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BLOG: Cinema Red
José Antonio Valdés
José Antonio Valdés
Investigador, guionista, crítico y docente cinematográfico
Julio 3, 2017

Viajando por la vida: recordando a Theo Angelopoulos
Publicado: Julio 3, 2017

El de Theo Angelopoulos es un cine de seres errantes, siempre en busca del sentido de su existencia a través de paisajes desolados, devastados por los horrores del siglo XX, en el cual toda ideología ha sido derrotada sin remedio. Cuando el cine mundial se tornaba cada vez más frenético, Angelopoulos orquestó una obra fílmica excepcional en la cual la historia de Europa y las odiseas emocionales se fusionaban para brindarnos sendas reflexiones sobre la condición humana y el papel de los hombres en el desarrollo de las civilizaciones.

Theo Angelopoulos nació en Atenas, Grecia, en 1935. Su desarrollo ocurrió en medio de la Guerra Civil griega que devastó al país durante casi una década. Su padre fue capturado y estuvo prisionero durante ese período. Desde niño, Angelopoulos conoció los horrores de la guerra y la ausencia, situaciones y sensaciones que pueblan su filmografía. Llegó su juventud, el servicio militar y finalmente los estudios de Derecho en la Universidad de Atenas. Su destacado desempeño académico lo llevó hasta La Sorbona en París. Sin embargo, el cine llegó a su vida y abandonó las leyes para cursar estudios cinematográficos en el célebre IDHEC parisino, la escuela de cine más importante del mundo. Formado como crítico cinematográfico, Angelopoulos regresó a Grecia en 1967, justo para presenciar un golpe militar que inició en el país una dictadura conocida como el Régimen de los Coroneles. Su filmografía estaba a punto comenzar.

 Reconstrucción (1970) fue su primer largometraje, en el cual un homicidio es recreado ante la autoridad y el espectador en su butaca a la vez. Días del ’36 (1972) presentó por primera vez en el cine de Angelopoulos la enfermiza relación del hombre con el poder político. En el contexto de una dictadura militar ocurrida en los años treinta, el cineasta retrata el desesperado intento de un prisionero por liberarse a través de un chantaje hacia un destacado político cuya corrupción es deplorable.

Theo Angelopoulos abordó por vez primera los terribles días de la ocupación nazi en Grecia con El viaje de los comediantes (1975). Una troupe de artistas recorre el territorio teniendo que enfrentarse a los innumerables conflictos que la situación del país padece, mientras entre ellos mismos las pasiones provocan también hecatombes personales. Angelopoulos sigue reflexionando sobre el pasado con el último de sus filmes realizados durante la década de los setentas, Los cazadores (1977). Las culpas compartidas por toda una nación herida a causa de las guerras civiles se encarnan en la figura trágica de un partisano congelado que aparece en los terrenos por los que practican la cacería un grupo de burgueses.

El cineasta abrió la década de los ochenta con otra revisión a la historia griega con Alejandro el Grande (1980). Omero Antonutti encarna a un célebre bandido macedonio cuya legendaria creencia en ser la reencarnación del mítico conquistador griego provoca en Angelopoulos la oportunidad para reflexionar sobre la forma en la cual el poder provoca el delirio en quien lo ostenta por la fuerza.

Angelopoulos se enfrasca en una trilogía sobre el silencio. Viaje a Citeria (1984) es el primer eslabón de esta cadena, en la cual un comunista griego residente en la Unión Soviética durante décadas regresa a Grecia tan solo para descubrir las consecuencias de su fracaso como hombre y el de su ideología por igual. El errante protagonista de este relato comparte con el de El apicultor (1986), encarnado por Marcello Mastroianni, la necesidad indispensable de viajar. ¿Hacia dónde? Nadie sabe. Angelopoulos retrata con estos dos personajes el peregrinar del ser humano en la actualidad, enfrascado en un viaje sin rumbo buscando el sentido de su existencia. Un rayo de esperanza se asoma en Paisaje en la niebla (1988), magistral odisea de un par de niños desde Grecia hasta Alemania en busca de un padre-origen que desconocen. Esa busca de refugio la viven también los protagonistas de El paso suspendido de la cigüeña (1991), encerrados en una extraña sala de espera que los separa del Más Allá de la frontera griega.

Angelopoulos celebró el centenario del Cinematógrafo con La mirada de Ulises (1995), la odisea de un cineasta griego en busca de los orígenes del cine en su tierra y de su propia existencia. Llegará 1997 y La eternidad y un día, historia de un enfermo terminal que tratará de cerrar los círculos emocionales que dejó abiertos a lo largo de su vida antes de que sea demasiado tarde. Theo Angelopoulos comenzó en 2004 una trilogía nueva. El prado en llanto era el primer capítulo de esta serie en la cual el cineasta recreó los difíciles tiempos en los cuales sus padres se conocieron y deambularon por Grecia tratando de sobrevivir tras escapar de los abusos del comunismo en la Europa del Este. Cuatro años más tarde, Angelopoulos estrenó El polvo del tiempo (2008), en la cual Angelopoulos retrata a una familia separada por los devaneos de las guerras y la historia haciendo un doloroso símil con su propia familia. Pero quiso el destino que el martes 24 de enero de 2012, mientras filmaba la última parte de esta trilogía sobre su familia, Angelopoulos falleciera de forma trágica en las calles de Atenas, víctima de un fatal accidente automovilístico.

José Antonio Valdés Peña

CINEMA RED

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