Rembrandt Harmenszoon van Rijn nació el 15 de julio de 1606 en la ciudad holandesa de Leiden. Fue el octavo de los diez hijos del molinero Harmen Gerritszoon van Rijn y Neeltgen Willemsdochter van Suydtbroek, hija de un panadero.

El molino de grano familiar se encontraba en las fortalezas, dentro de los muros de la ciudad. El apellido van Rijn indica que la familia había vivido durante varias generaciones junto o cerca del río Rin.

Los llamados Países Bajos, que entonces eran Holanda, Bélgica y Luxemburgo, habían estado bajo el dominio de España. En 1609, cuando Rembrandt tenía tres años, las provincias del Norte, con el liderazgo de la Casa de Orange, obtuvieron la libertad por la que habían luchado durante 80 años. La nueva nación se llamó Provincias Unidas, de las cuales Holanda era la más poblada y rica.

De niño, Rembrandt les pareció a sus padres el más prometedor de sus hijos y decidieron darle una buena educación. Los molineros ganaban bien en aquellos tiempos y enviaron al pequeño de siete años a la Escuela Latina de Leiden.

Allí se daba un gran énfasis a los estudios religiosos y las historias bíblicas, cuya lectura se sumaba a las obras de autores como Cicerón, Virgilio, Ovidio, Horacio y Esopo, todas en latín.

Los estudiantes conversaban en esta lengua y Rembrandt se acostumbró a la forma latina de su nombre, Rembrantus Harmensis Leydensis (Rembrandt el hijo de Harmen de Leiden). Por esta razón, firmaba sus primeros trabajos con el monograma RHL.

Rembrandt no solo pasó los cursos, sino que más tarde los recordaba en detalle; sus pinturas históricas y mitológicas reflejan una meticulosa atención a los textos en los que están basadas.

Cuando cumplió 14 años, fue inscrito en la prestigiosa Universidad de Leiden. La inscripción a una edad tan temprana no era excepcional en ese entonces; gracias a ella, los estudiantes obtenían ciertos privilegios, como no tener que participar en la milicia, así como recibir cerveza y vino exentos de impuestos.

No siguió una sola clase en la universidad. Después de un par de meses decidió abandonar los estudios y dedicarse a lo que se había convertido en su gran pasión, la pintura.

El joven tuvo que convencer a su padre de que estudiar no era lo suyo y obtuvo el permiso para iniciar su aprendizaje en el taller de Jacob van Swanenburgh, un pintor que había estudiado en Italia.

Se especializaba en escenas arquitectónicas y vistas del infierno; no era muy talentoso, pero enseñó a Rembrandt los fundamentos del dibujo, el grabado al aguafuerte y la pintura.

El joven Rembrandt seguía viviendo en Leiden con sus padres y sus hermanos Gerrit, Machtelt, Cornelis y Lysbeth. Sus hermanos Willem y Adriaen ya habían dejado el hogar.

Después de tres años, continuó su aprendizaje con un pintor de mayor relieve, Pieter Lastman, a cuyo taller en Ámsterdam se mudó a los 18 años. Lastman también había estudiado en Italia y pintaba escenas bíblicas, mitológicas e históricas.

Aunque Rembrandt solo estuvo seis meses con él, su influencia fue muy importante, sobre todo en la estructura de sus obras y el manejo del claroscuro al estilo del italiano Carvaggio. Al parecer, también frecuentaba el taller de Jan Pynas.

Rembrandt volvió a Leiden, donde abrió un pequeño taller con su amigo Jan Lievens. De esos años es su primera obra conocida, La lapidación de San Esteban.

Entre los admiradores de los dos talentosos jóvenes estaba el estadista Constantijn Huygens, padre del famoso astrónomo e inventor Christiaan Huygens y secretario del príncipe Federico Enrique de Orange. En 1628 obtuvieron sus primeros encargos de la corte en La Haya.

Con tan solo 22 años, Rembrandt tuvo su primer alumno, Gerrit Dou. En 1629 completó el primero de los muchos autorretratos que pintó durante su vida.

Muestra a un joven de cabello ensortijado, desbordante de confianza, con una vestimenta que indica su ambición. Su rostro aparece envuelto en sombras tan oscuras que apenas dejan entrever sus facciones, algo toscas.

