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Agosto 12, 2017

Sir Godfrey Newbold Hounsfield
Publicado: Agosto 12, 2017

Godfrey Newbold Hounsfield nació el 28 de agosto de 1919 en una aldea cerca de Nottinghamshire, Inglaterra. Durante su infancia, disfrutó la libertad de la vida en el campo.

Después de la Primera Guerra Mundial, su padre compró una pequeña granja, que fue un maravilloso lugar para los juegos de los cinco niños de la familia.

Sus dos hermanos y dos hermanas mayores tenían sus propios intereses, lo que le dio al pequeño Godfrey la ventaja de no tener que juntarse con ellos y poder seguir sus inclinaciones.

La granja le ofrecía muchas opciones. Desde temprana edad se sintió intrigado por todos los artefactos mecánicos y eléctricos, como máquinas trilladoras, empacadoras y generadores.

En la aldea había pocas distracciones y ninguna presión para asistir a algún partido de futbol o al cine, por lo que el joven Hounsfield era libre de seguir cualquier idea interesante que se le ocurriera.

A los once años hizo sus primeros experimentos. Realizó arriesgadas investigaciones sobre los principios del vuelo, lanzándose desde la cima de montones de heno en un planeador construido por él mismo.

Desafió los peligros de una explosión durante emocionantes experimentos con barriles llenos de agua y acetileno, para ver qué tan alto podían elevarse con la propulsión a chorro. En una ocasión uno de ellos voló a una altura de más de 325 metros.

En esa época feliz, estaba aprendiendo en la práctica los fundamentos del raciocinio. Le dedicaba más tiempo a sus experimentos que a sus estudios en la escuela elemental de Newark, donde solo le gustaban la física y las matemáticas, aunque con un entusiasmo moderado.

Le interesaban los aeroplanos; al estallar la Segunda Guerra Mundial, Hounsfield no dudó en unirse a la Real Fuerza Aérea como reservista voluntario. Estudió los libros militares disponibles para mecánicos de radio y tomó un curso sobre el tema.

Tras presentar el examen gremial, fue designado instructor de mecanismos de radar y se mudó al Real Colegio de Ciencia en South Kensington, entonces ocupado por la Real Fuerza Aérea.

Más tarde fue trasladado a la Escuela de Radar Cranwell, donde durante su tiempo libre preparó y pasó el examen en radiocomunicaciones.

También tuvo tiempo para construir un osciloscopio de pantalla grande y un equipo de demostración como ayuda para la instrucción, por lo que se le premió con el Certificado al Mérito.

Tuvo la fortuna de que su trabajo fuera apreciado por el vice mariscal Cassidy. Él le consiguió una pensión después de la guerra, que le permitió asistir al Colegio Faraday de Ingeniería Eléctrica en Londres, donde obtuvo un diploma.

En 1951, a los 32 años, Godfrey Hounsfield se unió al personal de EMI, grupo de empresas dedicado a la música y la electrónica en Middlesex, donde trabajó en radares y armas guiadas, para posteriormente encargarse de un pequeño laboratorio de diseño.

Al finalizar la guerra, EMI deseaba ser la principal compañía británica en el naciente negocio de las computadoras. Hounsfield dirigió un equipo pionero para construir las primeras totalmente transistorizadas con una técnica novedosa, inventada por él, para incrementar la velocidad de los transistores.

Luego fue transferido a los Laboratorios Centrales de Investigación de EMI en Hayes, donde trabajó en el diseño de una delgada película para almacenar un millón de palabras. Después de un tiempo, fue evidente que no sería comercialmente viable, por lo que el proyecto fue abandonado.

En vez de asignarle inmediatamente otra tarea, se le dio al ingeniero la oportunidad de pensar en otras áreas de investigación que pudieran ser fructíferas.

Una de las sugerencias que presentó fue sobre el reconocimiento automático de patrones. Mientras exploraba varios aspectos de éste, se le ocurrió la idea que eventualmente se convertiría en el escáner EMI y la técnica de tomografía computarizada.

Por esas fechas, se produjo un cambio en la estrategia de la compañía. John Read, su nuevo director, reconocía la naturaleza arriesgada y variable del negocio de la música, que representaba las dos terceras partes de la ventas de la EMI, por lo que estableció un fondo de investigación para financiar proyectos innovadores, como el propuesto por Hounsfield.

