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BLOG: Las Redes del Tiempo
Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Marzo 4, 2017

Vida y obra de Rita Levi-Montalcini
Publicado: Marzo 4, 2017

Rita Levi-Montalcini y su hermana gemela Paola nacieron el 22 de abril de 1909 en Turín, Italia. Su padre, Adamo Levi, era un ingeniero eléctrico y brillante matemático; su madre, Adele Montalcini, una talentosa pintora. Tenían dos hermanos mayores, Gino y Anna.

Los cuatro disfrutaron de una infancia muy feliz, en un ambiente familiar lleno de amor. Sus padres poseían una amplia cultura y les inculcaron su gran aprecio por los logros intelectuales.

Anna, cinco años mayor que las gemelas, era admiradora de la gran autora sueca y laureada Nobel Selma Lagerlöf. Contagió su entusiasmo a Rita, quien quería convertirse en escritora para describir una saga italiana al estilo de Lagerlöf.

Las cosas se dieron de diferente manera. La familia vivía según el estilo victoriano de la época; todas las decisiones eran tomadas por el esposo, padre y jefe de familia.

Aunque Adamo Levi amaba a sus hijas y tenía gran respeto por las mujeres, creía que una carrera profesional interferiría con los deberes de una buena esposa y madre.

Decidió que Anna, Paola y Rita no siguieran estudios que les abrieran el camino para continuar una carrera universitaria. En cambio, Gino se convirtió en uno de los arquitectos italianos más reconocidos y más tarde fue profesor en la Universidad de Turín.

Desde niña, Paola mostró un extraordinario talento artístico y la decisión paterna no le impidió dedicarse de tiempo completo a la pintura. Llegó a ser una de las pintoras más destacadas de Italia.

Rita tuvo más dificultades para seguir su vocación. A los 20 años, supo que no podía ajustarse al rol femenino que deseaba su padre. Le pidió permiso para estudiar una carrera y con su insistencia logró convencerlo.

En ocho meses estudió las materias que le faltaban, como latín, griego y matemáticas, se graduó del bachillerato y se inscribió en la Escuela de Medicina de Turín.

Dos de sus compañeros y amigos cercanos, Salvador Luria y Renato Dulbecco, recibieron años antes que ella el Premio Nobel en Fisiología o Medicina. Los tres eran alumnos del famoso histólogo italiano Giuseppe Levi.

Tuvieron un soberbio entrenamiento en ciencias biológicas y aprendieron a resolver problemas científicos con un método riguroso, que aún era inusual en ese entonces.

En 1936, Rita Levi-Montalcini se graduó en Medicina y Cirugía con mención summa cum laude y se inscribió en una especialidad de tres años en Neurología y Psiquiatría.

Estaba indecisa entre dedicarse exclusivamente a la práctica médica o al mismo tiempo realizar investigación en neurología. Los acontecimientos políticos la obligaron a posponer su decisión y abandonar la universidad.

Ese mismo año, Benito Mussolini expidió el “Manifiesto por la Defensa de la Raza”, firmado por diez supuestos científicos italianos. Pronto siguió la promulgación de leyes prohibiendo las carreras académicas y profesionales a ciudadanos no arios.

Tras una breve estancia en Bruselas como invitada de un instituto neurológico, justo antes de que el ejército alemán invadiera Bélgica en la primavera de 1940, Levi-Montalcini regresó a Turín para reunirse con su familia.

Como judíos sefarditas, sus alternativas eran emigrar a Estados Unidos o realizar alguna actividad que no necesitara del apoyo ni el contacto con el mundo exterior ario en el que vivían. La familia escogió permanecer en su patria.

La Dra. Levi-Montalcini, de 31 años, decidió improvisar un pequeño laboratorio en su recámara. Su inspiración fue un artículo de Viktor Hamburger sobre el crecimiento de fibras nerviosas en embriones de pollo.

Cuando iniciaba el proyecto, Giuseppe Levi regresó a Turín; había escapado de Bélgica tras la invasión nazi y se ofreció a ayudarla. Fue todo un honor para la joven científica tener a su antiguo mentor como su primer y único asistente.

En 1941, el intenso bombardeo de Turín por las fuerzas aéreas de los Aliados hizo imperativo abandonar la ciudad. La familia se mudó a una cabaña en el campo, donde la científica reinstaló su laboratorio y continuó con sus experimentos.

En el otoño de1943, la invasión de Italia por el ejército alemán los forzó a abandonar el peligroso refugio campestre de Piamonte y trasladarse a Florencia, donde vivieron clandestinamente hasta el final de la II Guerra Mundial.

Levi-Montalcini se mantenía en contacto permanente con varios amigos cercanos y muy queridos, partisanos del “Partido de Acción”. En agosto de 1944, el avance de las fuerzas aliadas obligó a los invasores alemanes a dejar Florencia.

En los cuarteles angloamericanos, fue contratada como médica y asignada a un campo de refugiados de guerra, que eran trasladados por cientos a la ciudad desde el Norte de Italia, donde continuaba el conflicto bélico.

Las epidemias de enfermedades infecciosas y tifus abdominal se esparcían entre los refugiados. Aunque estaba a cargo como médica, también realizaba labores de enfermería, compartiendo con ellos su sufrimiento y el peligro diario de la muerte.

La guerra terminó en Italia en mayo de 1945 y Rita Levi-Montalcini regresó con su familia a Turín, donde retomó sus labores académicas en la universidad.

Su vida cambió en 1947. Recibió una invitación del Profesor Viktor Hamburger para trabajar con él en la Universidad Washington de St. Louis, Missouri, con el objeto de extender los experimentos que ambos habían realizado años antes con los embriones de pollos.

La científica planeaba permanecer en Estados Unidos un año, pero debido a la complejidad de su investigación pospuso su regreso a Italia durante 30 años.

Tras miles de disecciones de embriones de pollo y ratones, logró aislar una molécula de proteína llamada Factor de Crecimiento Nervioso, explicando cómo crecen las células del sistema nervioso.

En 1953, el bioquímico Stanley Cohen se unió al grupo de investigación en St. Louis y descubrió otra sustancia, el Factor de Crecimiento Epidérmico.

Ambos descubrimientos iniciaron una nueva era en la investigación del crecimiento y diferenciación celular. Fueron decisivos para encontrar los mecanismos que regulan el desarrollo neuronal.

Su conocimiento permite estudiar malformaciones y errores del desarrollo, así como cambios degenerativos que ocurren en la demencia senil, el retraso en la cicatrización de heridas, la distrofia muscular y enfermedades tumorales.

El Factor de Crecimiento Nervioso puede utilizarse en terapias para estimular el proceso de reparación tras algún daño a los nervios periféricos, al sistema nervioso central e incluso al cerebro.

También puede aplicarse para reparar heridas en la piel o córneas, acelerar la recuperación tras una cirugía y cultivar células destinadas a autotrasplantes de piel en pacientes quemados.

El trabajo de Levi-Montalcini y Cohen ha ayudado a entender mejor el cáncer, los defectos de nacimiento y las enfermedades como Alzheimer y Parkinson.

En 1956, la Universidad Washington en St. Louis le ofreció a Levi-Montalcini un puesto como Profesora Asociada. Dos años después se convirtió en Profesora e Investigadora de tiempo completo, hasta su jubilación en 1977.

Aunque le encantaba la atmósfera científica estadounidense, extrañaba mucho a su familia y su país. En 1962 estableció un centro de investigación en Roma, dividiendo así su tiempo entre Italia y Estados Unidos.

De 1969 a 1978 fue Directora del Instituto de Biología Celular del Consejo de Investigación Nacional Italiano. A partir de su retiro en 1979, se convirtió en Profesora Invitada de dicho instituto.

Por sus descubrimientos de los mecanismos que regulan el crecimiento de células y órganos, Rita Levi-Montalcini y Stanley Cohen fueron galardonados con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1986.

Residiendo ya en Italia, ella era vista con afecto y respeto como un tesoro nacional por sus logros, extraordinaria personalidad, energía y elocuencia.

En 2001, a los 92 años, fue nombrada senadora vitalicia, un honor otorgado a expresidentes y figuras prominentes en los campos sociales, científicos, artísticos o literarios.

Pese a haber perdido la vista, dijo que continuaría trabajando porque su camino estaba iluminado por la luz de la ciencia. Al año siguiente, fundó el Instituto Europeo de Investigaciones Sobre el Cerebro (EBRI) y luchó por mejorar la situación científica italiana.

Intervino para defender la enseñanza de la evolución en las escuelas, cuando en 2004 la entonces Ministra de Educación, Letizia Moratti, quería retirarla del programa escolar.

Nunca dudó en utilizar su posición en el Senado para impulsar la ciencia y criticó duramente los recortes presupuestales del gobierno en ese rubro.