Su fama aumentaba y cada vez tenía más encargos de Ámsterdam, sobre todo de retratos que conseguía mediante el comerciante de arte Hendrick van Uylenburgh.

A los 25 años, tras la muerte de su padre, Rembrandt dejó su ciudad natal para radicar definitivamente en Ámsterdam. Conoció a importantes personajes a través del comerciante Hendrick, quien seguía encargándole retratos, que aumentaron su fama y fortuna.

El manejo magistral de la luz se convirtió en su sello, ya que a través de esta fue capaz de describir sentimientos que se reflejaban en los protagonistas de sus obras.

Los poderosos buscaban ser retratados por pintores famosos, como Rembrandt o Franz Hals. Lo interesante es que posaban en grupo, buscando notoriedad a través del gremio al que pertenecían.

Era un género que proporcionaba grandes ingresos a los pintores, en un país en el que la iglesia protestante no consideraba importante el arte religioso, ni la casa real era mecenas de artistas. Pese a ello, Rembrandt realizó para el príncipe Federico Enrique de Orange una serie de pinturas sobre la Pasión de Cristo.

Uno de los primeros encargos públicos que recibió en 1632 es su célebre obra La lección de anatomía, retratando una disección del Dr. Nicolaes Tulp en la sede la Corporación de Cirujanos de Ámsterdam, ante un auditorio deslumbrado.

Dos años después, Rembrandt van Rijn se enamoró de la prima de Hendrick, Saskia van Uylenburgh, quien procedía de una distinguida familia protestante de Frisia, que se oponía a la boda de tan desigual pareja. Poco antes de cumplir los 28 años, el pintor se casó con la joven, seis años menor que él.

El enlace supuso para Rembrandt una substanciosa dote y ascender en la escala social. Saskia lo ayudó a impulsar su carrera, al ponerlo en contacto con clientes adinerados que le encargaban retratos. Además, el pintor contaba con un gran número de discípulos.

En contraste con la fortuna de su carrera, su vida familiar estuvo marcada por la desgracia. Al año siguiente de su matrimonio nació su primer hijo, que murió tres meses después. El artista decidió mudarse a otra casa, pero de nuevo la tristeza inundó su hogar, ya que su mujer dio a luz a una niña que vivió menos de un mes.

El pintor se refugió en el amor de su esposa, quien se convirtió en protagonista de pinturas como Saskia con sombrero y Autorretrato con Saskia. Fueron años de éxito, con obras como La ceguera de Sansón, así como paisajes y magníficos autorretratos; esto le permitió estar financieramente muy bien.

A los 33 años compró una casa en Breestraat, la calle donde vivían ricos comerciantes y famosos pintores. Costaba 13,000 florines, una fuerte cantidad para el artista, que firmó un contrato para pagarla a plazos durante seis años.

A los problemas económicos que comenzaron con la compra de esta casa se sumaron nuevas desgracias para el pintor: la pérdida de otra hija a las dos semanas de nacida y la muerte de su madre.

En 1641 nació Titus, el único hijo de la pareja que logró sobrevivir. Sin embargo, el esfuerzo de la agotada Saskia, que padecía tuberculosis, le costó la vida y murió cuando el bebé tenía tan solo nueve meses de edad.

El testamento convirtió a Titus en heredero universal de los bienes de Saskia. Rembrandt figuraba como usufructuario, beneficio que podía perder en caso de que volviera a casarse.

La muerte de Saskia no fue su único dolor. En 1642, el pintor terminó el mayor encargo de su carrera: un lienzo gigantesco para la sala de reuniones de la guardia cívica de la ciudad. Sus 16 miembros le pagarían 1,600 florines para ser retratados sentados a la mesa, “adoptando un aire gallardo y valiente”.

Rembrandt los pintó saliendo en desorden del arsenal hacia sus puestos, encabezados por su comandante. Algunos aparecían envueltos en las penumbras del claroscuro, tapados por el brazo de otro o asomando la mitad de la cabeza al fondo de la escena. El cuadro despertó la ira de los retratados y muchos se negaron a pagar su parte.

