COLUMNA: México Lindo

    Carlos Castellanos
    Carlos Castellanos
    Periodista, reportero y conductor de noticias
    Febrero 18, 2016

    RESACA PAPAL

    Esta fue una semana monotemática para mucha gente, obligada por las agendas de los medios de comunicación que se volcaron de manera impúdica a la cobertura de un evento que generó una gran expectativa, pero cuyos resultados serán prácticamente nulos o por lo menos, de escasos efectos prácticos en beneficio de la multitud que aclamó al visitante de lujo.

    Desde el principio, el líder de la iglesia que congrega mil doscientos millones de católicos en el mundo fue recibido por una audiencia “VIP” (“Very Important People”-gente muy importante), la minoría política, empresarial, cultural y social… el sector pudiente de este país. El México al que tuvo acceso el Papa Francisco es ése que discrimina, desprecia y vive de la explotación de los demás.

    Si bien los mensajes del líder de los católicos pretendían mover conciencias, provocar preguntas y romper complicidades, los principales destinatarios jamás se dieron por aludidos.

    Tampoco ayudaron las generalidades papales que difuminaron la contundencia de los mensajes. En el balance pesan mucho más los actos coreográficos que los momentos espontáneos y las salidas de protocolo.

    ¿Cómo esperar cambios profundos si a la clase política poco o nada le importa lo que no signifique su bienestar? Los mensajes del papa se convierten literalmente en un llamado a misa al que la mayoría no acudirá.

    La constante de parte de las autoridades en los eventos del papa fueron arreglos cosméticos, lo acostumbrado en sus eventos oficiales.

    La resaca tras la visita del papa será una abstinencia de acción y una cruda moral mayoritaria porque todo seguirá igual para explotados (los más) y explotadores (los menos).

    ¿Para qué sirven entonces la visita, los gastos y los mensajes del Papa Francisco? Y es aquí cuando regresamos a las disertaciones académicas, a las aulas escolares, en donde la conclusión era siempre la misma: los discursos políticos, televisivos y religiosos solo sirven para mantener el “status quo”.

    @Carstellanos



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