Atacó a los conservadores y a la Iglesia por oponerse a la investigación con embriones y acusó a colegas científicos de ser responsables en el desarrollo de armas letales de alta tecnología.

Siendo laica, para ella lo importante eran los problemas morales, es decir, vivir según una trayectoria que esté siempre bajo la posibilidad de la ética.

Socialista durante toda su vida, se hizo buena amiga del ex Primer Ministro Romano Prodi, a quien apoyó muchas veces con su voto parlamentario. Tuvo varios enfrentamientos con senadores de oposición, que se burlaban de su avanzada edad.

Levi-Montalcini es una de las científicas más importantes del siglo XX. Fue la primera mujer en ser admitida en la Academia Nacional de Ciencias de Italia y la primera en presidir la Enciclopedia Italiana.

Fue miembro de las principales academias científicas del mundo y ha recibido todo tipo de reconocimientos. El más reciente fue la Legión de Honor de Francia, en diciembre de 2008.

Estableció la Fundación Rita Levi-Montalcini, para apoyar la educación de las mujeres africanas y ofrecerles oportunidades para convertirse en científicas. También fue embajadora de la ONU en la lucha contra el hambre en el mundo.

Publicó 21 libros de divulgación científica, muy populares. De joven, una de sus obras favoritas era la pasional historia de Emily Brontë “Cumbres Borrascosas”. Sin embargo, excepto algunos romances estudiantiles, no tuvo ningún gran amor en su vida.

Rehuyó el matrimonio y la maternidad, para consagrarse a su carrera médica y científica. En alguna ocasión comentó que aún si se casan dos personas brillantes, una de ellas podría resentir que su pareja fuera más exitosa.

Aunque sus tres hermanos y muchos amigos ya habían muerto, la científica dijo que el último periodo de su vida era el mejor. A los 100 años, que cumplió el 22 de abril de 2009, su mente era más aguda que cuando tenía 20.

Entonces afirmó que la jubilación destruye cerebros. Muchas personas se jubilan y se abandonan; eso mata su cerebro y enferman. La científica siempre opuso a que las personas fueran obligadas a retirarse.

Aseguraba que el cerebro goza de gran plasticidad neuronal. Ante la muerte de neuronas, encuentra nuevos caminos para continuar sus funciones. Es importante estimularlo y mantenerlo activo.

Cumplir un siglo no era razón para dejar de luchar y continuó haciéndolo por algo muy cercano a su corazón, la supervivencia del EBRI, que estaba en apuros financieros.

En Italia, los festejos por su centenario iniciaron con una gala en el palacio presidencial del Quirinale. El Presidente Giorgio Napolitano la llamó “la gran mujer de la ciencia”.

Luego, hubo otra fiesta en el Ayuntamiento de Roma. Entre los invitados por el Alcalde Gianni Alemanno estaba su colega Stanley Cohen, con quien compartió el Premio Nobel. El científico estadounidense, entonces de 86 años, comentó que en las décadas que trabajaron juntos jamás discutieron.

El Ministro de Educación Mariastella Gelmini anunció un fondo de seis millones de euros para jóvenes investigadores italianos y medio millón para mantener el centro EBRI fundado por Levi-Montalcini. Ella dijo que nunca hubiera soñado con regalos tan increíbles.

Siempre sostuvo que el secreto de su longevidad era ser feliz por estar viva y al servicio de otros. Nunca le preocupó la muerte, porque lo que queda de todos nosotros son los mensajes que hemos lanzado durante nuestra vida.

Pese a sus problemas de oído y vista, durante los últimos años trabajó todas las mañanas en el EBRI, analizando problemas científicos; por las tardes ayudando a jóvenes y mujeres de África.

Mantuvo contacto con el público, especialmente jóvenes, en sitios de internet como Facebook y MySpace. Confesó que comía muy poco y no dormía casi nada; podía pasarse la noche pensando. A su edad, no necesitaba más.

Con su pelo blanco elegantemente peinado, un traje sastre azul marino, tacones altos y un abrigo hecho a la medida, Rita Levi-Montalcini se veía como si hubiera salido de las páginas de una revista de modas cuando alzó su copa de champaña para brindar por su larga vida.

Tras ser la primera persona galardonada con el Premio Nobel en cumplir más de un siglo, Rita Levi-Montalcini murió en Roma, Italia, el 30 de diciembre de 2012, a los 103 años. Su legado vivirá por siempre.

Investigación y guión: Conti González Báez

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