La Ronda de Noche, cuyo título exacto es La compañía del capitán Frans Banning Cocq y el teniente Willen van Ruytenburch, recibió una gélida acogida por parte de la crítica. A partir de ese momento, la ordenada y exitosa vida de Rembrandt sufrió duros embates económicos, amorosos y sociales.

Tras la muerte de su esposa Saskia, Rembrandt van Rijn contrató para su pequeño hijo Titus a una nodriza, Geertje Dirckx. También era viuda y el pintor inició una relación con ella; le ofreció varios regalos, incluidas joyas de su esposa. La mujer se encariñó con el niño y decidió dejarle todas sus posesiones en su testamento, redactado en 1648.

Al año siguiente, entró a trabajar en la casa una muchacha de 22 años, Hendrickje Stoffels. El pintor se enamoró de la joven, que acabó convirtiéndose en su amante y modelo de muchas de sus obras, como Hendrickje en el lecho.

Rembrandt despidió a Dirckx y ella lo acusó ante la justicia de haber incumplido su promesa de matrimonio; por lo tanto, debía mantenerla o casarse con ella. Rembrandt negó dicha acusación, pero una vez finalizado el juicio tuvo que pagarle una pensión alimenticia de 200 florines anuales.

Mientras tanto, el pequeño Titus seguía siendo beneficiario del testamento de su nodriza, tal y como le interesaba a Rembrandt para poder recuperar las joyas de Saskia.

Sin embargo, como Dirckx empezó a venderlas, el pintor decidió vengarse y se encargó de reunir a los testigos de un juicio contra la mujer, para que reconocieran que estaba perturbada.

La nodriza fue internada en una clínica psiquiátrica de la ciudad de Gouda. El pintor pagó de su bolsillo su ingreso e intentó que permaneciera encerrada durante doce años, pero unos amigos lograron sacarla cinco años después.

A pesar de los muchos encargos de retratos, la venta exitosa de aguafuertes y los ingresos que le aportaban sus alumnos, llegaron tiempos difíciles para Rembrandt. Debido a su caprichosa manera de vivir y trabajar, cayó de la gracia de la burguesía.

No siempre respetaba los precios pactados y con frecuencia era irascible o caprichoso. Se cuenta que un día estaba trabajando en el retrato de una familia y un mono que tenía como mascota murió.

Como no tenía otro lienzo disponible, lo pintó en el cuadro. Naturalmente, los clientes no aceptaron que el animal muerto apareciera en su retrato familiar. Rembrandt prefirió conservar la pintura sin terminar que complacerlos quitando al mono, que le parecía la figura más interesante.

Llevaba una vida ostentosa y constantemente compraba obras de arte, armas y armaduras, curiosidades y trajes. Debido a su pasión de coleccionista y la casa tan cara que tenía que mantener, empezó a tener cada vez más problemas económicos.

El concubinato con su joven ama de llaves fue un escándalo público en la rigurosa sociedad holandesa. El matrimonio hubiera arreglado la situación, pero Rembrandt no quería casarse con Hendrickje Stoffels debido a que temía a perder su parte de la herencia de Saskia.

La pareja fue citada por el consistorio de Ámsterdam para que explicara “su pecaminoso comportamiento”. Tras el nacimiento de un hijo muerto, la iglesia reformada holandesa excomulgó a la joven, acusada de fornicación.

Rembrandt no fue castigado, porque no era miembro de la congregación. Ambos continuaron con su relación y tuvieron otra hija, Cornelia.

La crisis económica del país tras el fracaso de la guerra anglo-holandesa llevó al pintor a la bancarrota. La casa de Breestraat estaba pagada a la mitad; debía los intereses e impuestos de cinco años. También debía dinero a varios amigos.

Para pagar sus deudas, subastó parte de sus bienes en siete ocasiones, pero no fue suficiente. En un acto desesperado por salvar la casa, la inscribió a nombre de su hijo Titus.

La situación empeoró y recurrió al Alto Consejo de La Haya para ser reconocido como deudor sin culpa, con el fin de evitar la cárcel y protegerse frente a sus acreedores.

