.

En 1850 nació su hijo Ferdinand y Schumann fue nombrado director musical de Düsseldorf, a cargo de una orquesta y dos coros de la iglesia. En esta ciudad se instalaron en una casa muy amplia, con espacio suficiente para que Robert pudiera componer y Clara practicar el piano sin distraerse mutuamente.

La salud de Schumann no mejoró. Sufrió de fiebres reumáticas y problemas motrices, su depresión volvió y le provocó insomnio. Pese a todo, recuperó su pasión por la composición y creó importantes obras como las sonatas para violín y piano, el Concierto para Violonchelo y Orquesta, la Música Incidental para Julio César y el Réquiem para Mignon.

Sin embargo, su labor como director musical dejó mucho qué desear. Su indiferencia al dirigir, falta de confianza en las situaciones sociales e inestabilidad mental hicieron que las inicialmente cálidas relaciones con los músicos locales fueran deteriorándose, hasta que tres años después fue obligarlo a dimitir por incapacidad para el cargo.

Mientras tanto, nació su hija Eugenie y su habilidad para componer permaneció intacta. Algunas obras de este periodo son la Tercera Sinfonía Renana, el Concierto para Violonchelo, la versión final de la Cuarta Sinfonía, varias oberturas, dos sonatas para violín, dos cantatas, una misa y un réquiem.

Entonces llegó a su vida un joven de 20 años, recomendado por su amigo el violinista Joseph Joachim. Se trataba de Johannes Brahms, a quien pidió que tocara el piano para conocer su música. Después de unos cuantos compases, Schumann lo detuvo y, emocionado, llamó a Clara para que también lo escuchara.

Entusiasmado por su talento y después de 10 años sin colaborar en la Nueva Revista de Música, escribió un apasionado artículo titulado Nuevos Caminos, presentando a Brahms al mundo musical. Este se convirtió en un amigo de la pareja y fue un gran apoyo para Clara durante los difíciles días que siguieron.

A principios de 1854 la condición de Schumann, de 44 años, empeoró. Escuchaba voces de ángeles y escribía su música, pero luego se convirtieron en demonios y no pudo recuperarse.

Durante una tormenta, le dijo a Clara que ya no tenía control sobre su mente y que tenía miedo de lastimarlos a ella o a sus niños. Dejó la habitación; ella pensó que sería por un momento, pero Robert salió corriendo de la casa y se arrojó desde un puente al Río Rin. Fue rescatado por unos lancheros.

Al día siguiente, el músico pidió ser llevado al asilo del Dr. Richarz en Endenich, donde permaneció durante dos años. Cuatro meses después nació su octavo hijo, Felix, a quien nunca conoció.

Schumann no estaba encerrado, podía recorrer libremente los terrenos de la institución mental y ocasionalmente visitaba a la tumba de Beethoven en la cercana ciudad de Bonn.

Había un piano en su cuarto, pero su condición mental empeoraba. Al parecer, sufría de depresión maníaca y psicosis. Recibía las visitas de Joachim y Brahms, pero no deseaba ver a nadie más, ni siquiera a su esposa; ella lo observaba desde lejos.

Johannes Brahms consolaba a Clara en Dusseldorf; tocaban música y leían juntos. Ella inspiró una vez más un amor que encontró su expresión en la música. Brahms le dedicó el Adagio de su Concierto para Piano en Re Menor. Instalado en casa de los Schumann desde que el compositor fue internado, siempre mantuvo en secreto su amor, por respeto a su amigo.

Apoyada por sus amistades, la esposa de Schumann continuó dando conciertos para mantener a sus hijos y pagar las cuentas del hospital.

Cuando regresó de una gira por Inglaterra, Robert finalmente le permitió visitarlo después de dos años de no verse; lo encontró muy débil, enfermo de neumonía. Ella lo ayudó a tomar un poco de vino y un poco se escurrió en sus dedos. Schumann tomó el vino de la mano de Clara y fue la última vez que se vieron.

Robert Alexander Schumann murió solo, a las cuatro de la tarde del día siguiente, 29 de julio de 1856, víctima tanto de la sífilis como de los tratamientos médicos que recibió. Tenía 46 años.

Después de su muerte, Clara se dedicó a editar sus trabajos y correspondencia, promover su música, retomar su carrera como concertista y continuar a cargo de sus siete hijos. La pianista más importante del siglo XIX murió de un infarto a los 76 años.

Robert Schumann es considerado el máximo exponente del romanticismo alemán. El paralelismo entre su música y su vida lo convirtió en el músico romántico por excelencia. En su música se alternan los pasajes impetuosos con los de carácter melancólico, los dos aspectos de su personalidad.

Su influencia ha sido enorme, no solo por la novedad de su técnica, sino por el contenido ideológico y sentimental que encierra su música, siempre actual.

Investigación y guion: Conti González Báez

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