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Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Febrero 25, 2017

Los Voladores de Papantla
Publicado: Febrero 25, 2017

Una de las manifestaciones culturales más significativas del estado de Veracruz y nuestro país es la Danza de los Voladores de Papantla, tradición totonaca que se ha practicado desde tiempos inmemoriales para solicitar a los dioses lluvias abundantes que propicien la fertilidad de la tierra.

El origen del vuelo ceremonial de los “hombres pájaro” se perdió parcialmente cuando los conquistadores españoles destruyeron documentos y códices históricos de las antiguas culturas indígenas.

La información sobre el ritual original ha sobrevivido gracias a la tradición oral y algunos materiales escritos por los primeros visitantes que llegaron a la Nueva España.

Un mito cuenta que, en una época de gran sequía, el agua y los alimentos escasearon en la Tierra. Cinco hombres jóvenes decidieron enviar un mensaje a Xipe Totec, dios de la fertilidad, para que las lluvias volvieran, fertilizaran el suelo y sus cosechas prosperaran otra vez.

Entraron al bosque y buscaron el árbol más alto y recto. Cuando lo encontraron, permanecieron toda la noche ayunando y rogando para que les ayudara en su propósito.

Bendijeron el árbol, lo cortaron y lo llevaron a su pueblo, evitando que tocara el suelo. Podaron sus hojas y ramas, cavaron un agujero para fijarlo verticalmente y bendijeron el sitio con ofrendas rituales.

Los jóvenes adornaron sus cuerpos con plumas, de modo que aparecieran ante Xipe Totec como las aves asociadas al Sol: guacamaya, águila, quetzal y calandria, con la esperanza de atraer la atención del dios a su importante petición.

Con cuerdas atadas alrededor de sus cinturas, se aseguraron al poste e hicieron su súplica al descender volando, acompañados por los sonidos de la flauta y el tambor.

La danza ritual fue practicada en tiempos prehispánicos en gran parte de México, vinculada a ceremonias propiciatorias, como la realizada cada 52 años, cuando iniciaba una nueva era, trasmitiéndose la tradición de padres a hijos.

Durante la Conquista, la iglesia luchó contra lo que consideraba prácticas paganas y los rituales indígenas fueron silenciados o celebrados en secreto. Más adelante, se combinaron las creencias nativas con las católicas, surgiendo un sincretismo religioso.

La Danza de los Voladores se consideró un juego interesante en la Nueva España y durante la Colonia fueron construidas algunas plazas especiales para que se presentara ante el público curioso.

En virtud del falso carácter que los españoles insistían en darle, los voladores hicieron creer que se trataba de una actividad lúdica para ejecutarla libremente, pero no pudieron evitar los frailes la consideraran una invención del demonio.

Después de cierto tiempo, el antiguo ritual fue cayendo en desuso, hasta que solamente los totonacas, los huastecos y algunos otomíes lo practicaban.

La Danza de los Pájaros, como le dicen los voladores, es practicada en varias comunidades de los estados de Veracruz y Puebla durante las fiestas patronales. También existe una versión dedicada a Todos los Muertos, que se realiza en las comunidades totonacas los días 1º. y 2 de noviembre.

Actualmente hay grupos que realizan el ritual como entretenimiento para turistas, con el objetivo de mantener vivas sus tradiciones y mostrar al mundo la rica herencia cultural de su pueblo.

Esta danza tradicional mexicana se ha presentado en diferentes países de América, Europa y Asia. Los voladores son una de las principales atracciones de festivales culturales en todo el mundo, siendo admirados en lugares muy lejanos de la tierra de sus antepasados totonacas, que fundaron Papantla en el año 1200.

En esta importante población del estado de Veracruz, centro mundial de la industria de la vainilla, hay una gran estatua de piedra de un volador que mira la ciudad desde uno de los puntos más altos y el jueves de Corpus Christi es el Día del Volador.

En la danza tradicional de los Voladores de Papantla, cinco hombres suben a un poste de 30 m de altura, en cuyo punto más alto hay una pequeña plataforma giratoria de madera con cuatro lados, símbolo de los cuatro puntos cardinales.

El tronco simboliza la comunicación entre el inframundo y el mundo superior. Es el nadir o la quinta dirección de la Tierra, en torno a la cual giran los cuatro elementos naturales: agua, fuego, aire y tierra.

Una vez arriba, se realiza la Ceremonia de Perdón al dios Sol para que llueva y los cuatro voladores rinden tributo a los cuatro elementos.

Vestidos con trajes blancos, llevan sobre el pecho un lienzo rojo que representa la sangre, ya que el descenso a la Tierra es un acto en el cual podrían perder la vida; un sombrero adornado con flores, símbolo de la fertilidad, espejos que representan al Sol y tiras de tela de colores que evocan el arco iris.

Los voladores se atan una cuerda a la cintura y se lanzan de cabeza al vacío con los brazos abiertos, girando alrededor del poste.

Cada uno gira 13 veces, el número de meses del calendario maya; esta cifra multiplicada por los 4 voladores resulta en 52 círculos; según dicho calendario, cada año está compuesto de 52 semanas y cada 52 años se forma un ciclo solar, cuando nace un nuevo Sol y la vida vuelve a resurgir.

El quinto hombre es el jefe, denominado caporal. Representa al quinto sol y permanece en la parte superior del poste, tocando música con una flauta de carrizo que representa el canto de las aves y un tambor que representa la voz de Dios.

