COLUMNA: Cinema Red

    Red FM 92.1
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    Redacción
    Septiembre 23, 2015

    DULCES SUEÑOS MAMÁ

    Más terror que vísceras

    Austria ha sido cuna de verdaderos talentos artísticos. Y aunque uno vincula en primera instancia a este país con la música clásica, en el séptimo arte ha dado grandes cineastas, como Erich von Stroheim (1885-1957), Georg Wilhelm Pabst (1885-1967), Fritz Lang (1890-1976), Josef von Sternberg (1894-1969), Otto Preminger (1906-1986), Billy Wilder (1906-2002), Fred Zinnemann (1907-1997) y los aún vigentes, Michael Haneke (1942) y Ulrich Seidl (1952), por nombrar a algunos de los más sobresalientes.

    A pesar de ello, y debido en parte a la poderosa industria comercial que ha desarrollado Hollywood, la gran mayoría de la audiencia ha olvidado dicho legado o lo llegan a vincular con propuestas estrictamente artísticas. Sin embargo, una reciente película captó la atención de la crítica y del público a nivel internacional. Se trata de Dulces sueños, mamá (Ich seh, Ich seh, Austria, 2014) de Severin Fiala y Veronika Franz, un filme promocionado como una de la cinta más terroríficas de los últimos tiempos.

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    A propósito de ello, Veronika Franz en entrevista para The Creators Project, consideró  que no era su intención “hacer la película más terrorífica. Es incómodo verla. Quieres continuar viéndola pero al mismo tiempo no puedes seguir. Y eso es lo que buscábamos”. Y es interesante retomar este punto porque justo la sensación que provoca la película, además de cierto terror psicológico, es la constante angustia, una especie de repulsión y ansiedad que va en aumento gracias a la inteligencia argumental que mantiene al proyecto lleno de suspenso.

    El guión, realizado por Fiala y Franz, es uno de los elementos más consistentes del filme. Lo más impactante es la transformación que sufren los personajes conforme sucede la trama hasta perder algunas de las características que los moldean en un principio. Con un estilo muy parecido al de Ulrich Seidl, debido por supuesto a que Franz es su guionista de cajón, Dulces sueños, mamá apuesta por la contemplación de algunos paisajes boscosos pero desérticos emocionalmente. Pareciera una sugerencia de que el abandono es lo único que rodea a la casa. Y en este inmenso y bello lugar, ocurre una gran injusticia para sus pequeños protagonistas, o al menos es lo que vamos intuyendo.

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    Elias y Lukas (interpretados maravillosamente por los gemelos Elias y Lukas Schwarz) esperan ansiosos el regreso de su madre (Susanne Wuest), luego de que se sometió a una cirugía estética. Sin embargo, su llegada no es el anhelado retorno de una cariñosa mujer, sino la fría actitud de la que, sospechan, es una impostora. Los pequeños comprenderán muy pronto que sólo se tienen el uno al otro, incluso para cuidarse de quien debería protegerlos. A pesar de sus esfuerzos por recuperarla, no serán suficientes. Agobiados por la extraña actitud de la mujer que ocupa su casa, Elias y Lukas corren a lo que parece un pueblo fantasma donde nadie los escucha. Desde el inicio es como si todo alrededor de su enorme casa de descanso, se rodeara de un muro de secretos que orillan a sus habitantes a la locura.

    Fotografiada por Martin Gschlacht, quien regala al espectador grandes momentos visuales, la opera prima  de largometraje de ficción de estas cineastas austriacas, se mueve entre las sombras, dejando a la imaginación del espectador la apariencia de la madre por ejemplo, o creando una barrera de silencios y situaciones que se mueven entre la fantasía  y la realidad.

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    Sin hablar más de la película, porque el final es sorprendente, debo afirmar que como lo explican sus autoras en la entrevista citada, esta cinta es una mezcla de terror y arte. La reflexión que hace sobre la pérdida de la confianza, o la falta de comunicación en una familia y sus consecuencias, también es un elemento que hace mucho más impresionante al filme.

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    Pues la apuesta de algunos productores, directores o guionistas dedicados al cine de terror se ha encajonado únicamente en la presentación de vísceras, expulsión a propulsión de sangre, golpes, sonidos estridentes, diablos o fantasmas creados por computadora y mucho maquillaje, sin que ello llene el tiempo en pantalla con algo que valga la pena. Y es que Dulces sueños, mamá es en verdad una propuesta cinematográfica que va más allá de las vísceras.

    Por: Alma Aguilar Funes

     



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