COLUMNA: México Lindo

    Carlos Castellanos
    Carlos Castellanos
    Periodista, reportero y conductor de noticias
    octubre 14, 2015

    LA POLICÍA ¿SIEMPRE VIGILA?

    Esta semana ocurrió un hecho noticioso que me dejó absorto; una policía de investigación le disparó en el rostro a un automovilista tras un altercado que se originó con un problema de tránsito.

    Ocurrió a plena luz del día y en Insurgentes, una de las avenidas más transitadas del Distrito Federal y de todo México.

    De inmediato vinieron a mi mente varios eventos pasados en los que se evidencia la falta de capacidad (ojalá sea eso) de los miembros de las policías en este país.

    Un ejemplo de lo más común es lo que ocurre cuando, después de una marcha, se registran actos vandálicos por parte de “anarquistas” (como ellos mismos se denominan) o gente encapuchada. Cualquiera con un mínimo de sentido común se pregunta por qué no detienen en ese momento a los vándalos, cuando están causando daño.

    Peor aún, ¿por qué dejan pasar tanto tiempo, permiten que se dispersen y después arremeten contra gente que en apariencia es inocente? Y lo más criticable, ¿por qué cuando tienen a una, dos o tres personas ya sometidas, entonces los golpean (hasta con sus cascos y escudos) en una manera de darle salida a la adrenalina y la frustración previa. ¿Falta de preparación?

    Sé que los elementos de la policía no tienen atole en las venas, pero su trabajo encierra muchas responsabilidades que ellos conocen, aceptan y deben cumplir. Si se les paga o no lo que se debería es un asunto distinto y el reclamo debe ir dirigido en otra dirección. Ya lo abordaremos.

    Otro caso que recordé de lo que pareció una evidente falta de capacitación de los agentes en este país fue el de un policía federal que en abril de 2014 disparó contra el conductor de un auto Beetle que al circular por la autopista México-Toluca no hizo caso a la señal de detenerse por parte de los elementos de la policía federal; uno de los cuales le disparó y lo mató. Así nada más.

    Alguna vez un reportero motociclista me platicó que tuvo un altercado de tránsito con un policía judicial (cuando se llamaban así… hoy se les dice policías de investigación y en otros lados ministeriales, aunque en esencia siguen siendo los mismos).

    “Iba yo en la moto por la avenida de los Insurgentes, circulaba en el carril del centro y delante de mí un automovilista que iba en el de la derecha cambió de carril intempestivamente para no quedarse atorado atrás de un taxi que estaba subiendo pasaje… Me hizo un corte de circulación obligándome a frenar tan fuerte que la moto se patinó y casi me caigo. Le valió”.

    Lo que me platicó después fue lo que me hizo relacionarlo con el balazo que le dio la policía de investigación al conductor de un auto el pasado 12 de octubre.

    “Obviamente me asusté y me enojé; lo alcancé en el siguiente semáforo para reclamarle que no se fijara cuando cambiaba de carril y lo que hizo me dejó pasmado… Me enseñó su cinturón donde llevaba su emblema de la policía judicial (entonces ‘troquel’ o ‘huevo’ le decían) y después desenfundó su pistola y me apuntó: ‘Mira chamaco p… mejor llégale o te carga la… Agradece que traes esa moto y ese uniforme porque si no…’ Lo único que hice fue irme con mi susto, mi coraje y mi frustración”, concluyó mi amigo el reportero motociclista.

    Lo que ocurrió esta semana con la mujer policía de investigación disparándole en la cara al conductor de un auto con el que tuvo un intercambio de palabras por un hecho de tránsito me hizo recordar aquello.

    Anima creer que este tipo de cosas ocurren porque los policías no tienen una capacitación adecuada pero ya se está trabajando en ello (eso dicen siempre los funcionarios).

    Lo que preocupa es pensar que la falta de criterio, la prepotencia y la violencia sigan siendo un sello característico de los policías.



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