En términos sencillos, consistía en estudiar la posibilidad de crear una imagen tridimensional de un objeto, tomando múltiples mediciones del mismo con rayos X desde ángulos diferentes, utilizando posteriormente una computadora para reconstruir una imagen a partir de los datos contenidos en cientos de “planos” superpuestos y entrecruzados. Este concepto llegó a conocerse con el nombre de tomografía computarizada.

A partir de entonces, el ingeniero trabajó intensamente en el desarrollo del primer escáner cerebral clínico. El proyecto involucró muchas frustraciones, ocasionales momentos de satisfacción al resolver problemas técnicos y algunos incidentes divertidos, como viajar por todo Londres a bordo del transporte público cargando cerebros de bueyes para usarlos en un escáner experimental.

En 1967, Hounsfield desarrolló su primera máquina y al año siguiente describió un sistema completo para la tomografía computarizada en su solicitud de una patente para su invento, la cual le fue concedida en 1972.

Un examen con rayos X implica el paso de éstos a través de un órgano, cuyo resultado es una imagen bidimensional, en la que se pierde la profundidad.

Aunque pueden verse los huesos, la compleja anatomía de tejidos suaves, músculos, tendones, vasos sanguíneos y nervios no es registrada. La inhabilidad para distinguir las diferencias en la densidad de diversos tejidos es una de sus limitaciones.

Podemos discernir entre huesos y espacios llenos de gas, como el aire en los pulmones, pero los detalles se sobreponen y es necesario complementar las exposiciones frontales con otras laterales para un mejor diagnóstico. El juicio de estas imágenes es muy subjetivo.

En muchas situaciones es necesario aislar la imagen de la sección de un órgano de otras estructuras sobrepuestas en la misma con la llamada tomografía, del griego tomos, corte y graph, escrito.

A través de los años se probaron muchas soluciones técnicas, pero ninguna fue satisfactoria. En la tomografía asistida por computadora, los problemas fueron resueltos ingeniosamente y esto significó toda una revolución en los diagnósticos médicos.

Godfrey Hounsfield construyó el primer tomógrafo computarizado para uso clínico, el escáner EMI. Su propio cerebro fue el primero en ser escaneado en vivo.

El primer paciente fue escaneado en septiembre de 1971 por el radiólogo James Ambrose en el Hospital Atkinson Morley de Wimbledon.

Se sospechaba que tenía un quiste cerebral, cuya localización era incierta. Cuando el escáner indicó claramente dónde estaba, Ambrose y Hounsfield festejaron como futbolistas tras anotar el gol de la victoria.

La publicación de los resultados en 1972 asombró al mundo. Hasta entonces, los exámenes de la cabeza con rayos X mostraban los huesos del cráneo, pero el cerebro permanecía como una bruma gris e indiferenciada. De pronto, la bruma se había aclarado.

La invención permitía observar el tejido blando del cerebro sin necesidad de cirugía. Es tan rico el detalle de una tomografía, que se asemeja a lo que puede observarse del cerebro en una autopsia. Además, el procedimiento no causa ninguna molestia al paciente, que permanece recostado cómodamente.

La placa radiográfica fue reemplazada por la nueva técnica de tomografía computarizada. Detectores de radiación, que giran alrededor del paciente durante el estudio, transmiten las señales recibidas a una computadora que, con base en unas 250 000 ecuaciones, reconstruye los valores de densidad detectados, formando una imagen en una pantalla de televisión.

La imagen se forma porque cada valor de atenuación tiene un tono de gris diferente. La capacidad que cada parte explorada tiene para atenuar la radiación es representado en una escala. Se le conoce como coeficiente de atenuación y en honor a su descubridor se mide en unidades Hounsfield de radiodensidad.

Desde 1972 se instaló en el hospital Morley de Inglaterra el primer  escáner de tomografía computarizada, que dio a EMI la oportunidad de entrar en un campo nuevo y estimulante. El esfuerzo había valido la pena y la respuesta fue abrumadora.

La compañía se vio desbordada con solicitudes de asociaciones médicas y financieras, así como de grandes compañías dedicadas al diagnóstico por imágenes, deseosas de obtener licencias para el uso de la tecnología desarrollada por Godfrey Hounsfield, pactar cuentas en participación o distribuir el producto.

EMI envió al inventor y a un conocido neurólogo a los Estados Unidos. Los especialistas con los que hablaron opinaron que su escáner tenía una gran importancia médica.

