El Papa Francisco aprovechó nuevamente los saludos navideños para llamar la atención  a sus colegas del Vaticano, al denunciar el “cáncer” de las camarillas y la “corrupción” de los burócratas por la ambición y la vanidad.
“Reformar Roma es como limpiar las esfinges egipcias con un cepillo dental”, dijo Francisco este jueves a los cardenales, obispos y sacerdotes que colaboran con él. “Se necesita paciencia, dedicación y delicadeza”, afirmo. 
El sumo pontífice reconoció que abundan las personas competentes, leales e incluso piadosas entre los trabajadores en la Santa Sede. Pero sostuvo que otros, escogidos para ayudarle a reformar la burocracia ineficiente y anticuada del Vaticano, que no estuvieron a la altura de la tarea.
Durante su discurso dedicó largos pasajes a asuntos internos, con alusiones a partidas misteriosas y controvertidas de funcionarios vaticanos en 2017 que suscitaron dudas acerca de su capacidad como reformador.
Algunas de las cabezas que rodaron este año fueron las del primer auditor general del Vaticano, el respetado número dos de la banca vaticana y el intransigente guardián de la ortodoxia.
Redacción Formato 21
Imagen: AP

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