COLUMNA: Al pan pan y al vino vino

    Deby Béard
    Deby Béard
    Especialista internacional en vinos
    Junio 22, 2016

    COPAS RIEDEL

    El mundo del vino me apasiona. Sus productos, sus procesos, sus sabores y las sensaciones que provoca, como una irresistible tentación que encanta y seduce. Durante los cientos de catas que he dirigido, siempre recalco la importancia de beber el vino en las copas adecuadas.

    Las copas Riedel, si bien son hermosas por su diseño y su delicadeza, son una herramienta imprescindible para la correcta apreciación de las cualidades del vino, resultado del proceso, así como de las características de las uvas con las que se elaboran. Beber vino en un vaso o en una copa incorrecta, altera la percepción del mismo, arruinando hasta al mejor vino. Es que tomar vino no es dejar que sus embriagadores efectos corran por el cuerpo, en realidad, es un acto de compartir una bebida que a lo largo de la historia ha adquirido tintes de divinidad, es afianzar amistades o entablar nuevas. Es, en fin, una oportunidad de conocerse.

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    La magia de Riedel va más allá de su transparente elegancia y de sus diseños delicados, lisos, que permiten admirar los tonos rojos, violáceos, dorados o verdes del vino. Su particularidad radica en que sus formas, diseñadas específicamente para cada tipo de uva, dirigen el vino a la correcta zona de sabor de la lengua, estimulando los receptores gustativos.

    Ya que beber vino es un acto tanto de descubrimiento como de socialización, hay que saber ciertas etiquetas que harán la convivencia agradable. Las copas Riedel en sus varias líneas especializadas como Veritas, Vinum y Wine, entre otras, deben tomarse idealmente por la base o por el tallo, pero nunca por el globo o la tulipa, ya que al hacerlo los dedos dejarán marcas de sus huellas digitales junto con su grasa natural, arruinando la estética de la copa.

    Las copas nunca se llenan hasta el borde, ya sea por cuestiones estéticas porque las despoja de su elegancia y parecen vasos de refresco, o ya sea por cuestiones de aroma. El espacio que queda vacío tiene una función, que es la de atrapar los aromas que se desprenden del vino, y permitir que la nariz los disfrute cada vez que se lleva la copa a los labios. Saber honrar con conocimientos y buenos modales al vino convierten al beber en un verdadero arte.



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