COLUMNA: México Lindo

    Carlos Castellanos
    Carlos Castellanos
    Periodista, reportero y conductor de noticias
    septiembre 23, 2015

    NO CHOQUÉ, ME CHOCARON (PARTE 2)

    Aunque suene trillado el cinturón de seguridad te puede salvar la vida. Un accidente automovilístico ocurre en segundos y nunca te da tiempo de nada; a lo sumo tu organismo reacciona con una inyección de adrenalina que recorre todo tu cuerpo y la rigidez se apodera de tu cuerpo como un mecanismo de defensa. Todo ello sucede contra tu voluntad.

    También está ajeno a tu consentimiento que la policía busque la manera de beneficiarse, a toda costa, de la desgracia de quien se ve inmiscuido en un choque. Pero así ocurre.

    Hace tiempo circulaba por la que considero una de las avenidas más peligrosas de la metrópoli: la Vía José López Portillo en el Estado de México. Siempre que la ocasión se presenta digo que si hay algo que me causa mucho temor en esta vida es circular por allí.

    Mi animadversión no solo deviene por lo peligroso que es luchar en esa avenida con otros automovilistas, vehículos de transporte público, camiones, tráileres y ahora también con el mexibús; el resentimiento lo causa también el cruzarme con la policía estatal o con los municipales de Ecatepec, Coacalco, Tutlitlán y Cuautitlán Izcalli…

    A manera de broma suelo decir que en la Vía José López Portillo las camionetas vuelan. La afirmación anterior es cierta y no; no se trata de que todas las camionetas vuelen, mucho menos es una regla, pero cuando te pasa una vez que un conductor imprudente por exceso de velocidad pierda el control, salta la banqueta que divide ambos sentidos de circulación y totalmente fuera de control lo ves por los aires desde el sentido contrario para estrellarse directamente contra ti, ya es difícil evitar el prejuicio.

    Lo anterior sucedió un lunes cualquiera a eso de las doce de la noche. Tras el accidente, más demoré en reponerme del aturdimiento por el impacto que lo que tardaron en llegar varias patrullas; cuando recupere el control de mí y tras llamar a mi casa y comunicarme con la aseguradora, observé que la camioneta voladora y mi auto ya estaban “enganchados” por sendas grúas.

    ¿Se acuerda usted que en mi entrega anterior prometí explicarle porque es tanta la insistencia de los policías en el Estado de México por subir un auto a una grúa? Aquí la explicación:

    En menos de una hora el conductor de la camioneta y yo estábamos afuera de una agencia del ministerio público; supuse que era lo adecuado debido no solo a las infracciones que cometió el otro involucrado sino por que dañó propiedad pública (la banqueta, los arbolitos, el pavimento… ¿qué sé yo?)

    Ambos conductores teníamos asegurados nuestros respectivos vehículos y cuando llegaron los ajustadores se convino que tendrían que pagarme los daños ocasionados a mi auto. No tuvimos necesidad de acudir con el juez cívico, y por lo visto tampoco importó el “daño a las vías de comunicación” pues el otro conductor tampoco fue presentado ante el ministerio público.

    Sin embargo, ambos nos vimos en la imperiosa necesidad de pagar una buena cantidad de dinero para podernos llevar nuestros vehículos… Así es, el servicio de grúa no iba a ser gratis; y aunque ninguno de los dos los solicitó, ni lo requería porque tanto su camioneta como mi auto, milagrosamente, aún funcionaban; sin embargo los policías que llegaron desde un principio aprovecharon el momento de confusión y aturdimiento para brindarnos su “ayuda”.

    Cabe mencionar que, ya con la cabeza un poco más fría, desde que llegamos a la agencia yo insistí para que bajaran mi auto de la grúa pues ya solo esperábamos a los representantes de nuestras compañías aseguradoras pero el conductor de la grúa se negó a soltar mi auto y el policía con un tono burlón me dijo en pocas palabras que ya me había amolado.

    Al final tuve que pagarle cerca de cinco mil pesos al “grullero”, así le decía uno de los policías que “me brindó su apoyo” a lo largo de este trance… ¿o debería decir “a lo largo de esta transa”?

    Regresa a la primera parte:



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