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Junio 24, 2017

Vida y obra de Frédéric Chopin
Publicado: Junio 24, 2017

El más grande compositor polaco y gran pianista es Fryderyk Franciszek Chopin, mejor conocido por su nombre en francés, Frédéric François Chopin.

Nació en 1810 en la aldea polaca Zelazowa Wola, entonces parte del Gran Ducado de Varsovia. Su fecha de nacimiento es incierta: según el compositor y su familia, fue el 1º de marzo; según su partida bautismal, el 22 de febrero.

Su padre, Nicolás Chopin, un francés de lejanos ancestros polacos, era profesor de la familia del Conde Skarbek. Su madre, Tekla Justyna Krzyzanowska, pertenecía a la nobleza polaca venida a menos y era ama de llaves de la finca.

Frédéric fue su segundo hijo y único varón. Era tres años menor que su hermana Ludwika y les llevaba uno y dos a sus hermanas Izabella y Emilia.

La familia se mudó cuando él era bebé y su padre obtuvo el puesto de profesor en el Liceo de Varsovia. Además, administraba una casa de huéspedes para hijos de la aristocracia.

Frédéric y sus hermanas crecieron en un entorno con gusto por la cultura. El niño mostró gran sensibilidad para la música y se emocionaba hasta las lágrimas al escucharla. Su madre y su hermana Ludwika le dieron sus primeras lecciones de piano.

Al ver sus excepcionales cualidades, sus padres lo pusieron en manos del maestro Wojciech Zywny, violinista amante de la música de Bach y Mozart.

A los siete años compuso su primera obra; como no sabía escribir bien, la pieza fue anotada por su padre. La Polonesa en sol menor para piano fue publicada en el taller de grabado del padre Cybulski, director de la Escuela de Organistas.

El niño compuso otras polonesas, marchas y variaciones, muchas de las cuales se perdieron. Fue presentado en los periódicos de Varsovia y comparado con el genio infantil Mozart.

A los ocho años, Chopin tocaba el piano con maestría, improvisaba y componía. Dio su primer concierto en el palacio de la familia Radziwill de Varsovia y pronto se convirtió en la atracción de los salones aristocráticos.

Desde pequeño, sufrió inflamaciones de los ganglios del cuello y tuvo que soportar frecuentes sangrías. Su frágil salud marcó su vida.

A los doce años, el maestro Zywny no podía ofrecer más ayuda al alumno cuyas habilidades sobrepasaban las suyas; Chopin estudió teoría musical y composición con Jószef Ksawery Elsner, director de la Escuela Superior de Música de Varsovia.

Recibió lecciones de Wilhelm Würfel, renombrado pianista del Conservatorio de Varsovia, mientras continuó sus cursos en el Liceo de Varsovia, donde enseñaba su padre.

Pasaba las vacaciones de verano en las fincas campestres de sus compañeros, donde tuvo contacto con la música folclórica polaca y las tradiciones de su país.

El joven escuchó y transcribió canciones, participó en bodas campesinas y festividades de las cosechas, bailó y tocó con los músicos del pueblo.

Supo lo que realmente era una polonesa, danza cuya estilización la había convertido en música superficial y falsa. Con esa valiosa fuente de inspiración, compuso sus primeras mazurcas.

A los 16 años completó sus estudios, graduándose Cum Laude. Ese verano viajó por primera vez fuera de Polonia: fue con su madre y sus hermanas a pasar una temporada en el balneario de Reinertz, Prusia. El propósito era que él y su hermana Emilia, delicados de salud, pudieran recuperarse.

Al regresar se inscribió en la Escuela Superior de Música de Varsovia. Continuó sus estudios con Elsner, pero no asistió a las clases de piano. Su antiguo maestro comprendió su decisión y fue muy exigente en las materias teóricas, como el contrapunto. Chopin adquirió una sólida técnica de composición musical.

Su hermana Emilia murió de tuberculosis. Frédéric, de 18 años. viajó con el profesor Feliks Jarocki, colega de su padre, al Congreso de Naturalistas en Berlín. Conoció la vida musical de la ciudad, escuchó óperas y quedó fascinado por un oratorio de Haendel.

