Un grito desesperado. Meses después de que su hija fuese ultrajada y asesinada, Mildred contrata los servicios de una agencia de publicidad para darle a uso a tres desvencijados anuncios espectaculares que se encuentran a la entrada de la localidad donde vive, Ebbing, condado de Missouri. De forma tan sencilla como contundente, a través de tres frases expuestas (“Violada mientras moría”-“¿Aún no hay arrestos?”-“¿Cómo es posible, jefe Willoughby?”), Mildred reta a la policía local para acelerar la resolución del crimen impune. La odisea personal de la protagonista de Tres anuncios por un crimen (2017) no deja indiferente a nadie, pues en algún momento de nuestras vidas la rabia ante una injusticia, ante la impunidad y otros demonios, termina por brotar a través de un grito que no mide consecuencias.

Si en La forma del agua (2017) de Guillermo del Toro personajes que pertenecen a grupos vulnerables por razones de preferencia sexual, género, raza o discapacidad encuentran su voz a través de la fábula fantástica, en éste tercer largometraje del inglés Martin McDonagh la heroína del relato se rodea de otros seres quienes, al igual que ella, resultan en alguna forma marginados por idénticas razones: Mildred como una mujer madura, poco educada, clasemediera, divorciada de un hombre violento y que existe justicia a un feminicidio; Jerome y Denise, sus amigos afroamericanos, vulnerables ante el racismo inherente en medio de ese Medio Oeste estadunidense; o bien, el empresario James, cuya baja estatura es tolerada socialmente, no sin cierto recelo. Lo triste es que esa marginación parece ser asumida de forma natural por ellos mismos, hasta que una luz aparece. La batalla campal entre Mildred y el sistema provoca en ella y quienes le rodean un despertar de conciencia, pues es intolerable ser tolerado.

El monstruo de mil cabezas contra el cual Mildred arremete es representado por dos peligrosas vertientes. Una de ellas, la policía de Ebbing, todo un muestrario de seres humanos atormentados por demonios muy variados que son responsables de mantener la paz en el condado. Comenzando por el jefe Willoughby, un hombre bueno en el fondo, pero incapaz de contener la prepotencia de un puñado de subalternos para quienes el abuso de poder, rozando con la violencia extrema, les resulta de lo más normal. Uno de ellos, Dixon, guarda dentro de sí una notable riqueza emocional. Hombre apocado, de rudas maneras, que vive con su madre y sufre de alcoholismo, es una bomba de tiempo siempre a punto de estallar. La presión ejercida por Mildred hacia el cuerpo policiaco provoca que las pasiones se desborden también, acorralando a Willoughby en tal modo que es incapaz de equilibrar su incapacidad expuesta por los tres anuncios a las afueras del pueblo con la tragedia personal de una enfermedad terminal, encaminándose a un abrupto final de sus días.

Un acto que provoca la explosión emocional de Dixon, quien arremete con furia contra quienes siente que son los culpables de su desgracia. Así, mientras los representantes de la ley se desmoronan por dentro, la otra vertiente del monstruo se advierte más peligrosa, cuando las fuerzas vivas de la comunidad arremeten a su vez contra la cruzada de Mildred, desde un sacerdote chantajista, adolescentes altaneros y un dentista francamente imbécil, hasta los propios medios de comunicación locales para quienes la protagonista puede pasar de heroína a villana según las necesidades del rating televisivo.

Tres anuncios por un crimen trasciende las convenciones de los muchos géneros que atraviesa (el melodrama, el thriller, ciertos elementos del Film Noir) para amoldarse al estilo del realizador de En brujas (2008) y Siete psicópatas y un perro (2012). McDonagh es un notable creador de diálogos para sus personajes, alternando la capacidad de conmover con una franqueza que raya en la grosería, haciendo más palpable la áspera personalidad de sus protagonistas. Por otra parte, gracias a una serie de notables vueltas de tuerca en la trama y un sabroso sentido de la ironía, los personajes del filme giran en la empatía del espectador, revelando sus verdaderas esencias e inclusive, mediante un retorcido final feliz, abriendo una luz de esperanza al final del túnel moral en el cual se encontraban.

El realizador se aleja de los blancos y negros para apostar por los matices grises, resaltando la complejidad de personajes dolorosamente humanos. El retrato que de ese taciturno Medio Oeste estadunidense hace el director no busca ser hiperrealista, sino más bien costumbrista, muy cercano al universo de los hermanos Coen, pero sin el delirio visual que caracteriza a estos notables realizadores. McDonagh encuentra en la sobriedad narrativa y estética la forma idónea para contar su historia, dándose la oportunidad inclusive de un remanso onírico en esos amaneceres nublados de Ebbing, retratados con la melancolía de los pueblos en los que ha anidado la tristeza, o bien, el breve encuentro entre Mildred y un hermoso ciervo, a campo abierto, quizás el último remanso de inocencia en un mundo que parece haber perdido la brújula.

 

José Antonio Valdés Peña

 

TRES ANUNCIOS POR UN CRIMEN (Three billboards outside Ebbing, Missouri, Estados Unidos, 2017). Dirección y guión: Martin McDonagh. Fotografía en color: Ben Davis. Música: Carter Burwell. Edición: Jon Gregory. Con: Frances McDormand (Mildred Hayes), Woody Harrelson (Willoughby), Sam Rockwell (Dixon), Caleb Landry Jones (Red Welby). Compañías productoras: Fox Searchlight Pictures, Blueprint Pictures, Film 4 Productions. Producción: Graham Broadbent, Pete Czernin y Martin McDonagh. Distribución: 20th Century Fox. Duración: 115 minutos.

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