Consideraban que habría pedidos de por lo menos 170 máquinas para los grandes hospitales y que llegaría el momento en que un neurólogo se sentiría éticamente obligado a solicitar una tomografía antes de dar un diagnóstico.

En 1973 se instaló el primer escáner cerebral en la prestigiosa Clínica Mayo de Estados Unidos y se estableció una oficina de ventas en ese país, debido al gran interés de los radiólogos y neurólogos más reconocidos.

El desafío que representaban los dos productos rivales que surgieron rápidamente condujo a la EMI a acelerar el anuncio del escáner de cuerpo  en el que había estado trabajando Hounsfield.

El diseño y la construcción de cinco prototipos del escáner de cerebro y cuerpo completo, progresivamente más sofisticados, lo mantuvieron ocupado hasta 1976.

Había muchas otras cosas que exigían su tiempo y atención. Los técnicos le pedían constantemente que solucionara problemas que nadie más podía resolver. Los vendedores querían que hablara con sus clientes más importantes.

Hounsfield daba adiestramiento a nivel interno; además, debía presentar documentos y dar conferencias. Tenía un importante papel en las relaciones públicas, aceptando honores de todas partes del mundo.

Después de la euforia inicial, pudo ampliar sus intereses en otros proyectos, incluyendo avances en la tecnología de la tomografía computarizada y campos relacionados del diagnóstico por imagen, como la resonancia magnética nuclear.

Aunque no tenía estudios médicos formales, en 1975 le fue otorgado un Doctorado Honoris Causa en Medicina por la Universidad de la Ciudad de Londres.

Godfrey Newbold Hounsfield recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1979. El comité lo describió como “la figura central en la tomografía asistida por computadoras”, un método radiológico revolucionario, particularmente en la investigación de las enfermedades del sistema nervioso.

Compartió el galardón con el físico nuclear de origen sudafricano Allan MacLeod Cormack, de la Universidad Tufts de Estados Unidos, quien había desarrollado de manera independiente otro aparato de tomografía.

Ninguno de los dos ganadores en Medicina o Fisiología de ese año era médico, pero ambos habían logrado una revolución en el campo de la medicina.

La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska destacó que, con una inusual combinación de visión, intuición e imaginación en un sistema que ofrecía grandes problemas para su construcción, Hounsfield obtuvo resultados sorprendentes, agregando que ningún otro método desde los rayos X había llevado a tantos avances en tan poco tiempo como la tomografía asistida por computadora.

En el emotivo discurso de presentación del premio, el profesor Torgny Greitz del Instituto Médico Quirúrgico Karolinska expresó que pocos laureados en Fisiología o Medicina habían cumplido al grado que Allan Cormack y Godfrey Hounsfield la condición expresada por Alfred Nobel, estipulando que el ganador debía “haber conferido el mayor beneficio a la humanidad”.

Siendo soltero, Hounsfield pudo dedicar mucho tiempo a su interés en la ciencia. Trabajaba durante largas jornadas y sus colegas se quedaban hasta muy tarde, porque disfrutaban colaborar con él.

Aparte de su trabajo, sus grandes placeres eran las actividades al aire libre, como esquiar, caminar en las montañas y organizar paseos por el campo.

Amaba la música, tanto popular como clásica y aprendió a tocar el piano de manera autodidacta. Disfrutaba de las discusiones animadas; era entusiasta, educado, amable y encantador. Según sus colegas, era la persona más buena que alguien podía conocer.

Además del Nobel, recibió numerosos premios y distinciones. En 1975 fue elegido miembro de la Real Sociedad. Fue nombrado Comandante del Imperio Británico en 1976 y Caballero en 1981.

Tras su retiro formal, realizó trabajo voluntario en varios hospitales. Luego sufrió una enfermedad pulmonar crónica y progresiva, por lo que pasó sus últimos años en una clínica de reposo.

Sir Godfrey Newbold Hounsfield murió en el Hospital Nueva Victoria de Kingston el 12 de agosto de 2004, a los 84 años. Dejó su dinero a una fundación, para apoyar investigaciones de ingeniería y becar a estudiantes.

Al recibir el Premio Nobel, su consejo para los jóvenes fue: “No te preocupes si no puedes pasar los exámenes, mientras sientas que has entendido la materia”.

Investigación y guion: Conti González Báez

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