En 1829, el célebre violinista italiano Niccolò Paganini tocó en Varsovia. Frédéric Chopin quedó deslumbrado por su virtuosismo. Su homenaje quedó patente su composición Estudio para piano.

Su prestigio como compositor y pianista ya traspasaba las fronteras de su patria y su mentor Wilhelm Würfel lo invitó a presentarse en el Teatro Kärntnertor de Viena.

Tocó sus Variaciones sobre un tema de Mozart, con gran éxito. Chopin se asombró por la cálida aceptación del exigente público vienés.

De regreso en Varsovia se dedicó a la composición. Escribió su primer Concierto para piano y orquesta inspirado por Konstanze Gladkowska, una joven estudiante de canto de la que se enamoró.

Aquel romance juvenil fue ardiente, pero Chopin emprendió un viaje de estudios por Europa. Originalmente pensó en viajar a Berlín, a donde había sido invitado por el príncipe Antoni Radziwill, pero prefirió Viena, deseando consolidar el éxito de su primera gira.

Ofreció un concierto de despedida en el Teatro Nacional de Varsovia; tocó su Concierto en mi menor y su amada Konstanze cantó arias de ópera. El público lo ovacionó de pie.

En una taberna de Wola, sus amigos le regalaron una copa de plata con un puñado de tierra polaca. Su maestro Elsner dirigió un pequeño coro que cantó Un nativo del suelo polaco.

En noviembre de 1830, Frédéric Chopin partió con su amigo Tytus Woyciechowski a Austria e Italia. Confiaba en perfeccionar su arte y regresar triunfante a su patria, pero no volvería jamás.

Días después de llegar, los amigos se enteraron del Levantamiento de Noviembre, insurrección polaca contra Rusia, así como la presencia del zar en el trono de Polonia, que desató la guerra ruso-polaca. Woyciechowsky regresó a Varsovia para unirse a los revolucionarios, pero convenció a Chopin de quedarse en Viena.

Su segunda estancia en la capital del Imperio Austriaco no fue feliz. Ya no era la joven sensación del extranjero; deseaba incorporarse al ambiente musical vienés, pero artistas y empresarios le mostraron indiferencia y hasta hostilidad. No era fácil conquistar al público, que solo quería oír los valses de Lanner y Strauss. Además, la insurrección polaca no era bien vista.

Chopin dio dos recitales durante los ocho meses que permaneció en la ciudad, con un éxito modesto. Su estado de ánimo decayó; sufría gran ansiedad por la situación de su país y su familia. Pensó en abandonar su carrera, ya que le costaba trabajo concentrarse.

Sin embargo, no desperdició ese tiempo. Las fuertes y dramáticas experiencias inspiraron la imaginación del compositor, acelerando el nacimiento de un estilo nuevo e individual. Empezó a componer el Scherzo en si menor y los poderosos Estudios opus 10.

Impedido de viajar a Italia debido a las hostilidades de ese país contra Austria, resolvió dirigirse a París. Ofreció un concierto en Múnich y en Stuttgart se enteró de la caída de Varsovia ante las tropas rusas; la noticia le provocó fiebre y una crisis nerviosa.

En el otoño de 1831, el músico de 21 años llegó a París. Tras la derrota de Polonia, miles de compatriotas buscaron refugio en Francia, donde fueron recibidos con los brazos abiertos.

Chopin hizo amistad con su líder, el príncipe Adam Czartoryski. Se convirtió en miembro de la Sociedad Literaria Polaca, a la que apoyó financieramente. Asistía a juntas de inmigrantes, tocaba en conciertos de caridad y organizaba diversos eventos.

Las cartas de recomendación que llevó de Viena le permitieron introducirse al mundo musical parisino. Se hizo amigo de Franz Liszt, Félix Mendelssohn y Héctor Berlioz, entre otros colegas.

La ciudad era el centro mundial de la cultura y también tuvo oportunidad de conocer a los escritores Víctor Hugo, Honoré de Balzac y Heinrich Heine.

