COLUMNA: Cinema Red

    José Antonio Valdés
    José Antonio Valdés
    Investigador, guionista, crítico y docente cinematográfico
    febrero 5, 2016

    DE NARRACIONES Y ATRACCIONES: EL MONTAJE SEGÚN EISENSTEIN

    Con el nacimiento de la Unión Soviética en 1917, también nació una nueva forma de concebir, de entender, de realizar y de sentir el fenómeno cinematográfico. Con una producción estatal en su totalidad, que tenía la misión de difundir las ideas del régimen socialista a una población mayoritariamente analfabeta, uno de los muchos lastres del zarismo ruso, los nuevos directores que surgieron para hacer realidad ese cine enfrentaron posibilidades distintas. Si pensamos en la forma en la cual el cine había nacido, como un registro de la realidad meramente documental, para más tarde girar hacia una ficción cuyas reglas narrativas y genéricas provenían de la literatura decimonónica (melodramas narrados en forma lineal perfectamente decodificables para los espectadores de la época), el cine ruso producido en los años subsecuentes a la Revolución Soviética se convierte en una de las primeras vanguardias fílmicas del siglo XX, nacida poco después del estallido expresionista en Alemania.

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    Desde el Instituto de Arte Cinematográfico de Moscú surgieron los primeros experimentos en una forma distinta de montaje fílmico. De acercarse a una narrativa en la cual el espectador perdía su pasividad para enfrentarse a un cine de ideas, de conceptos que nacían de la yuxtaposición de las imágenes. Lev Kuleshov, actor y director teatral comisionado para hacerse cargo de la naciente institución, tomará como punto de partida una fotografía del actor Iván Mozzhujin a la cual se confrontará con otras imágenes (un bebé, un plato de sopa, una mujer). La imagen del rostro del intérprete, sin expresión alguna, da a entender sensaciones como la ternura, el hambre o el deseo tan solo con la yuxtaposición de las imágenes mencionadas. Se trata de un montaje llamado de atracciones, mediante el cual dos imágenes se confrontan (A+B) para crear en el pensamiento activo del espectador una nueva imagen o concepto (C) que refuerza las intenciones del cineasta. Directores como Vsevolod Pudovkin en La Madre (1926), versión fílmica del texto de Máximo Gorki, o Aléksandr Dovzhenko con La tierra (1930), poética recreación de la vida campesina en el contexto de los primeros años del estalinismo, utilizaran estas mismas teorías para enriquecer sus ideas.

    Entonces será la figura de Serguéi Eisenstein la que más predomine en el panorama de esta vanguardia soviética que se propone varias metas: provocar la toma de conciencia social e histórica del espectador; eliminar la noción del héroe individual para apostar por el heroísmo colectivo, la fuerza del pueblo que puede cambiar la historia; conseguir también una experiencia estéticamente revolucionaria para un espectador acostumbrado al realismo de la narración hollywoodense. Hombre formado en el teatro experimental, la arquitectura, la plástica, el dibujo y la literatura, Eisenstein inicia con su primer largometraje, La huelga (1924), el camino para que la estética, la narrativa y las teorías del cine soviético alcancen su cénit.

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    Crónica del levantamiento de un grupo de obreros en los años previos a la Revolución Rusa, La huelga tiene momentos de una notable poesía visual donde, de forma violenta, Eisenstein transmite su rechazo a la violencia con la cual la exigencia de justicia laboral de sus protagonistas será aplastada por la oligarquía. Imágenes de reses siendo muertas en un matadero se yuxtaponen a la de los obreros siendo reprimidos por los cosacos, consiguiendo el cineasta en el espectador un duro golpe a su conciencia y dando a entender lo brutal que está siendo dicho sacrificio. El filme consiguió un éxito internacional notable, siendo superado un año más tarde por la obra maestra del cineasta, El acorazado Potiomkin (1925).

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    Se trata de otra crónica. La de los marineros del acorazado titular quienes en altamar se rebelaron contra los oficiales que les trataban de manera inhumana, obligándolos incluso a comer carne podrida. La revuelta llega hasta el puerto de Odesa, recibiendo el apoyo de la población. Entonces ocurre una masacre que da un giro a los eventos, cuando otras fuerzas militares se rebelen y apoyen a sus compañeros del Potiomkin. Estos sucesos, ocurridos en 1905, son narrados por Eisenstein a través de 5 episodios en los cuales primero los marineros y más tarde la población civil se vuelven los protagonistas, interpretados por actores no profesionales que consiguen transmitir tanto la necesidad de lucha como el horror de la violencia oficial. Estilizadamente retratada por el fotógrafo Eduard Tissé, El acorazado Potiomkin tiene en su corazón una de las secuencias más prodigiosas de toda la historia del cine. La masacre en las escalinatas de Odesa es un prodigio de narración al conjuntar varias microhistorias, todas ellas marcadas por la tragedia, que ocurren a hombres y mujeres comunes en medio de un torbellino de violencia propinada por el sistema. Cada una empieza y termina, de forma tan impecable como feroz. También es un prodigio en la manipulación del tiempo fílmico, extendiéndolo hasta lo imposible, provocando en el corazón del espectador una tensión dramática casi insoportable. Lo logra mediante el alternar imágenes muy breves, casi imperceptibles, con otras cargadas de fuerza dramática, como la imagen de esa mujer que carga a su hijo y se enfrenta a los soldados sin nada más que su dolor para protegerla. O esa carriola que transporta a un infante hacia su trágico fin, que se resuelve con la imagen del niño yuxtapuesta a la de un cosaco blandiendo su sable.

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    Con Eisenstein, el cine trasciende su naturaleza narrativa, heredera de la literatura, y escenográfica, heredera del teatro, para encontrar su propia voz a través de un montaje que, más allá de las teorías de los vanguardistas rusos, hace al espectador partícipe del mismo fenómeno cinematográfico, impulsándolo también a la toma de conciencia social y a la necesidad de un cambio profundo por medio de las imágenes en movimiento.



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