Valentina Vladimirovna Tereshkova nació el 6 de marzo de 1937 en Maslennikovo, una aldea a 200 km de Moscú, Rusia, entonces parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Pertenecía a una familia campesina de escasos recursos. Cuando tenía dos años, su papá, el sargento Vladimir Tereshkov, murió combatiendo durante la campaña de Finlandia en la II Guerra Mundial. Su mamá, trabajadora textil y viuda a los 27 años, tuvo que criar sola a sus tres hijos.

La familia se trasladó a la ciudad de Yaroslavl, a orillas del Volga; la madre y la hermana mayor se emplearon en una fábrica textil. Su mamá trabajaba tanto, que Valentina y sus hermanos nunca la vieron en un momento de ocio o descanso.

Valya, como le llamaban cariñosamente, también tuvo que trabajar a los 17 años como obrera, mientras estudiaba la secundaria nocturna y tomaba cursos por correspondencia. Era una chica sana, sociable, deportista y muy audaz; tanto, que practicaba el paracaidismo en un club aéreo de aficionados.

En diciembre de ese año, una comisión especial estuvo recorriendo los clubes de paracaidistas, con el objetivo de seleccionar candidatos para vuelos espaciales.

Las naves soviéticas Vostok no tenían mecanismos seguros para frenar y aterrizar. Debido a esto, los cosmonautas era catapultados de la cápsula cuando se encontraba a 10 km del suelo y completaban el descenso en paracaídas.

El entonces líder soviético, Nikita Kruschov, soñaba con que una soviética fuera la primera mujer que viajara al espacio para continuar la senda marcada por Yuri Gagarin, el primer hombre en el espacio.

Con una experiencia de 163 saltos en paracaídas y pese a su juventud, Tereshkova fue elegida candidata. Dos meses después, entre más de 400 aspirantes y tras una dura competencia con todo tipo de pruebas físicas, técnicas e intelectuales, cinco mujeres fueron seleccionadas para el Cuerpo Femenino de Cosmonautas; entre ellas, Valentina Tereshkova.

De inmediato comenzó su preparación en el Centro de Entrenamiento para Cosmonautas. Consistía en un duro adiestramiento físico, para habituarse a la ausencia de gravedad en el espacio.

Las jóvenes giraban “por diez”, como denominaban a las 10 unidades de sobrecarga; su peso de 60 kilos se convertía en 600 kg con la fuerza centrífuga.

Recibían clases teóricas de matemáticas, meteorología, astronomía, física, diseño de cohetes, computación y navegación espacial. Además, había vuelos en jets, saltos en paracaídas y largos periodos de aislamiento para prepararlas psicológicamente.

Como se trataba de una misión dual, al principio estaba planeado que volaran dos mujeres, una en la nave Vostok 5 y otra en la Vostok 6, pero el Soviet Supremo decidió que solo iría una mujer, mientras que un varón tripularía la otra nave. La selección definitiva se hizo en el último momento.

Primero fue lanzada la Vostok 5, con el cosmonauta Valery Buykovsky a bordo. Dos días después, el 16 de junio de 1963, desde la base espacial de Baikonur, despegó la nave Vostok 6 tripulada por Valentina Tereshkova. Con 26 años, se convirtió en la primera cosmonauta de la historia.

Tenía como nombre en clave Chaika, que significa gaviota en ruso. Su primer mensaje fue: “Aquí Chaika. En la escotilla veo el horizonte. A través de las nubes distingo una franja celeste. Ahí está la Tierra. ¡Qué hermosa es! Todo marcha bien.”

Ambas naves establecieron contacto por radio y llegaron a estar a menos de 5 km de distancia mientras orbitaban la Tierra. Buykovsky tenía como nombre en clave Yastreb, que significa halcón. La gaviota y el halcón surcaron el espacio, unidos por un hilo invisible.

Tereshkova condujo la nave durante 71 horas, casi tres días, suficientes para superar en un 50% el tiempo sumado por todos los astronautas estadounidenses que habían circunvolado el planeta.

Además de todo lo concerniente al control de la nave, realizó numerosos experimentos, relacionados con la radiocomunicación y el análisis comparativo de los efectos del vuelo espacial en el organismo de hombres y mujeres.

Durante una conversación radial con la Vostok 6, Kruschov, emocionado, le dijo a la cosmonauta; “Permítame llamarle simplemente Valentina, Valya. Nos sentimos llenos de orgullo por tener a una de nuestras jóvenes en el espacio”.

Tras haber dado 48 vueltas a la Tierra, Tereshkova aterrizó el 19 de junio. Unas horas después aterrizó su compañero Buykovsky. En ese entonces, su hazaña pasó casi desapercibida en prácticamente todo el mundo occidental, debido a la Guerra Fría.

Incluso hubo quienes intentaron quitar méritos a la primera incursión femenina en el espacio, diciendo que se trataba de un mero acto propagandístico de los comunistas.