Chopin ofreció su primer concierto público en la Sala Pleyel. Presentó dos obras suyas y compartió el escenario con notables pianistas como Camille-Marie Stamaty, George Osborne y Ferdinand Hiller, para interpretar una Polonesa de Kalkbrenner, ¡a seis pianos! Fue el tema de conversación de toda la ciudad.

Su principal fuente de ingresos en París era dar lecciones de piano. Era un maestro popular entre la aristocracia polaca y francesa, pero esta tarea le robaba tiempo para componer.

Los salones parisinos se convirtieron en sus lugares preferidos para tocar. Como pianista, estaba a la altura de los grandes artistas de su época, pero no le gustaban las apariciones públicas, porque se ponía muy nervioso. En cambio, en un grupo íntimo de amigos expresaba con facilidad su gran talento interpretativo.

Ya instalado en Francia, Chopin escogió el estatus de inmigrante. Pese a las peticiones de su padre, no obedeció las regulaciones zaristas impuestas en la dominada Polonia y nunca llevó su pasaporte a la embajada rusa. Como refugiado político, perdió la posibilidad de visitar legalmente su tierra natal.

Anhelaba ver a su familia y amigos. En esta situación, podía ver a sus padres solamente fuera de Polonia. En agosto de 1835, ellos viajaron a Karlsbad para una cura y Chopin los alcanzó allí.

En Dresden renovó su relación con los Wodzinski. Años atrás, los tres hijos de la familia se habían quedado en la casa de huéspedes que administraba Nicolás Chopin. María, de 17 años, mostraba gran talento musical y Frédéric, de 25 años, se enamoró de ella.

Al año siguiente, durante unas vacaciones que pasó con la joven y su madre en Marienbad y Dresden, le propuso matrimonio. Fue aceptado, con la condición de que cuidaría mejor de su salud. Estuvo gravemente enfermo durante el invierno; creyó que se moría y escribió el primer borrador de su testamento.

Tras un periodo de prueba de un año, los padres de María, preocupados por el pésimo estado de salud del novio y su irregular estilo de vida, cancelaron el compromiso. Fue una dolorosa experiencia para Chopin, quien guardó las cartas de la familia Wodzinski con una etiqueta que decía: “Mi desgracia”.

En Leipzig se encontró con Schumann, quien se había convertido en su gran admirador. Luego viajó a Londres, para olvidar recuerdos desagradables.

Al regresar a París, Frédéric Chopin abandonó los conciertos para concentrarse en la composición. Quienes deseaban escucharlo debían hacerlo en su estudio privado.

Franz Liszt le presentó a la escritora francesa Aurore Dudevant, mejor conocida por su seudónimo: George Sand. De 32 años, divorciada y con dos hijos, era un caso particular en aquellos tiempos: usaba ropa de varón, fumaba habanos y despreciaba las convenciones sociales. Su “disfraz” masculino le permitía circular libremente y tener acceso a lugares negados para una mujer sola.

Chopin, de 26 años, no se sintió atraído hacia ella; más bien, confundido. Pero la novelista le ofreció al joven artista lo que extrañaba más de su vida en Varsovia: ternura, calidez y cuidados maternos.

En 1837, el compositor completó el Trío de la Marcha Fúnebre para el aniversario de los alzamientos polacos. Al año siguiente tuvo importantes presentaciones públicas y sus éxitos continuaron.

De romance con Sand, en vez de vivir juntos, Chopin alquiló dos casas contiguas en París. La pareja pasaba los veranos en la finca campestre de Sand, donde la escritora cuidaba del frágil pianista; bajo sus mimos, compuso parte de su mejor producción.

En el invierno de 1838, su salud se había resentido y su médico le aconsejó un clima más saludable. El compositor, Sand y los dos niños de ella viajaron a Mallorca.

Lo que sería un viaje de placer, salud y creación se convirtió en un desastre. El clima lluvioso empeoró la condición de los pulmones del músico. En la hermosa isla se confirmó el diagnóstico de su enfermedad: tuberculosis.

