COLUMNA: Matatena

    Blanca Lolbee
    Blanca Lolbee
    Periodista y conductora.
    Enero 28, 2016

    ALREDEDOR DE LA MARIHUANA

    Está en pleno el desarrollo de las discusiones en torno al uso lúdico y medicinal de la marihuana. A estos debates efectuados en Cancún y en la Ciudad de México, han acudido especialistas, personas que han tenido experiencias con la marihuana o aquello que han luchado para conseguir algún medicamento proveniente del cannabis para ayudar a enfrentar los síntomas de alguna enfermedad, particularmente de casos de epilepsia (la situación de la pequeña Grace es emblemática).

    La discusión en torno al uso medicinal de medicamentos provenientes de “cannabinoides” parece no tener vuelta de hoja, irá para adelante; uno de los argumentos más poderosos es el siguiente: “esos medicamentos ayudan a mejorar la calidad de vida de ciertos enfermos y la salud no debe estar a discusión”. Es probable que pronto se autorice porque parece que casi todos están de acuerdo, el uso de medicamentos provenientes del cannabis.

    Sin embargo, y pese a los argumentos a favor de la legalización del uso lúdico de la marihuana, pero en cantidades específicas (se pretende que de 5 se pase a permitir la legalidad de la portación de hasta 28 gramos), éste es un aspecto que se tendrá que observar con mucho más cuidado y donde hay muchas voces discordantes.

    Quienes están en contra, alertan sobre la falta de información que tiene un alto porcentaje de los jóvenes en el país y sobre todo el daño que el consumo de éste psicotrópico genera en los adolescentes, “cerebros en formación” les llaman algunos.

    Los dos casos emblemáticos en uno y otro ángulo, el ya citado de la pequeña Grace y el fallo del 4 noviembre de la primera sala de la corte para autoconsumo lúdico de la marihuana a favor del autodenominado grupo SMART, pusieron como nunca antes, la discusión sobre la mesa.

    Si en lo que se refiere al consumo medicinal se autoriza, la desventaja podría ser el alto precio en el que seguramente serían comercializados esos medicamentos, receta de por medio en el mercado. Ello se explica con la misma lógica que se explican los altos precios de los medicamentos en general en el país: la falta de laboratorios dedicados a la investigación que fabriquen medicamentos y consecuentemente, el hecho de que la mayoría vengan de otros países y traigan en su precio cargado el costo de la investigación que ellos sí realizan.

    En el otro caso, mucho habría que hacer en el marco legal y de difusión y eso lleva tiempo. El otro pendiente es lograr que los jóvenes ante la eventual liberación del consumo de marihuana (aunque tenga sus límites marcados) la deseen menos. Dado que ellos son los más susceptibles de sucumbir a las adicciones, ¿no sería ese el mundo ideal?

    Y es que un joven que no requiere de ningún tipo de droga (incluso las que ya son legales como el tabaco y el alcohol) es un joven que tiene seguridad en su vida presente y en su futuro, es un joven que en su familia ha tenido ejemplo de valores y en el mejor de los casos algún credo bien cimentado. Es un joven que ve seguridad en su presente y en su porvenir, que no requiere evadirse de su realidad. Sin embargo, esas afirmaciones que son esenciales para el desarrollo de cualquier ser humano, no son condiciones que abunden en nuestra sociedad. El panorama para nuestros jóvenes, lo sabemos es bastante desesperanzador.

    Lejano se ve el panorama de la legalización general del consumo de la marihuana por más que se argumente que ello golpearía a los grupos del narcotráfico, dado que aún falta mucho por hacer en un país que no parece estar en condiciones de una liberación de avanzada que sería el caso. Además, no es sólo el tráfico ilegal de marihuana lo que genera violencia en el país.

    México se ha convertido en el gran productor de cocaína y en territorio guerrerense, muy cerca de Iguala, se asientan los grandes cultivos de amapola. Luego entonces, si se libera el consumo de marihuana poco o nada se resuelve por una razón muy simple: no es la única droga ilegal que provoca violencia.



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