COLUMNA: México Lindo

    Carlos Castellanos
    Carlos Castellanos
    Periodista, reportero y conductor de noticias
    Enero 28, 2016

    YO ESTOY EVITANDO LA DEVALUACIÓN DEL PESO

    La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) informó que durante 2015 recibió más de 30 mil quejas en contra de los despachos de cobranza que utilizan los bancos en México.

    Eran las 7 de la mañana de un día cualquiera de principios del año pasado, la noche anterior salí de trabajar a las doce de la noche y el teléfono no dejaba de sonar. No era la primera vez que llamaban para preguntar por alguien que no vive aquí y que no sé quién es.

    Esa persona debe dinero y se le hizo una buena puntada dar mi número como propio para que molestaran día y noche buscándole, aunque aquí nadie le conoce.

    El diálogo siempre era el mismo, desde el otro lado de la bocina me decían que ya no volverían a molestar, pero a los dos o tres días llamaban de nuevo. Tuve que cambiar mi número dos veces en menos de un mes. Fin de este episodio.

    En el documento que dio a conocer la Condusef apuntan que las principales causas de reclamación fueron: “Gestión de Cobranza sin ser el usuario, cliente y/o socio deudor” con 25.33%; “No se dirigió de manera educada y respetuosa” con 11.23% y “Gestión de Cobranza con maltrato y ofensas” con 10.69%.

    Mi caso es el de muchos de los asalariados en este país, nuestro sueldo nos lo depositan en un banco y nos obligan a tener una tarjeta de nómina para que por este medio recibamos nuestra quincena.

    Tengo la fortuna de que mi pago siempre es puntual en mi cuenta los días 15 y 30 de cada mes. Un día 16 de cualquier momento del año pasado fui a comprar la despensa, cuando entregué mi tarjeta para que me cobraran me dijeron que no pasaba.

    Cuando llamé por teléfono a mi empresa me dijeron que ellos habían hecho el depósito como cada quince días. Tuve que ir al banco y también rechazaron mi tarjeta en el cajero automático.

    En la ventanilla, con toda la displicencia del mundo me dijeron que efectivamente mi tarjeta no funcionaba porque estaba desactivada.

    “Es que esta tarjeta es de cinta magnética y no tiene chip, y como estamos renovando todos los plásticos éste ya fue dado de baja, por eso no lo puede usar”.

    Es decir, en el banco decidieron que la manera más eficiente de lograr que yo cambiara mi tarjeta era dejarme sin ella, sin previo aviso, así “nomás por sus pantalones” y sin que yo me enterara.

    Según ellos me enviaron por correo mi nueva tarjeta con chip y hasta firmé cuando la recibí en mi domicilio. Tuve que hacer allí mismo otro trámite para cancelar ese plástico que nunca recogí y que “sólo dios sabe” dónde o a quién se lo entregaron.

    Cuando les dije que entonces me dieran la nueva tarjeta me dijeron que ese trámite se tenía que hacer en donde estaba el origen de mi cuenta; es decir, en la sucursal donde mi empresa la tramitó, al otro lado de la ciudad.

    Si no tuviera nada qué hacer, dispondría de todo el tiempo del mundo para hacer trámites bancarios y remediar las arbitrariedades de la institución en la que estoy obligado a cobrar, pero como no es así, pude disponer de mi dinero quince días después. Pero ellos no me pagaron intereses, evidentemente. Hasta aquí el episodio 2.

    Según la misma Condusef entre las instituciones financieras con mayor número de anomalías a nivel nacional se encuentran Banamex con 5 mil 290 denuncias, Banco Santander con 4 mil 533 casos, en BBVA Bancomer hubo 4 mil 290, en Banorte fueron 2 mil 929 y Banco Azteca registró mil 501 inconformidades…

    Por cierto, ¿se ha dado cuenta que las autoridades nunca hablan de sanciones para las instituciones bancarias y sus innegables y constantes abusos?

    Mi banco está entre ésos, los más denunciados. ¿De qué sirve saberlo? No lo sé, tal vez para sentir que no soy el único. Mal de muchos…

    Episodio final: También en 2015 tramité un crédito de nómina para pagar varias deudas; ya sé, abrí un hoyo enorme para tapar varios hoyitos, pero en ese momento me pareció lo más adecuado.

    Nunca le quedé a deber al banco pues antes de que yo me enterara que me habían depositado ellos ya me habían cobrado: 80 por ciento de intereses, 10 para conceptos que no entendía y el 10 restante a capital. Decidí vender mi auto y así, a finales de noviembre, conseguí liquidar aquel préstamo del cual me descontaban unos mil quinientos pesos quincenales y que hubieran terminado de pagar mis nietos.

    Pues resulta que a pesar de que pagué todo lo que debía, en el banco me siguieron descontando y hoy son ellos los que me deben.

    Llevo casi dos meses haciendo filas infames para que en “Atención a Clientes” me pongan a redactar cartas solicitando que me reintegren el “saldo a favor” que tengo; dicen que ahora sí a finales de este mes me reintegrarán esos pesos.

    Supongo que en estos momentos mis mil quinientos pesos les son de mucha utilidad y tal vez los ocupen para comprar una parte de esos 200 o 400 millones de dólares que el Banco de México subasta todos los días a precio preferencial para que los banqueros los adquieran y ellos sí los vendan a precio de mercado.

    Así que yo también estoy ayudando a que el precio del dólar se mantenga “estable”, como dicen en el gobierno. Total, yo puedo esperar hasta que se les antoje a los del banco devolverme mi dinero. Todo sea por la economía de este país.

    Quisiera tener los números de teléfono de los dueños, accionistas, directivos, gerentes, ejecutivos y hasta cajeros… para marcarles todos los días a las 10 de la noche (o más tarde), a las 7 de la mañana (o antes) y preguntarles: ¿Ahora sí me van a pagar?

    @Carstellanos



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