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Agosto 18, 2017

Deseando amar
Publicado: Agosto 18, 2017

Aquellos ojos verdes, de mirada serena,

dejaron en mi alma, eterna sed de amar….

 

Hong Kong, 1962: el matrimonio Chan se instala en un nuevo departamento. Esposa de un agente viajero que realiza continuos viajes de negocios a Japón, la señora Chan se hace cargo de la mudanza. Simultáneamente se muda al departamento de al lado el matrimonio Chow. El itinerario es siempre el mismo: ella va de la oficina a la casa y todas las noches sale, con su elegante ropa de trabajo, a comprar tallarines en la esquina para cenar. El señor. Chow, terminada su jornada como periodista en un periódico local, se dirige a casa; su mujer está ausente casi siempre. Coincidencias extrañas develarán a la señora Chan y al señor Chow el hecho de que sus respectivos cónyuges se han hecho amantes e incluso se han marchado a vivir juntos. Solos con su soledad, rabiosos por padecer tan cruel engaño, estos dos seres traicionados deciden tomar cartas en el asunto para soportar su pena.

Del diseño gráfico al cine, el hongkonés Wong Kar-Wai ha creado un estilo personal que llama la atención en todo el mundo: su estilización de la imagen, en cintas como Chungking Express (1994), Ángeles caídos (1995) o Happy together (1997), pasa del blanco y negro al color, juega con el grano de la película, acentúa los tonos rojos, verdes, blancos y amarillos como soporte estético a sus cintas, sin olvidar su uso dramático de la cámara lenta y la cámara en mano, además de la utilización de canciones ajenas al contexto en el que desarrolla sus historias, pero congruentes con los sentimientos que emanan de ellas (por ejemplo, la inclusión en plan nostálgico de Cucurrucucú Paloma en Happy together, cuando el protagonista conseguía admirar las cataratas del Iguazú, anhelando el amor de su destructiva pareja).

En Deseando amar, Wong Kar-Wai cuenta su historia por medio de un montaje que juega con los tiempos de acción de los personajes: la rutina de los protagonistas (trabajo-casa-tallarines-soledad) es presentada en cámara lenta, acompañada siempre de un melancólico cello que toca sin cesar una misma tonada, dando la sensación de repetición llevada hasta el hartazgo. Los tonos cálidos y la delicada dirección de arte funcionan como contrapunto, al igual que la música: la romántica voz de Nat King Cole interpretando baladas como Aquellos ojos verdes o Quizá, quizá, quizá es irónico marco para la historia de dos seres derrotados en el amor.

Deseando amar podría haber sido la historia de una pareja que se descubre traicionada y decide hacer lo mismo que sus cónyuges, convirtiéndose en amantes. Pero es aquí donde radica su originalidad: la señora. Chan y el señor Chow se descubren mutuamente, pero lo que en realidad buscan, ante el dolor de sufrir la infidelidad, es tratar de entender cómo es que sus antiguos amores consiguieron desechar su interés por ellos y volar del nido; tienen la sangre fría para ensayar lo que van a hacer cuando encaren de nuevo a quienes los traicionaron, comen juntos, van al cine, caminan por las calles, imitando lo que en su imaginación piensan que sucedió (el cineasta consigue combinar las sensaciones de ambas parejas en una sola). Irónicamente esta relación comienza a causar sospechas (mientras los que cometieron se fueron como si nada), y ambos deciden no seguir el juego. Si sucumben a estar juntos, terminarían por ser iguales a “ellos”.

Hermosa crónica de una amistad reprimida surgida del dolor, Deseando amar es también la mirada a un país y una época: de un Hong Kong ya estabilizado en el sistema político comunista de China, pasamos a uno en el que sus habitantes temen a la Revolución Cultural. Ante esos cambios del mundo, nuestros héroes asumieron su soledad y el tener que afrontar la vida. Sus valores son también restos de una época pasada. Son parte de una época sutil, en donde los secretos tan sólo se podían decir a las piedras, para después cubrirse con lodo y sepultarlos para siempre. Finalmente, dentro de la rutina diaria (la misma oficina, la misma casa, la misma gente), ellos cambiaron y consiguieron su libertad.

José Antonio Valdés Peña

 

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