Aunque Tereshkova se mantuvo al margen de esta polémica, dijo que nunca aceptaría que su vuelo fue solo propaganda, porque se preparó para ello cabalmente. Llegó como paracaidista y se convirtió en cosmonauta.

Fue muy difícil. La Vostok 6 no contaba con los adelantos que existen ahora y ella soportó el largo vuelo en el incómodo habitáculo de la nave, donde apenas podía moverse, cumpliendo con el programa trazado para la misión.

Valentina Tereshkova fue nombrada Heroína de la Unión Soviética y distinguida con la Orden de Lenin. Cuando se le preguntó cómo podría agradecerle la Unión Soviética su servicio a la patria, pidió buscar y dar a conocer el lugar donde su padre había muerto en acción. Se construyó un monumento en Lemetti, frontera rusa con Finlandia, país que visitado varias veces la cosmonauta.

Cinco meses después se casó con su colega el cosmonauta Andrian Nikolayev, en una ceremonia encabezada por Nikita Kruschov. Se comentó que fue decidido por los dirigentes soviéticos, con el objetivo de armar un “matrimonio cósmico”.

Al año siguiente, la pareja tuvo una hija, Elena Andrianovna. La “bebé espacial” fue sometida a numerosos exámenes, por ser la primera persona cuyos padres habían viajado al espacio; se comprobó que era una niña normal.

Aunque estaban previstos más vuelos tripulados por mujeres e incluso una tripulación en una nave de tres plazas, el grupo femenino se disolvió.

Tereshkova estudió en la Academia de la Fuerza Aérea y se graduó como ingeniera espacial en 1969. Continuó trabajando en el programa espacial y fue la única mujer que obtuvo el grado de general de aviación.

Debido a su prominencia, ocupó diversos cargos políticos en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Fue miembro del Soviet Supremo, formó parte del presídium y perteneció al Comité Central del Partido Comunista.

Presidió el Comité de Mujeres Soviéticas y representó a su país en la Conferencia Mundial de la ONU sobre el Año Internacional de la Mujer, celebrada en México en 1975. Dos años después, recibió su doctorado en Ingeniería.

Tereshkova se divorció de Nikolayev en 1982 y se casó por segunda vez con el Dr. Yuri Shaposhnikov, quien murió en 1999. Tras el colapso de la Unión Soviética, encabezó la Agencia para la Cooperación Internacional de Rusia. Al cumplir 60 años, se retiró de la fuerza aérea y el cuerpo de cosmonautas.

Fue miembro del comité editorial de la popular revista científica Vuelo, trabajo como científica en el Centro de Entrenamiento de Cosmonautas Yuri Gagarin y colaboró en proyectos de ayuda a huérfanos, así como en la promoción científica y cultural de Rusia.

En los años 60, su hazaña inspiró una canción popular en la Unión Soviética, Valushka. También le han dedicado canciones la chilena Violeta Parra, el canadiense Kurt Swinghammer y la banda de electropop Komputer.

Con motivo de su cumpleaños número 70, Valentina Tereshkova fue recibida en 2007 por el presidente ruso Vladímir Putin, quien destacó la enorme contribución de la primera cosmonauta al desarrollo de las relaciones entre Rusia y otras naciones.

Dijo que su vuelo espacial es un orgullo del pueblo ruso, le regaló un ramo de flores y un cuadro de la pintora Natalia Tkachenko, la felicitó con motivo del Día Internacional de la Mujer y firmó un decreto para condecorarla con la Orden al Mérito.

Durante la ceremonia en el Kremlin, todos los asistentes se tomaron fotos con la heroína, quien incluso tuvo que posar junto al perro Connie, mascota de Putin.

Tras varios años de silencio, Tereshkova reveló algunos secretos de su histórica misión espacial. En particular, que el primer vuelo al espacio de una mujer pudo terminar en tragedia.

Relató que se produjo un error en el programa de vuelo; con cada nueva vuelta, en vez de acercarse a la Tierra, la nave se alejaba. En la segunda jornada de su misión, el Centro de Control de Vuelos de Moscú logró devolver la nave a la órbita prevista.

Hoy abuela de dos nietos, se siente feliz de ser una de las pioneras de la exploración del espacio y aseguró que, si contara con el dinero suficiente, viajaría otra vez al espacio como turista. Confesó que también disfrutaría volar a Marte, el sueño de los primeros cosmonautas; incluso, con solo el boleto de ida.

Ha sido honrada con la Medalla de la Paz de las Naciones Unidas, distinguida como “La Mujer del Siglo XX” por la Asociación Internacional de Mujeres y recibido doctorados Honoris causa en varias universidades.

Calles, escuelas, museos, poblaciones y un cráter en la Luna llevan su nombre. El año pasado, el Museo de la Ciencia de Londres presentó una exposición dedicada a la cosmonauta.

Actualmente Valentina Tereshkova tiene 81 años, es diputada de la Duma regional en la ciudad de Yaroslavl y aún sueña con viajar a Marte.

 

Investigación y guión: Conti González Báez

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