COLUMNA: Al pan pan y al vino vino

    Deby Béard
    Deby Béard
    Especialista internacional en vinos
    Mayo 26, 2016

    EN LA CIMA DEL MUNDO

    Ubicado a una altura de 4000 msnm se encuentra el imponente hotel St. Regis Lhasa, un remanso en la cima del mundo para encontrarse con uno mismo y con el universo. Aunque la influencia china es notoria en la ciudad, con modernidades como el aeropuerto, edificios y carreteras, el espíritu tibetano se mantiene vivo en el mercado, y por supuesto, en los monasterios, donde la bondad de los monjes es tan grande como la cultura que se respira en la ciudad.

    La gran altitud de Lhasa y su cercanía con Los Himalayas, teniendo al monte Everest como protagonista, acercan a la ciudad a las estrellas y al sol, siendo el guardián que vigila la vida espiritual del mundo. Es aquí donde la travesía de monasterios y recintos antiguos comienza.

    Tal como un templo modero, St Regis Lhasa es el único cinco estrellas de la ciudad, y como tal está lleno de sorpresas en su decoración, en su comodidad y en la atención a los detalles. Desde la recepción, las vistas al palacio de Potala o templo de Lhasason impresionantes. El palacio es máxima expresión de la arquitectura tibetana y es conocido como La Residencia de Invierno de los Dalai Lamas, además de ser Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El misticismo y la energía que emana se conjugan con la belleza del hotel, haciendo del viaje una experiencia doble de espiritualidad y de lujo.

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    La comodidad de las enormes habitaciones del resort se compara con la del resto de las instalaciones. Amplias y silenciosas, invitan a unirse a la meditación que invade el ambiente. Caminar las largas distancias que separan a las habitaciones de los restaurantes y del spa, además de la influencia de la altitud, hace que se sienta que se está en un hotel en las nubes. Ya que se está en el Iridium spa, se puede disfrutar de la belleza y serenidad tibetana en este recinto con arquitectura tradicional, junto con los tratamientos herbales y masajes de pies.

    Como actividades adicionales para seguir recorriendo el camino hacia la tranquilidad, las clases de yoga matutinas y los rituales durante la tarde, recargan al cuerpo de energía. Una forma muy particular de acercarse al Tibet es con las clases de cocina, ofrecidas por cocineros locales que conservan las tradiciones y cultura milenarias. Sin embargo, lo más destacable del hotel y del lujo de su Iridium Spa es la impresionante alberca bañada en oro, cuyo resplandeciente brillo y temperatura constante entre 28 y 32 grados envuelven a los huéspedes en una experiencia única, que se complementa con las vistas al exterior.

    El Tíbet, a pesar de ser tierra lejana para muchos, es la cercanía con las montañas, el Sol y las estrellas; el corazón de la sabiduría universal. Es un sitio privilegiado para respirar el aire fresco de las montañas, que, al inhalar, brinda una sensación de paz lejos del mundo material.  Un viaje al prístino mundo de antaño.



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