Desde hace algunos años se sabe que las personas que sufren de soledad o aislamiento social, término empleado por los psicólogos, son más propensas a contraer cierto tipo de enfermedades. Sin embargo, la soledad es un sentimiento subjetivo de diagnosticar o medir.

En la actualidad, un equipo de médicos, genetistas y psicólogos han logrado, objetivamente observar los objetos de la soledad. Haciendo un estudio genético de personas que se sufrían aislamiento social y comparándolo con el de gente que vivía e interactuaba socialmente de forma normal, encontraron diferencias muy definidas.

En los glóbulos blancos de personas que sufrían de soledad, encontraron que los genes responsables de producir las proteínas que tienen una acción antiinflamatoria son menos activos. En cambio, se observó en estas mismas personas una mayor actividad de los genes responsables de la producción de proteínas que causan inflamación.

El efecto del aislamiento social sobre los genes nos permite entender por qué estas personas tienen un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, infecciones virales, artritis y, por lo tanto, una mayor tasa de mortalidad.

Es indudable, que el ser humano necesita de los vínculos sociales.

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