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BLOG: Cinema Red
José Antonio Valdés
José Antonio Valdés
Investigador, guionista, crítico y docente cinematográfico
Julio 28, 2017

Frida, naturaleza viva
Publicado: Julio 28, 2017

Si llevar a la pantalla la vida, obra y milagros de un personaje ficticio al cine no es tarea fácil, mucho menos lo es si el personaje fue (o es) una figura pública, reconocida a nivel mundial. Sinuosos son los caminos de la biografía fílmica, pues no faltarán los conocedores que demuestren su descontento acerca de aspectos tan diversos como la verosimilitud de los sucesos presentados o el parecido físico del intérprete seleccionado para encarnar dicho personaje. El camino que Paul Leduc tomó para acercarse a Frida Kahlo (1907-1954) resulta tan original y complejo como la personalidad de la pintora coyoacanense.

El punto de partida es la agonía de la artista en su lecho de muerte, donde yace acostada, entre pinturas, fotografías y espejos; uno de ellos está postrado en la cabecera de la cama, y por lo tanto, Frida mira hacia atrás iniciando una lluvia de momentos que acarrean las más profundas sensaciones; el resultado es una sucesión de cuadros, liberados totalmente de cualquier intención histórica o cronólogica. En los últimos momentos de una vida especialmente marcada por el dolor y la angustia, la Frida de Leduc, más que recordar, evoca, conjura imágenes, sonidos, integrando así un mosaico emotivo y sugerente que busca dar forma al retrato tanto de una mujer que responde al mundo de la creación artística, tan apasionada como sufriente, que en pleno proceso de agonía no deja de hacer estallar su profunda vitalidad, como la de su época. Así se manifiestan las muchas facetas de un mismo personaje, de la Frida niña, amada por su padre, a su relación con Diego Rivera; de la Frida artista frente al pincel a la mujer políticamente comprometida, amiga de su vecino León Trotsky, participante activa de manifestaciones en contra de la injusticia y el Imperialismo.

Los momentos seleccionados por el cineasta también se alejan de las convenciones de la biografía fílmica, pues no son necesariamente gloriosos. Leduc elige aquellos donde la intensa fuerza vital de Frida se hace presente, como aquel donde la pintora lleva una canasta con comida a su amado Diego, mientras éste pinta los murales de la Secretaría de Educación, y ambos canturrean un aria de ópera; o la imagen hermosamente multiplicada de Frida ante un trío de espejos, embarazada, admirando su vientre mientras en el fondo escuchamos la voz de Juan Arvizu interpretando Damisela encantadora; pero el dolor está presente también en estas evocaciones, como lo demuestran las secuencias donde la artista sobrevive al trágico accidente de tranvía que dejará severas secuelas en su cuerpo, y en la que, sobre una fría plancha metálica, siente en carne viva cómo se destruyen sus anhelos de ser madre. Momentos, pues, alejados de la tiesa retórica fílmica que el cine parece siempre reservar a los personajes ilustres.

Frida, naturaleza viva es un filme que carece casi de diálogos, apoyándose en la fuerza de la imagen y el sonido, sucesión de cuadros ordenados con una coherencia eminentemente cinematográfica. A esto contribuyen el trabajo fotográfico de Ángel Goded, que reproduce el estilo plástico de la pintora con la cámara de cine, la espléndida ambientación de Alejandro Luna y el montaje de Rafael Castanedo, que otorga a la puesta en escena de Leduc el ritmo preciso para que el espectador aprecie cada uno de los fotogramas del filme como si de un lienzo se tratara. Los intérpretes de la cinta, Juan José Gurrola, Max Kerlow, Salvador Sánchez (Rivera, Trotsky y Siqueiros, respectivamente) y la estupenda Frida-Ofelia Medina, realizan una re-creación personal, apartados de toda noción de acartonamiento y frases célebres, convirtiendo a sus personajes en figuras verosímiles, cotidianas, seres humanos y no estatuas de mármol.

Obra maestra sobre la mirada y el poder evocativo del recuerdo, Frida, naturaleza viva es el retrato cinematográfico de los muchos rostros de una mujer entregada a su pasión por el arte, pero más que nada, por su pasión por vivir.

FRIDA, NATURALEZA VIVA (México, 1983). Dirección: Paul Leduc. Guión: Paul Leduc y José Joaquín Blanco. Fotografía en color: Ángel Goded. Edición y musicalización: Rafael Castanedo. Con: Ofelia Medina (Frida Kahlo), Juan José Gurrola (Diego Rivera), Max Kerlow (León Trostky), Claudio Brook (Guillermo Kahlo); Salvador Sánchez (David Alfaro Siqueiros), Cecilia Toussaint (Cristina Kahlo), Margarita Sanz (amiga), Valentina Leduc (Frida, niña). Compañías productoras: CLASA Films Mundiales. Producción: Manuel Barbachano Ponce. Duración: 108 minutos.

 

— José Antonio Valdés Peña.

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