COLUMNA: La Última...

    Jesús Escobar
    Jesús Escobar
    Conductor de espacios informativos
    Septiembre 7, 2016

    LOS HIJOS DE LA CALLE

    En la década de los 90, apareció una película titulada en español ¨Los Hijos de la Calle¨, con un elenco espectacular Robert de Niro, Dustin Hoffman, Brad Pitt, Kevin Bacon, en donde nos cuentan los padecimientos de 4 chicos que tras cometer un delito caen en un reformatorio de Nueva York en el que sufren abusos sexuales, golpizas, maltrato psicológico por parte de los custodios.

    Al crecer dos de ellos, convertidos en peligrosos sicarios, se encuentran con uno de sus verdugos, al que ultiman a balazos. Los dos restantes un fiscal y un periodista, deciden ayudar a sus amigos de una forma poco legal, pero que al final descubre toda la podredumbre que rodeo sus vidas.

    La cinta pone sobre la mesa el tema de la venganza como una forma de alcanzar justicia, la ley de la calle cuando la legalidad no es justa. La revancha de las victimas que hacen su propia justicia ¿Es válido?

    Hay una frase que dice: ¨La venganza es una satisfacción personal mientras la justicia crea armonía general¨, pero en un país como este donde la impunidad es la norma, no podemos confiar en que haya una aplicación correcta de las leyes. Entonces ¿se justifica el linchamiento?

    Durante los últimos meses hemos sido testigos de varios linchamientos o intentos, por parte de la sociedad, harta de los robos, vejaciones de verdaderas bestias que no solo se limitan a quitarte tus cosas, sino que además te sobajan, incluso te quitan la vida.

    La gente ha decidido enfrentarse a sus victimarios, someterlos y sacar toda la frustración, miedo y coraje hasta que alguna autoridad interviene o el cuerpo enemigo queda inerte.

    Estos escenarios son el mejor ejemplo de una crisis de la autoridad que se expresa de esta manera hacia un Estado incapaz. En las últimas tres décadas México ha vivido un proceso de desgaste institucional que se expresa en la violencia política y social creciente.

    Los linchamientos tienen una raíz común: La imagen negativa que se tiene desde la sociedad de los integrantes de las fuerzas policiacas y militares, así como de las autoridades políticas, de los jueces y ministerios públicos, lo que propicia que las personas tomen justicia por su propia mano.

    Mientras las condiciones de injusticia prevalezcan y las autoridades encargadas de brindar seguridad pública no lo logren, es muy probable que estos casos de acción colectiva se sigan registrando con una mayor frecuencia.

    Desde la sociedad han surgido expresiones que responden a ello, como las guardias comunitarias, el vigilantismo, que se da a partir de la formación de grupos de vigilantes en colonias, barrios y pueblos, pueden ser guardias comunitarios que dan seguridad a la comunidad y que se organizan haciendo rondines nocturnos y a veces diurnos, pero éstos están organizados y cuentan muchas veces con armas. Se caracteriza porque detienen a los delincuentes, los golpean hasta causarles lesiones graves, incluso les quitan la vida.

    En el país, la CDMX, Puebla y el estado de México son las entidades que registran con mayor frecuencia este fenómeno. En la tierra de EPN hay una premisa: tu vida no vale nada. Y es que tan sólo durante el primer bimestre del 2016, hubo 352 personas asesinadas en el Estado de México, colocándose en el pináculo a nivel nacional. Si esto continúa, después empezarán contrataciones de sicarios o miembros de pandillas para eliminar a otros.

    Ecatepec y Naucalpan son dos municipios en los que la sociedad ha llegado al límite.

    En este paraje desolado todos tienen algún suceso sobre el crimen o a sus muertos que velan y lloran. En estos tiempos se prefiere no cargar lujos y tener un monto mínimo para entregar a los asaltantes, así como celulares antiguos o descompuestos. Bolsillos vacíos son igual, en la mayoría de las ocasiones, a un basculeo que desemboca en una golpiza o en una bala clavada en el cráneo. Esto puede pasar a cualquier hora del día

    Tablas del Pozo es una de las cientos de colonias azotadas por la pobreza. La localidad pertenece a uno de los siete pueblos originarios. Las casas son de techos improvisados con láminas, rocas, cartón y madera. Están amontonadas en las faldas del cerro, cuyo ojo de agua algún día proveyó a la comunidad, pero ahora sólo es un drenaje maloliente. Entre las terracerías hay decenas de manteles extendidos con artículos usados, viejos o robados. “Ahora caminamos más tranquilos”, dice un letrero del gobierno municipal despintado y graffiteado.

    Año y medio transcurrió desde el linchamiento en este sitio y sigue siendo de nadie: no pasan patrullas ni militares como tanto publicita el gobernador.

    “Ratero, si te agarramos no te vamos a remitir a las autoridades… ¡Te vamos a linchar!”, advierten algunas mantas colgantes en el Estado de México. Y aunque el fenómeno lleva décadas en América Latina, hace dos años las comunidades de los municipios de la zona conurbada decidieron hacerle frente a los criminales. Este método de supervivencia es la ley talión la que les ha parecido más efectiva que la del Estado.



    Imprimir este artículo Imprimir este artículo

    Te puede interesar: