COLUMNA: México Lindo

    Carlos Castellanos
    Carlos Castellanos
    Periodista, reportero y conductor de noticias
    Febrero 25, 2016

    ¡QUÉJESE! PERO TAMBIÉN MUÉVASE

    Quejas, quejas y más quejas… es una constante en estos tiempos y vienen de todos lados. Todos nos quejamos por una o por otra cosa.

    Políticos roban y se quejan de ser señalados como corruptos, impunes, rateros… sus discursos son conmovedores; empresarios exigen mayor productividad y mantienen sueldos miserables desde hace años; las exigencias de justicia no pasan de moda, siempre hay nuevas causas para indignarse y aunque ninguna se resuelve las nuevas causas desplazan a las anteriores… el vandalismo sigue siendo una herramienta útil, igual que la represión.

    Los becarios siguen siendo carne de cañón para no pagarles un salario digno; el outsourcing es una forma legal de evadir impuestos, los incentivos fiscales son una forma de reconocimiento a la explotación dentro de la ley.

    Los reconocimientos, las medallas, las preseas, los monumentos se entregan sin importar la calidad moral de los galardonados. En cualquier parte, la depredación es el precio a pagar para tener un espacio turístico.

    Un hombre rico tiene antojo de una torta ahogada y manda a sus empleados en helicóptero por ella, gasta más en ese antojo que en el sueldo mensual de quienes cumplen su encargo.

    En la tele, la radio y la prensa escrita se vocifera, se manotea, se señala con el dedo hacia el viento y se dan soluciones y esperanza.

    Apenas entrevisté al Doctor Alfonso Hernández Maya, coordinador general de política del usuario del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFETEL) y es aquí cuando aterrizo tanta palabrería previa.

    De acuerdo con una encuesta realizada por el IFETEL, en lo que se refiere al uso de teléfonos móviles, sólo el 11 por ciento de los usuarios presentó algún tipo de queja o inconformidad, aunque el 32 por ciento aseguró que tuvo algún tipo de problema con los servicios prestados y solo el 8 por ciento se cambió de compañía.

    Es decir que nos quejamos mucho, pero hacemos poco o nada para solucionar lo que nos afecta, lo que nos molesta, lo que nos parece un abuso. ¿Será nuestra indolencia lo que genera que los cambios anhelados se retrasen o nunca lleguen?

    ¿De qué sirve quejarse con el vecino, con los amigos o la familia? Vienen a mi mente las escenas clásicas de un programa de televisión muy viejo en el que un personaje moja a otro, pero éste no se mueve y se contenta con decir que lo están bañando en lugar de quitarse rápidamente.

    ¿Estamos así todos los mexicanos? ¿De verdad la única salida a la inconformidad es la queja estéril? Tal vez se piense que sí, sobre todo cuando hemos constatado que inconformarse por los cauces legales no ha servido de mucho en la mayoría de los casos.



    Imprimir este artículo Imprimir este artículo

    Te puede interesar: