COLUMNA: Cinema Red

    José Antonio Valdés
    José Antonio Valdés
    Investigador, guionista, crítico y docente cinematográfico
    agosto 18, 2015

    EL CINE FANTÁSTICO DE VAL LEWTON

    1941: RKO Radio Pictures, célebre no sólo por su emblema (una antena radial instalada en la punta del globo terráqueo, emitiendo ondas hertzianas al infinito), sino por ser productora de clásicos como King Kong (1933), estaba en bancarrota, paradójicamente, por acoger en su seno las dos primeras cintas de Orson Welles: Ciudadano Kane (1941) y Soberbia (1942). Si bien una de ellas es considerada la mejor cinta de la historia, no trajeron a la RKO los beneficios críticos y económicos que esperaba (Soberbia ni siquiera llegó a las pantallas como Welles la concibió). Instalada en la serie B, RKO decidió seguir los pasos del cine de horror producido por Universal Pictures, creando una unidad fílmica especializada en cine fantástico, con bajos presupuestos y cortos tiempos de rodaje. El timón fue asignado al ucraniano Val Lewton (1904-1951), quien emigrara a los Estados Unidos para residir en Nueva York con su tía, la actriz Alla Nazimova. Formado en un entorno dominado por mujeres, el joven Vladimir Ivan Leventon (su nombre real) se formó como escritor, publicando su mejor novela, No bed of her own en 1932, vía crucis de una joven desempleada en los primeros años de la Depresión.

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    Mientras tanto, en Hollywood, David O. Selznick deseaba realizar un filme sobre el mítico Taras Bulba, localizando a cuanto escritor ruso estuviese disponible. Lewton se ganó su confianza y amistad, siendo incluido como supervisor de argumentos de la MGM, colaborando con el magnate en pulir las escenas de batalla en Historia de dos ciudades (35), supervisando el montaje de Nace una estrella (37), escribiendo escenas para Lo que el viento se llevó (39) y efectuando las negociaciones para la llegada de Alfred Hitchcock a los Estados Unidos, justo a tiempo para filmar su primer filme norteamericano, Rebeca (40). El nacimiento de la “Unidad-B” de la RKO fue, para Lewton, su oportunidad dorada de iniciar una carrera propia.

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    Su cine fantástico, producido entre 1942 y 1946, es una afrenta a la “política del autor” en su concepción más clásica, pues aquí la visión del productor es predominante, unificando sus filmes (realizados por Jacques Tourneur, Robert Wise y Mark Robson (estos dos últimos, editores de Kane y futuros realizadores de, entre otras cintas, Amor sin barreras o Terremoto, respectivamente), escritos por DeWitt Bodeen o Curt Siodmak, con fotografía en lúgubres claroscuros de Nicholas Musuraca y música sinfónica de Roy Webb) temática, formal y estéticamente. Lewton resolvió las limitaciones presupuestales y económicas produciendo un cine de horror basado en la sugerencia, el miedo a lo desconocido, haciendo que el espectador “complete” con su imaginación lo que entre sombras asoma. El contexto de sus filmes es realista, sus personajes son  cotidianos, tienen empleos y pagan renta; por tanto, las secuencias más tenebrosas de su obra ocurren en oficinas, callejones y hasta albercas. Décadas antes de Psicosis, Lewton planteó un estilo de horror psicológico, donde los monstruos no eran vampiros o licántropos, sino personajes torturados por sus más íntimos demonios, cuyas vidas comunes se veían de pronto envueltas en fantásticos mundos sobrenaturales. El refinamiento visual de sus filmes, el cuidado en las historias que narraba, las buenas actuaciones de sus repartos, hacían trascender a un género tristemente marcado por el susto fácil y la miseria visual.

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    Con 134,000 dólares, Lewton arrancó su producción con La marca de la pantera, filmada en 18 días y con ganancias de 4 millones, donde su protagonista, al sentirse  sexualmente encendida, es víctima de una maldición que la transforma en felino. En Yo caminé con un Zombie, la magia negra, los muertos vivientes y el erotismo tropical hacen brotar el horror; más adelante, una nueva amenaza felina aterroriza un poblado en El hombre leopardo. La séptima víctima sirve a Lewton para introducir el tema del satanismo en su obra, mientras que un asesino anda suelto en El barco fantasma (película con problemas legales con sus guionistas, dificultando su exhibición durante más de cuatro décadas). Lewton cerró su ciclo llevando como estrella al inglés Boris Karloff en una triada, El profanador de tumbas, La isla de los muertos y Manicomio, dejando atrás al monstruo de Frankenstein para transformase en intérprete dramático, encarnando a un militar enloquecido, un ladrón de cadáveres o un sádico doctor.

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    Los constantes males cardíacos de Lewton y decepciones profesionales que lo llevaron a dejar RKO, rompiendo con sus colaboradores, aceleraron su deceso. Reconocido como influencia en maestros de lo fantástico como George A. Romero, William Friedkin o Guillermo del Toro, este ciclo es un modesto homenaje al “Edgar Allan Poe del cine de horror”, Val Lewton,  productor de obras maestras con títulos bizarros y que entendió que el terror más grande está dentro de nosotros mismos. Si soltáramos nuestras máscaras cotidianas y nuestras verdaderos rostros salieran a la luz, ¿qué clase de monstruos caminarían por las calles?

    Por: José Antonio Valdés Peña



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