Para lograrlo, el deudor debía convencer al tribunal de su honradez y buena voluntad. A cambio, debía subastar sus bienes públicamente. Finalizado el proceso, era declarado insolvente.

El pintor hizo un inventario de sus posesiones en 1656, el cual incluía 363 artículos. Entre ellos, el cuadro Hera y Leandro de Rubens, dibujos de Rafael y estampas de Durero. También poseía objetos como arpas, pistolas, globos terráqueos, minerales, animales disecados, porcelanas, antigüedades y la mascarilla mortuoria de Federico Enrique.

Con la subasta obtuvo varios miles de florines, pero no alcanzaron para pagar todas sus deudas. Entonces traspasó la casa de Breestraat y se mudó con Hendrickje y sus dos hijos a una modesta vivienda rentada en el canal Rozengracht.

Stoffels y el joven Titus constituyeron una sociedad para vender sus grabados y cuadros, debido a que el gremio de San Lucas, al que pertenecía el pintor, impedía que quienes se hubieran desprendido de sus bienes en subastas públicas vendieran sus obras en la ciudad. Así, pasó a ser empleado de su hijo y su amante.

En 1661 el tribunal opinó que Rembrandt había cumplido sus obligaciones legales, aunque algunas deudas no fueron liquidadas y sus deudores ya podían actuar contra él.

Realizó una gran pintura para el nuevo ayuntamiento de Ámsterdam: La conspiración de Julius Civilis. Las autoridades no quedaron satisfechas con el cuadro y se lo devolvieron.

Pese a ese revés, su fama continuó traspasando fronteras. En su taller recibió la visita del gran duque de Toscana, Cosme III de Médicis, quien regresó a Florencia con un autorretrato del artista.

Sin embargo, la situación económica del pintor seguía siendo precaria y se vio obligado a vender la tumba de su esposa Saskia. También tuvo que pedir un préstamo a un tratante de artículos de valor, dejándole como garantía nueve cuadros y dos cuadernos de grabados, los cuales recuperó dos años más tarde.

Los problemas no afectaron su trabajo e incrementó su maestría artística. Entre las grandes obras pertenecientes a este periodo están La novia judía y Los síndicos del gremio de pañeros.

La pena volvió a su corazón con el fallecimiento de su amada Hendrickje, víctima de una epidemia de peste. A su muerte, Titus se hizo cargo de la sociedad de arte. Poco después de casarse con Magdalena van Looy, de 16 años e hija de un orfebre, el joven también murió, dejando a su viuda embarazada.

Fue otro duro golpe para el Rembrandt. Su autorretrato El artista a una edad avanzada, pintado en esos días, permite apreciar la pena y tristeza que arrugan su rostro. Tuvo algo de consuelo seis meses después con el nacimiento de su nieta, a la que llamaron Titia en honor a su padre. El pintor fue su padrino de bautizo.

Rembrandt Harmenszoon van Rijn murió el 4 de octubre de 1669 en la casa de Rozengrancht, acompañado de su hija Cornelia. Tenía 63 años. Fue enterrado en una tumba alquilada de la iglesia de Westerkerk, junto a su segunda mujer Hendrickje y su hijo Titus.

El inventario de sus bienes, redactado en presencia de su nuera Magdalena, quien falleció pocas semanas después que Rembrandt, y del pintor Christiaen Dusart, tutor de su hija Cornelia, demuestra que había vuelto a su afición de coleccionista, aunque esa vez la lista constaba de tan solo 50 objetos.

Rembrandt fue uno de los artistas más excepcionales de todos los tiempos, además de prolífico. Produjo cerca de 600 cuadros al óleo, 300 aguafuertes y 2 000 dibujos, entre los que destacan más de 90 autorretratos, 60 de ellos pinturas.

El Rijksmuseum de Ámsterdam contiene la colección más importante de Rembrandt, pero sus obras se encuentran en los museos más importantes del mundo.

Su innovador estilo tuvo un enorme impacto sobre otros artistas, que ha perdurado hasta hoy. Además, su genio estuvo al servicio del futuro, ya que vio la luz de tal manera que se adelantó al uso que se le daría siglos después en la fotografía y el cine.

 

Investigación y guión: Conti González Báez

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