Durante varias semanas, estuvo tan débil que no podía salir de la casa, donde Sand lo atendía amorosamente. Continuó trabajando y compuso varias piezas maestras: sus 24 Preludios y el Scherzo en do sostenido menor Opus 39.

En la primavera continuó su convalecencia en Marsella. Aún débil, se mudó a la casa campestre, componiendo constantemente y regresando a París por breves temporadas.

Fue el periodo más feliz y productivo en su vida. El compositor y la escritora eran tratados como un matrimonio, aunque nunca se casaron. Tenían amigos en común entre los artistas de la capital, como el pintor Delacroix, quien hizo un famoso retrato del músico.

Durante varios años, la pareja disfrutó de un profundo amor, pero con el tiempo surgieron conflictos con los hijos de ella. Chopin se puso del lado de Solange, la menor, mientras que Sand defendía a Maurice, hostil hacia el músico. Esto provocó enfrentamientos que afectaron seriamente la relación.

Obligado a dar varios recitales en París, la salud de Chopin comenzó nuevamente a deteriorarse. El verano de 1846 realizó su última visita a la casa de Sand en Nohant, donde concluyó la Sonata para cello. Al año siguiente, la pareja se separó.

La dolorosa experiencia personal y la pérdida de la casa campestre, tan importante para su salud y creatividad, tuvieron un efecto devastador en el estado físico y mental del músico.

Sin su amada George y sumamente deprimido, dio su último concierto en París, el 16 de febrero de 1848. Días después estalló la Revolución de Febrero y la merma de alumnos afectó gravemente sus finanzas.

Solo y triste, Chopin viajó a Inglaterra; su alumna Jane Stirling organizó recitales para la nobleza. Su fama lo había precedido, el público acudió en tropel y la aristocracia inglesa envió a sus niños a tomar clases con él.

Con su enorme talento, atormentada figura y elegante personalidad, hizo amistad con importantes personajes de la refinada sociedad británica, como la reina Victoria y el escritor Charles Dickens.

Viajó a Escocia, donde siguió ofreciendo recitales. El esfuerzo excesivo y un clima dañino para sus pulmones perjudicaron más su salud. En noviembre de 1848, ardiendo en fiebre, ofreció un último concierto para emigrados polacos en Londres y regresó a París.

Demasiado débil para dar clases, trabajó en el borrador de su última pieza, la Mazurca en fa menor. Al saber que su estado era muy grave, compatriotas, amigos, alumnos y admiradores quisieron decirle adiós. El más fiel fue el pintor Delacroix, que lo visitó diariamente para confortarlo.

Su hermana mayor, Ludwika, viajó desde Varsovia con su esposo e hija para cuidarlo en su casa de la Place Vendôme. George Sand insistió en verlo, pero Ludwika le negó la entrada; solo permitió que su hija Solange pasara a visitarlo.

En plena agonía, el compositor tuvo fuerzas para dar a cada visitante un apretón de manos y una palabra amable. A las dos de la madrugada del 17 de octubre de 1849, Frédéric Chopin murió. Tenía solo 39 años.

Su funeral fue en la Iglesia de Santa Magdalena. Cumpliendo las disposiciones de su testamento, se ejecutaron dos preludios suyos y el Réquiem de Mozart. En el Cementerio de Père-Lachaise se tocó la Marcha Fúnebre de su Sonata Opus 35.

Aunque su cuerpo permaneció en París, se obedeció la última voluntad del músico: su hermana mandó extraer y depositó su corazón en la Iglesia de la Santa Cruz de Varsovia.

Chopin escribió más de 200 composiciones, la mayoría para piano o piano y orquesta. Descubrió el verdadero potencial del instrumento; su avanzada técnica impuso las bases de toda la composición pianística posterior y su novedoso estilo condujo al piano moderno del siglo XX.

En todo el mundo existen festivales, asociaciones musicales y escuelas que llevan el nombre de Frédéric Chopin. El más importante es el concurso de piano que se celebra en Varsovia cada cinco años, en memoria del gran compositor.

Investigación y guión: Conti González Báez

 

 

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