El caporal baila sobre la estrecha plataforma, sin una cuerda de seguridad, girando hacia los cuatro puntos cardinales, comenzando por el Oriente, donde se origina la vida.

Al llegar los danzantes a tierra, el caporal desciende, ayudándose con una cuerda. Una vez abajo, baila con los demás y toca el Son de la Despedida.

Los Voladores de Papantla arriesgan su vida para que el nuevo Sol pueda nacer y la Tierra se llene de felicidad. Su danza es una ceremonia propiciatoria mediante la cual se establece un diálogo con los elementos naturales y las fuerzas sobrenaturales.

No cualquiera puede subir y volar. No es fácil y los danzantes tienen que cumplir ciertas condiciones para hacerlo, como hablar totonaca, seguir una dura disciplina y respetar los secretos de esta mágica tradición, para evitar accidentes y conservar su cultura.

Los niños que heredan el don de voladores empiezan a ensayar los pasos de la ceremonia a los 8 o 10 años. Danzantes más experimentados, generalmente sus papás, tíos o abuelos, les enseñan a amarrarse la cuerda y bordar sus trajes, que llegan a costar entre 5 000 y 8 000 pesos.

Una parte importante de su aprendizaje es participar en la ceremonia del corte del palo. Tradicionalmente, hay que pedir permiso a Ki Mi Ekolo o Quihuipolo, el dios del monte, que según los ancestros se siente celoso al arrancarle un árbol.

Por lo tanto, hay que tocar la flauta y el tamborcito mientras se le depositan ofrendas con flores, veladoras, tamales y aguardiente rociado en forma de cruz.

Al colocar el palo en el pozo, lugar donde se comunican el inframundo y el mundo superior, es necesario ofrendar una gallina negra al dios Tierra, para que no haya ningún accidente.

Los niños aprenden a permanecer de cabeza y aventarse para perder el miedo; empiezan a subir al poste y finalmente, en dos o tres meses, consiguen volar.

Doce días de ayuno y abstinencia sexual, así como la certeza de que no hay lugar para el error a 30 m de altura, son los preceptos básicos bajo los cuales los voladores surcan el aire.

En algunos casos, la danza ha sufrido cambios radicales, como la desaparición de la ceremonia para el corte del palo volador. Incluso se ha dejado la utilización de árboles, que son sustituidos por postes de acero.

Aunque se ha reconocido a la fecundidad como un atributo más femenino que masculino, durante siglos se había dejado a las mujeres fuera del ceremonial.

Entre los grupos renovadores ya existen mujeres voladoras, como las de Zozocolco, Veracruz, y Cuetzalan, Puebla. Desde hace más de 20 años, varias jóvenes practican este ritual que se consideraba exclusivo de los hombres.

Curiosamente, en la mayoría de los casos sus madres trataron de impedirles ser voladoras, pero contaron con el apoyo de sus padres, quienes les enseñaron lo necesario para surcar el cielo.

Pese a que se pierden algunas tradiciones, la comercialización de la ceremonia de la danza ha sido un factor necesario para su proyección mundial, que la ha mantenido viva.

Antiguas leyendas narran fenómenos en donde al lanzarse al vacío, en vez de descender, los danzantes han ascendido y desparecido en el espacio infinito.

Se dice que un grupo de voladores festejaba al patrono del pueblo con sus danzas. El cielo estaba borrascoso y las nubes se iluminaban con furiosos relámpagos.

Junto a la iglesia del pueblo, los voladores estaban en lo alto del palo entregados a su ritual, como si no quisieran darse por enterados del clima que amenazaba con terminar la fiesta.

Casi al finalizar su rito, cuando el caporal dio la señal del descenso, todos se descolgaron echando sus cuerpos para atrás, girando en torno al palo ceremonial.

De pronto, la plataforma giratoria se salió de su base y el grupo danzante, en vez de caer a tierra, se elevó perdiéndose entre las espesas nubes, que empezaban a dejar caer sus primeras gotas.

Los espectadores no podían creer lo que sus ojos veían. Temerosos, corrieron a refugiarse en la iglesia y el asustado gobernante del pueblo ordenó tirar el palo ceremonial, haciéndolo pedazos antes de que sucediera otra cosa.

El tiempo continuó borrascoso. Al cuarto día, volvió a escucharse el batir del tamborcillo y el silbido de la flauta entre las nubes, como si los voladores trataran de regresar. Aunque no podían verlos, los habitantes del pueblo sentían su presencia.

Intentaron colocar un nuevo poste, pero todo fue inútil sin el palo ceremonial. Después de algún tiempo, los sonidos del tamborcillo y la flauta se perdieron en la distancia. Cada año, al aproximarse la festividad patronal, se escuchaban los instrumentos a lo lejos.

En 2009, la ceremonia ritual de los Voladores fue inscrita en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, como una danza asociada a la fertilidad que ejecutan diversos grupos étnicos de México y Centroamérica, en particular los totonacos del estado de Veracruz.

Su objeto es expresar el respeto profesado hacia la naturaleza y el universo espiritual, así como la armonía con ambos. Cada variante representa un medio de hacer revivir el mito del universo, de modo que expresa la visión del mundo y los valores de la comunidad, propicia la comunicación con los dioses e impetra la prosperidad.

Según la Convención de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, el patrimonio vivo es el crisol de nuestra diversidad cultural y su conservación, una garantía de creatividad permanente.

Investigación y guión: Conti Gonzalez Báez

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